El economista Enrique Szewach advirtió que en la Argentina las turbulencias son siempre fiscalesdado que nacen "porque alguien se resiste a pagar el gasto público argentino".
Con respecto al tipo de cambio, declaró que "apostar a un instrumento como solución de un problema integral es un error".
Dejó sentado su punto de vista sobre el conflicto con el campo, Banco Central y la inflación.
-¿Cómo vislumbra que terminará el conflicto entre el Gobierno y el campo?¿Ve un próximo final?-
-Terminar va a terminar. Es difícil imaginar que vaya a finalizar en las condiciones óptimas porque lo que ha marcado el Gobierno es que hay ciertas condiciones que no va a aceptar. Va a terminar con un arreglo que no convenza demasiado al campo y que no parezca una derrota del Gobierno. Veremos si es suficiente para retomar la normalidad en el sector.
-¿Cuáles serían las condiciones óptimas?
-Básicamente volver a la situación del 10 de marzo y plantear un sistema de retenciones que no interfiera en el funcionamiento de la economía agraria. Acá hay dos cosas:
- un nivel de retenciones exorbitante, respecto del aumento de costos que ha tenido el sector, y
- una forma de diseñarlos con esquema móvil y precio máximo; que afecta muchos los mercados de futuro.
A lo mejor se puede llegar a un nivel relativamente más bajo con un diseño que interfiera lo menos posible al negocio del campo.
Las retenciones son un impuesto a los ingresos, no a las ganancias, y tiene que ver con los costos. Cualquier impuesto sobre los ingresos brutos genera un problema.
-Terminado el conflicto agropecuario. ¿Cuáles son las principales medidas que el Gobierno debería tomar en materia económica?-¿Cuáles eran los problemas el 10 de marzo?
Hay que hacer rápidamente
- un programa antiinflacionario,
- desarmar toda esta maraña de subsidios para que la inversión pueda empezar a responder a precios,
- alentar la oferta para permitir correr la capacidad instalada de la Argentina para mejorar la producción y la productividad.
- Hay que hacer las cosas que se fueron postergando todo este tiempo.
-En una columna usted proponía combatir integralmente la inflación. ¿En qué consiste?
-El Gobierno, por ejemplo, dice hacer uso de las retenciones para que los precios de los alimentos no suban. Sin embargo, si simultáneamente
- el gasto se expande al 40% anual o 50% anual,
- la demanda es más fuerte que la oferta y se desalienta la oferta de largo plazo.
Lo que hoy es una solución, mañana es un problema. El Gobierno no reconoce que hay inflación, es más según el INDEC está bajando en la Argentina; con lo cual, para qué iría a anunciar un plan antiinflacionario. Un programa antiinflacionario tiene mucho que ver con las expectativas de los que forman precios. Si no hay un ataque frontal a las expectativas es difícil hacer un plan de ese tipo y cualquier cosa que se haga termina siendo muy recesivo porque, como la gente no responde al plan, termina trayendo más problemas que soluciones. Para que respondan, primero hay que decirle que hay un plan con tales objetivos e instrumentos. Por ahora, eso no está pasando y parece que no va a pasar, teniendo en cuenta que el Gobierno insiste en que no hay inflación y que la única que hay fue provocada por el campo y por un fenómeno internacional muy importante.
La inflación de alimentos la tiene Brasil, Uruguay y todos los países. Sin embargo, cuando a la tasa de alimentos de esos países se le suma el resto es mucho más baja porque están trabajando con políticas antiinflacionarias. Acá en cambio, estamos alentando la demanda en casi todos los rubros.
-¿En qué puede desembocar esto?
-En la medida que la inflación le empieza a ganar a los salarios, la economía se desacelera, el consumo cae y por estas razones la inflación también deja de crecer. La actividad económica se frena pero en algún momento hay que ponerla en marcha de nuevo y hacerlo sin aplicar un programa es reacelerar la inflación. Hay un viejo proverbio chino que dice: "No hay nada que el no hacer no haga". En algún momento se termina haciendo.
-¿Dónde entra el tema de los subsidios en el objetivo de bajar la inflación?
-Eso es una paradoja. La Argentina va a necesitar pasar por un período de blanqueo de precios antes de bajarlos. Si se anuncia en un marco de plan integral con políticas fiscales y monetarias más cuidadas, es una cosa. Ahora si se dice una cosa y las bases se van marcando parcialmente, hay un problema. Es absolutamente ineficiente. Una cosa es cuando se anuncia un programa integral pensando y armado con los instrumentos y otra es cuando se van lanzando cosas en función de la respuesta del otro.
-¿Cuánto influyó el rol del Banco Central en la inflación importada?
-El hecho de usar la estrategia de no dejar apreciar el tipo de cambio para comprar reservas te ayuda a frenar cualquier tipo de problema financiero, pero convalida la tasa de inflación importada. Fijate que Brasil, Uruguay y Chile apreciaron sus monedas y lograron tener una inflación más baja. Si el Central hubiera, en su momento, revaluado la moneda; el país habría tenido un crecimiento más bajo por la menor liquidez aunque la suba de precios también hubiera sido más baja.
Política cambiaria
En la entrevista, Szewach, que también se desempeña como consultor del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se refirió a la actuación del Banco Central y a la pérdida de competitividad del sector industrial.
-¿Qué quiso demostrar el Gobierno con la apreciación cambiaria que se dio en este último tiempo?
-El Banco Central estaba ante una emergencia muy grande porque empezaban a caer los depósitos y a subir el tipo de cambio. Decidió mostrar que tiene toda la capacidad de fuego para frenar una corrida. Me parece que hay un problema porque el mensaje lo entiende muy bien el inversor institucional, pero no lo entiende tanto un pequeño ahorrista, donde justamente estaba la corrida.
-¿Cómo afecta esta apreciación a la industria?
-Con el dólar apreciado los problemas de competitividad que ya teníamos, por la inflación al 25% anual, se han agravado. Está claro que el Central actuó en una emergencia. Ésta no puede ser la política de la entidad ahora. No porque no sea razonable, sino porque la tasa de inflación ya le hizo perder mucha competitividad al sector industrial.
-¿Está a favor del tipo de cambio alto?
-Apostar a instrumentos, como solución a un problema integral, es siempre un error. La Argentina tiene un problema estructural de fondo,
- de la productividad,
- de la inversión,
- de la forma en que crece y
- de su manejo fiscal.
Por algo tenemos una crisis fiscal cada tanto. Surgen porque alguien se resiste a seguir pagando el gasto público argentino. Estamos teniendo un sector público que es altamente improductivo y poco competitivo financiado por un sector privado que es más o menos competitivo y que encima tiene la pesada carga del sector público. Esto no lo arregla el tipo de cambio, lo arregló un rato la devaluación del 2002 y la anterior a la de la convertibilidad. Si se apuesta todo a que te lo va a arreglar el termómetro, la fiebre no baja.
-Cada país latinoamericano sigue su propia estrategia para frenar la inflación de alimentos. ¿Cuál es la mejor a su entender?
-En el caso del sector agropecuario, donde las señales de hoy te implican la inversión de mañana, la mejor estrategia es aquella que no solamente es buena para corto plazo sino que también es buena para el largo. Lo que hicieron los otros países fue preguntarse:
¿Cuál es la mejor manera de combatir la inflación de alimentos sin que afecte la oferta?
En el sector agropecuario es donde más funciona esta idea porque si aumenta mucho la oferta, los precios terminan bajando.
A esta altura, hay un problema serio porque la receta quizás hubiera sido la apreciación cambiaria como hicieron Uruguay y Chile con tasas de inflación muy bajas.
Ahora si se juega a la apreciación cambiaria con una tasa de inflación de 30% incorporada, es un problema. Lo más razonable sería liberar los precios agropecuarios y subsidiar en forma directa a los sectores de más bajos recursos.
No tiene ningún sentido subsidiar el lomo mientras la gente más pobre no tiene acceso a las condiciones básicas. Es mucho más fácil dejar el precio del lomo libre para que aumente la oferta y baje el precio del asado.
Me parece que la Argentina necesita un shock de oferta e implica liberar la señal de precios, que es la única que entienden los productores.
Mariana Shaalo - Infobaeprofesional.com - Buenos Aires - 25-Jun-2008
jueves, 26 de junio de 2008
Todo el mundo busca recetas contra la crisis
Aumentan las protestas en todo el mundo contra la galopante subida de los precios de los alimentos y los combustibles. La economía global ha entrado en un periodo de ralentización y, a consecuencia de ello, los pobres, e incluso las clases medias, ven reducirse sus ingresos. Los políticos quieren dar una respuesta a la inquietud legítima de sus votantes, pero no saben qué hacer.
En la campaña de las primarias presidenciales de Estados Unidos, tanto Hillary Clinton como John McCain tomaron el camino más fácil y respaldaron una posible suspensión del impuesto sobre la gasolina, al menos durante los meses de verano.
Sólo Barack Obama se mantuvo firme y rechazó una propuesta que no habría hecho más que incrementar la demanda -y en consecuencia, el precio- de combustible, neutralizando así el efecto de la medida fiscal.
Clinton y McCain se equivocaban, pero
¿Qué otras medidas se pueden tomar?
No nos podemos limitar a hacer oídos sordos a los ruegos de quienes más sufren la crisis. Los ingresos reales de las clases medias en Estados Unidos jamás han vuelto a alcanzar el nivel que tenían antes de la última recesión económica en este país, la de 1991.
Cuando fue elegido presidente, George Bush declaró que las rebajas fiscales para los ricos remediarían todos los males de la economía norteamericana. Esas rebajas fiscales impulsarían un crecimiento cuyos beneficios llegarían a todos; una medida económica ésta que se ha puesto de moda en Europa y otras partes del mundo, pero que en Estados Unidos fue un fracaso. Se suponía que las rebajas fiscales
- estimularían el ahorro, pero el ahorro doméstico descendió en picado. Se decía también que
- fomentarían el empleo, pero la tasa de actividad es hoy menor que en la década de 1990.
- Y si hubo algún tipo de crecimiento, éste sólo benefició a las clases más privilegiadas.
La productividad creció durante algún tiempo, pero el crecimiento no fue el resultado de las innovaciones financieras de Wall Street.
Los nuevos productos financieros no controlaban el riesgo; muy al contrario, lo aumentaban. Eran tan poco transparentes y tan complejos que ni Wall Street ni los organismos de clasificación de valores podían evaluarlos adecuadamente.
El sector financiero no logró crear productos que ayudaran a la gente de la calle a controlar los riesgos a los que se enfrentaban, entre ellos el de la compra de una vivienda. Ahora millones de estadounidenses tienen un alto índice de probabilidades de perder su casa, y con ella los ahorros de toda su vida.
La verdadera clave del éxito económico de Estados Unidos es la tecnología, simbolizada en Silicon Valley. La ironía radica en el hecho de que los científicos a quienes se deben los avances que facilitaron un crecimiento basado en la tecnología y las empresas que arriesgaron el capital para financiarlo no fueron quienes se llevaron las mayores recompensas económicas en el momento álgido de la burbuja inmobiliaria. Los juegos financieros que absorben la mayor parte de la participación en los mercados eclipsan esas inversiones reales.
El mundo tiene que pensar en nuevas fuentes de crecimiento. Si se quiere basar el crecimiento económico en los avances científicos y tecnológicos, y no en la especulación inmobiliaria o financiera, habrá que reajustar los sistemas fiscales.
¿Por qué a quienes obtienen sus ingresos apostando en los casinos de Wall Street se les grava con un tipo impositivo más bajo que a quienes ganan su dinero de otras maneras?
Las ganancias del capital deberían estar gravadas al menos con el mismo tipo impositivo que los ingresos ordinarios. (En cualquier caso, los rendimientos del capital gozan de un gran beneficio, pues no se gravan hasta que no se realiza la ganancia).
Además, se debería aplicar un impuesto sobre beneficios extraordinarios a las compañías de gas y petróleo.
Dado que la desigualdad se ha incrementado enormemente en la mayoría de los países, parece indicado que aquellos a quienes les ha ido bien económicamente paguen más impuestos, con lo que no sólo se ayudaría a aquellos a quienes han desfavorecido la globalización y el cambio tecnológico, sino que también se paliarían las tensiones provocadas por el drástico aumento de los precios de los alimentos y de la energía.
Aquellos países, como Estados Unidos, que cuentan con programas de subsidio para alimentos (ya sea en forma de cupones u otras) sin duda tendrán que incrementar las prestaciones a fin de que no se deterioren los niveles de nutrición. Y los países que todavía no los tienen tendrán que pensar en crearlos.
Dos factores desencadenaron la crisis actual:
- la guerra de Irak impulsó la escalada de los precios del petróleo, una escalada que, al aumentar la inestabilidad en Oriente Medio, terminó incluyendo a los proveedores a bajo precio;
- por otro lado, la aparición de los biocombustibles hace que los mercados agroalimentario y energético estén cada vez más imbricados.
Debemos recibir con los brazos abiertos cualquier enfoque basado en fuentes de energía renovable, pero no así aquellas políticas que distorsionan la producción y distribución de alimentos. Y en Estados Unidos los subsidios al etanol extraído del maíz han contribuido más a engrosar las arcas de los productores que a reducir el calentamiento global.
Los inmensos subsidios que Estados Unidos y la Unión Europea han venido otorgando a sus agriculturas han debilitado a las de los países en vías de desarrollo, en los que sólo una parte muy pequeña de la ayuda internacional ha ido dirigida a mejorar su productividad agrícola.
La ayuda a la agricultura ha bajado del 17% del total de la ayuda al desarrollo, el máximo alcanzado, al 3% de hoy, e incluso algunos donantes internacionales exigen que se supriman los subsidios a los fertilizantes, lo que hace aún más difícil que el agricultor sin recursos pueda llegar a competir.
Los países ricos deben reducir, si no eliminar, las políticas agrícolas y energéticas que dan lugar a este tipo de distorsiones y ayudar a los países más pobres a mejorar su capacidad de producción de alimentos.
Pero esto es sólo el principio: hemos tratado nuestros recursos más preciados -el agua y el aire- como si fueran inagotables.
Sólo modificando los patrones de consumo y de producción -con un nuevo modelo económico, en realidad- podremos hacer frente al problema prioritario de los recursos básicos.
JOSEPH E. STIGLITZ - Premio Nobel de Economía en 2001 - "El País" - Madrid - 25-Jun-2008
En la campaña de las primarias presidenciales de Estados Unidos, tanto Hillary Clinton como John McCain tomaron el camino más fácil y respaldaron una posible suspensión del impuesto sobre la gasolina, al menos durante los meses de verano.
Sólo Barack Obama se mantuvo firme y rechazó una propuesta que no habría hecho más que incrementar la demanda -y en consecuencia, el precio- de combustible, neutralizando así el efecto de la medida fiscal.
Clinton y McCain se equivocaban, pero
¿Qué otras medidas se pueden tomar?
No nos podemos limitar a hacer oídos sordos a los ruegos de quienes más sufren la crisis. Los ingresos reales de las clases medias en Estados Unidos jamás han vuelto a alcanzar el nivel que tenían antes de la última recesión económica en este país, la de 1991.
Cuando fue elegido presidente, George Bush declaró que las rebajas fiscales para los ricos remediarían todos los males de la economía norteamericana. Esas rebajas fiscales impulsarían un crecimiento cuyos beneficios llegarían a todos; una medida económica ésta que se ha puesto de moda en Europa y otras partes del mundo, pero que en Estados Unidos fue un fracaso. Se suponía que las rebajas fiscales
- estimularían el ahorro, pero el ahorro doméstico descendió en picado. Se decía también que
- fomentarían el empleo, pero la tasa de actividad es hoy menor que en la década de 1990.
- Y si hubo algún tipo de crecimiento, éste sólo benefició a las clases más privilegiadas.
La productividad creció durante algún tiempo, pero el crecimiento no fue el resultado de las innovaciones financieras de Wall Street.
Los nuevos productos financieros no controlaban el riesgo; muy al contrario, lo aumentaban. Eran tan poco transparentes y tan complejos que ni Wall Street ni los organismos de clasificación de valores podían evaluarlos adecuadamente.
El sector financiero no logró crear productos que ayudaran a la gente de la calle a controlar los riesgos a los que se enfrentaban, entre ellos el de la compra de una vivienda. Ahora millones de estadounidenses tienen un alto índice de probabilidades de perder su casa, y con ella los ahorros de toda su vida.
La verdadera clave del éxito económico de Estados Unidos es la tecnología, simbolizada en Silicon Valley. La ironía radica en el hecho de que los científicos a quienes se deben los avances que facilitaron un crecimiento basado en la tecnología y las empresas que arriesgaron el capital para financiarlo no fueron quienes se llevaron las mayores recompensas económicas en el momento álgido de la burbuja inmobiliaria. Los juegos financieros que absorben la mayor parte de la participación en los mercados eclipsan esas inversiones reales.
El mundo tiene que pensar en nuevas fuentes de crecimiento. Si se quiere basar el crecimiento económico en los avances científicos y tecnológicos, y no en la especulación inmobiliaria o financiera, habrá que reajustar los sistemas fiscales.
¿Por qué a quienes obtienen sus ingresos apostando en los casinos de Wall Street se les grava con un tipo impositivo más bajo que a quienes ganan su dinero de otras maneras?
Las ganancias del capital deberían estar gravadas al menos con el mismo tipo impositivo que los ingresos ordinarios. (En cualquier caso, los rendimientos del capital gozan de un gran beneficio, pues no se gravan hasta que no se realiza la ganancia).
Además, se debería aplicar un impuesto sobre beneficios extraordinarios a las compañías de gas y petróleo.
Dado que la desigualdad se ha incrementado enormemente en la mayoría de los países, parece indicado que aquellos a quienes les ha ido bien económicamente paguen más impuestos, con lo que no sólo se ayudaría a aquellos a quienes han desfavorecido la globalización y el cambio tecnológico, sino que también se paliarían las tensiones provocadas por el drástico aumento de los precios de los alimentos y de la energía.
Aquellos países, como Estados Unidos, que cuentan con programas de subsidio para alimentos (ya sea en forma de cupones u otras) sin duda tendrán que incrementar las prestaciones a fin de que no se deterioren los niveles de nutrición. Y los países que todavía no los tienen tendrán que pensar en crearlos.
Dos factores desencadenaron la crisis actual:
- la guerra de Irak impulsó la escalada de los precios del petróleo, una escalada que, al aumentar la inestabilidad en Oriente Medio, terminó incluyendo a los proveedores a bajo precio;
- por otro lado, la aparición de los biocombustibles hace que los mercados agroalimentario y energético estén cada vez más imbricados.
Debemos recibir con los brazos abiertos cualquier enfoque basado en fuentes de energía renovable, pero no así aquellas políticas que distorsionan la producción y distribución de alimentos. Y en Estados Unidos los subsidios al etanol extraído del maíz han contribuido más a engrosar las arcas de los productores que a reducir el calentamiento global.
Los inmensos subsidios que Estados Unidos y la Unión Europea han venido otorgando a sus agriculturas han debilitado a las de los países en vías de desarrollo, en los que sólo una parte muy pequeña de la ayuda internacional ha ido dirigida a mejorar su productividad agrícola.
La ayuda a la agricultura ha bajado del 17% del total de la ayuda al desarrollo, el máximo alcanzado, al 3% de hoy, e incluso algunos donantes internacionales exigen que se supriman los subsidios a los fertilizantes, lo que hace aún más difícil que el agricultor sin recursos pueda llegar a competir.
Los países ricos deben reducir, si no eliminar, las políticas agrícolas y energéticas que dan lugar a este tipo de distorsiones y ayudar a los países más pobres a mejorar su capacidad de producción de alimentos.
Pero esto es sólo el principio: hemos tratado nuestros recursos más preciados -el agua y el aire- como si fueran inagotables.
Sólo modificando los patrones de consumo y de producción -con un nuevo modelo económico, en realidad- podremos hacer frente al problema prioritario de los recursos básicos.
JOSEPH E. STIGLITZ - Premio Nobel de Economía en 2001 - "El País" - Madrid - 25-Jun-2008
martes, 24 de junio de 2008
Irlanda da la puntilla a la Europa política
Ha ocurrido. Después de que Francia y Holanda rechazasen el Tratado Constitucional europeo, el NO de Irlanda es el segundo golpe, y probablemente el decisivo, contra una Europa fuerte y unida.
El 12 de junio de 2008 tendrá que ser recordado como un día que hizo historia en Europa. Independientemente de los esfuerzos de rescate que se emprendan, no podrá ocultarse que la Unión Europea ha dejado de ser un actor serio en política exterior en el escenario mundial durante, al menos, 10 años (si no mucho más).
Esto sucede en un momento en el que
- los problemas de los Balcanes continúan sin resolverse,
- Estados Unidos experimenta un declive relativo,
- Rusia recupera fuerza,
- la política interior de Turquía está empeorando,
- Oriente Próximo -vecino directo de la UE- amenaza con estallar y
- el rápido ascenso de China e India como potencias emergentes va a definir la economía y la política del mundo en el futuro.
¡Pobre Europa! Con el referéndum irlandés se ha arrojado de manera ciega e innecesaria a un desastre político.
Desde luego, la UE va a seguir existiendo y sus instituciones van a seguir funcionando, para bien o para mal, sobre la base del Tratado de Niza. Pero lo que no veremos ya durante bastante tiempo es una Europa activa, fuerte, capaz de decidir su propio destino.
Cuando medios británicos respetables como Financial Times advierten contra un nuevo psicodrama europeo y piden, en cambio, que se trabaje para obtener una "Europa de los resultados", debemos considerarlo un mal chiste, no una alternativa seria.
Ni mimos ni palos nos ayudan a convertir un asno en caballo de carreras, a no ser que estemos secretamente satisfechos con el asno. Y ése es exactamente el problema esencial de Europa: varios miembros no quieren tener más que un asno.
Por el contrario, unas instituciones que ya no funcionan se pueden reformar, y eso es lo que la UE intenta hacer, sin resultados, desde hace 20 años. Desde 1989, la historia ha hecho que la ampliación de la Unión Europea sea indispensable, pero, sin una reforma institucional, la Europa de los 27 no tiene más remedio que ofrecer resultados peores y cada vez más decepcionantes a sus ciudadanos.
¿Qué consecuencias tendrá el referéndum irlandés?
1. El 12 de junio se enterró, por ahora, la posibilidad de una política exterior europea fuerte, tan necesaria dado el estado actual del mundo. Las naciones-Estado volverán a controlar la política exterior.
Lo mismo ocurre con la democratización de la UE y, por consiguiente, con una mayor proximidad a los ciudadanos y una mayor aceptación por parte de ellos. Desde esta perspectiva, la decisión irlandesa resulta especialmente grotesca, porque ha rechazado precisamente lo que exigía.
2. La UE se estancará. El proceso de ampliación se aplazará o se detendrá por completo, porque la UE ya no puede admitir a nuevos miembros sobre la base de la constitución de Niza. Los primeros en pagar el precio serán los Balcanes, y luego Turquía.
3. Los miembros pequeños y medianos de la Unión serán los que más caro pagarán el precio de la decisión irlandesa cuando vuelva a nacionalizarse la política exterior. Perderán influencia. No hay nada nuevo en ello si sólo nos detenemos en las políticas exteriores de Francia y Gran Bretaña. Pero el caso de Alemania es distinto. Alemania lleva mucho tiempo contemplando sus intereses estratégicos desde el contexto de una UE integrada. El bloqueo a largo plazo de una UE fuerte tendrá necesariamente que cambiar este punto de vista.
4. Como alternativa a una Unión Europea grande y fuerte, la relación franco-alemana volverá a primer plano. En el futuro, la estrecha cooperación entre estos dos países será, más que nunca, el centro de gravedad de la UE bloqueada. Ahora bien, con el Tratado de Niza eso desembocará en la desintegración interna de la UE y la formación de dos bandos:
- la UE de la integración y
- la UE del Mercado Común.
En definitiva, dentro de la Unión volverán a surgir en la práctica la vieja Comunidad Económica Europea y el viejo Acuerdo Europeo de Libre Comercio.
5. Dentro de la Unión Europea en general, corre peligro de disminuir la solidaridad. La solidaridad no es una vía de dirección única. Irlanda, uno de los países que más se ha beneficiado en términos materiales de la idea de la unificación europea, ha rechazado esa idea. Por tanto, las negociaciones sobre las transferencias financieras en Europa, que son el núcleo de la solidaridad europea, serán mucho más duras en el futuro que hasta ahora (que ya lo eran bastante). Los países más pobres de la UE saldrán perjudicados.
Todavía existe una mínima posibilidad de evitar el desastre si Irlanda, con su no, se queda aislada dentro de la Unión. De no ser así, deberíamos pensar seriamente si, dentro del marco del Tratado de Niza y la base del Mercado Común, todas las partes implicadas y la propia Europa no estarían mejor con una separación:
- que los miembros partidarios de la integración política sigan adelante y
- los que están satisfechos con el Mercado Común se queden atrás.
Esta fórmula funcionó en el caso de la Unión Monetaria.
¿Por qué no con la integración política? En cualquier caso, unas cláusulas amplias de exclusión son mejores que
- los bloqueos duraderos y
- la desintegración del proyecto europeo.
JOSCHKA FISCHER - ex Ministro de Exteriores y ex Vicecanciller de Alemania - "La Opinión" - Madrid- 24-Jun-2008
El 12 de junio de 2008 tendrá que ser recordado como un día que hizo historia en Europa. Independientemente de los esfuerzos de rescate que se emprendan, no podrá ocultarse que la Unión Europea ha dejado de ser un actor serio en política exterior en el escenario mundial durante, al menos, 10 años (si no mucho más).
Esto sucede en un momento en el que
- los problemas de los Balcanes continúan sin resolverse,
- Estados Unidos experimenta un declive relativo,
- Rusia recupera fuerza,
- la política interior de Turquía está empeorando,
- Oriente Próximo -vecino directo de la UE- amenaza con estallar y
- el rápido ascenso de China e India como potencias emergentes va a definir la economía y la política del mundo en el futuro.
¡Pobre Europa! Con el referéndum irlandés se ha arrojado de manera ciega e innecesaria a un desastre político.
Desde luego, la UE va a seguir existiendo y sus instituciones van a seguir funcionando, para bien o para mal, sobre la base del Tratado de Niza. Pero lo que no veremos ya durante bastante tiempo es una Europa activa, fuerte, capaz de decidir su propio destino.
Cuando medios británicos respetables como Financial Times advierten contra un nuevo psicodrama europeo y piden, en cambio, que se trabaje para obtener una "Europa de los resultados", debemos considerarlo un mal chiste, no una alternativa seria.
Ni mimos ni palos nos ayudan a convertir un asno en caballo de carreras, a no ser que estemos secretamente satisfechos con el asno. Y ése es exactamente el problema esencial de Europa: varios miembros no quieren tener más que un asno.
Por el contrario, unas instituciones que ya no funcionan se pueden reformar, y eso es lo que la UE intenta hacer, sin resultados, desde hace 20 años. Desde 1989, la historia ha hecho que la ampliación de la Unión Europea sea indispensable, pero, sin una reforma institucional, la Europa de los 27 no tiene más remedio que ofrecer resultados peores y cada vez más decepcionantes a sus ciudadanos.
¿Qué consecuencias tendrá el referéndum irlandés?
1. El 12 de junio se enterró, por ahora, la posibilidad de una política exterior europea fuerte, tan necesaria dado el estado actual del mundo. Las naciones-Estado volverán a controlar la política exterior.
Lo mismo ocurre con la democratización de la UE y, por consiguiente, con una mayor proximidad a los ciudadanos y una mayor aceptación por parte de ellos. Desde esta perspectiva, la decisión irlandesa resulta especialmente grotesca, porque ha rechazado precisamente lo que exigía.
2. La UE se estancará. El proceso de ampliación se aplazará o se detendrá por completo, porque la UE ya no puede admitir a nuevos miembros sobre la base de la constitución de Niza. Los primeros en pagar el precio serán los Balcanes, y luego Turquía.
3. Los miembros pequeños y medianos de la Unión serán los que más caro pagarán el precio de la decisión irlandesa cuando vuelva a nacionalizarse la política exterior. Perderán influencia. No hay nada nuevo en ello si sólo nos detenemos en las políticas exteriores de Francia y Gran Bretaña. Pero el caso de Alemania es distinto. Alemania lleva mucho tiempo contemplando sus intereses estratégicos desde el contexto de una UE integrada. El bloqueo a largo plazo de una UE fuerte tendrá necesariamente que cambiar este punto de vista.
4. Como alternativa a una Unión Europea grande y fuerte, la relación franco-alemana volverá a primer plano. En el futuro, la estrecha cooperación entre estos dos países será, más que nunca, el centro de gravedad de la UE bloqueada. Ahora bien, con el Tratado de Niza eso desembocará en la desintegración interna de la UE y la formación de dos bandos:
- la UE de la integración y
- la UE del Mercado Común.
En definitiva, dentro de la Unión volverán a surgir en la práctica la vieja Comunidad Económica Europea y el viejo Acuerdo Europeo de Libre Comercio.
5. Dentro de la Unión Europea en general, corre peligro de disminuir la solidaridad. La solidaridad no es una vía de dirección única. Irlanda, uno de los países que más se ha beneficiado en términos materiales de la idea de la unificación europea, ha rechazado esa idea. Por tanto, las negociaciones sobre las transferencias financieras en Europa, que son el núcleo de la solidaridad europea, serán mucho más duras en el futuro que hasta ahora (que ya lo eran bastante). Los países más pobres de la UE saldrán perjudicados.
Todavía existe una mínima posibilidad de evitar el desastre si Irlanda, con su no, se queda aislada dentro de la Unión. De no ser así, deberíamos pensar seriamente si, dentro del marco del Tratado de Niza y la base del Mercado Común, todas las partes implicadas y la propia Europa no estarían mejor con una separación:
- que los miembros partidarios de la integración política sigan adelante y
- los que están satisfechos con el Mercado Común se queden atrás.
Esta fórmula funcionó en el caso de la Unión Monetaria.
¿Por qué no con la integración política? En cualquier caso, unas cláusulas amplias de exclusión son mejores que
- los bloqueos duraderos y
- la desintegración del proyecto europeo.
JOSCHKA FISCHER - ex Ministro de Exteriores y ex Vicecanciller de Alemania - "La Opinión" - Madrid- 24-Jun-2008
lunes, 23 de junio de 2008
Estados Unidos y el futuro de Occidente
La crisis plural que se está viviendo en Occidente
- financiera,
- económica,
- político-social,
- energética,
- alimentaria,
- ambiental
es de enorme gravedad, no nos engañemos; tiene su origen en Norteamérica, como es sabido, y está instalándose con fuerza en Europa.
Nuestro mundo, que es indudablemente global, y hemos de felicitarnos porque lo sea, ha dejado de estar condicionado por una única superpotencia hegemónica -Estados Unidos- para volver a ser multilateral, y los llamados países emergentes y ciertos bloques regionales van adquiriendo mayor peso y cuentan cada vez más.
Iberoamérica -o Latinoamérica, como se quiera denominar- forma parte también, como es obvio, de Occidente y siente los reflejos de esta crisis global.
Pero está viviendo, al mismo tiempo, una revolución democrática y pacífica, en algunos de sus países más destacados, que se está propagando. Veremos hasta dónde llega. Entretanto, va liberándose de la tutela neocolonial de Estados Unidos.
Cuba, por primera vez desde la victoria de Fidel, tiene la oportunidad de ir evolucionando significativamente. Eso, contando con inteligencia y tacto por parte de Occidente.
Los dirigentes iberoamericanos,
- mestizos, como en Brasil y en Venezuela, o
- claramente indígenas, como en Bolivia
- autóctonos,
- indios o
- de procedencia europea o africana,
tienen una visión geoestratégica propia, principalmente para resolver el problema energético, y rechazan, por lo general, las recetas del capitalismo neoliberal, en fase de descrédito y agotamiento.
Por otra parte, las desigualdades sociales que aún subsisten en Iberoamérica son tremendas y, eventualmente, explosivas. Por esta razón, buscan en la Unión Europea un aliado natural, que no ha sabido -o podido- corresponderlos con el apoyo necesario que de ella esperaban y deseaban. Si acaso, ha habido un poco más de comprensión, aunque no lo suficiente, por parte de los Estados peninsulares, España y Portugal.
Y esto ¿por qué?
Porque Europa, a nivel geoestratégico, sigue estando paralizada. Incapaz de definir un rumbo cierto, con algunos de sus principales dirigentes -Sarkozy, Brown, Berlusconi- pendientes aún, en las esferas
- militar,
- político-ideológica y
- económica incluso,
de la indefinición norteamericana.
De ahí la importancia que tiene saber quién ganará las elecciones presidenciales norteamericanas, ahora prácticamente ya clarificadas entre Barack Obama (demócrata) y John McCain (republicano). Cualquiera de ellos cortará el cordón umbilical con la política de Bush, pues hay consenso en considerar que éste ha dirigido un Gobierno de políticas desastrosas para América y para el mundo.
Pero el problema consiste en saber qué clase de cambio será el escogido:
¿Cambiará o no el paradigma neoliberal y la economía de casino que de éste se deriva?
Espero que Obama lo consiga. Para bien de las tropas americanas que, con él en la Casa Blanca, saldrán de Irak y tal vez de Afganistán. Por estas razones, he sido, desde el primer momento, como mis eventuales lectores saben, un entusiasta partidario del candidato Obama, a quien por lo demás no conozco personalmente.
A Estados Unidos le hace falta un nuevo Roosevelt que sepa inventar un New Deal, con la necesaria adaptación a la luz de nuestra época y de los gravísimos y complejos problemas a los que nos estamos enfrentando. Sobre todo, en lo que atañe
- a la paz y a los nuevos equilibrios mundiales,
- al refuerzo y democratización de las Naciones Unidas y sus agencias especializadas, de tan decisiva importancia,
- a la reglamentación de una globalización que deje de ser depredadora de los más pobres (tanto naciones como personas) y
- respete las reglas éticas, sociales y ambientales así como los derechos humanos.
Todo ello pasa necesariamente por la reestructuración e integración en el sistema de las Naciones Unidas de organizaciones obsoletas y dependientes de los intereses de las grandes multinacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio.
Un afroamericano instalado en el Despacho Oval de la Casa Blanca representa, en sí mismo, una importante revolución a nivel político y cultural.
Si tiene el valor de ser fiel a los ideales de los pioneros americanos de un Lincoln, de un Roosevelt o de un Martin Luther King -que han sido sus puntos de referencia-, tanto mejor. Sería un cambio radical -y al mismo tiempo pacífico- que influiría en el mundo, en el mejor sentido, evitando que Occidente entrara en una fase de decadencia, que está al acecho. Porque el mundo cambia con
- las ideas y con la voluntad política manifestadas en los centros de decisión y
- no con recetas económicas o con la subida o bajada de los tipos de interés.
Quien tenga un mínimo conocimiento de la historia sabe que es así. Para bien y para mal. George W. Bush es un claro ejemplo de todo esto, en el peor sentido.
Es evidente que, como europeísta confeso, me gustaría que la Unión Europea pudiera anticiparse y fuera preparando el terreno para la gran transformación que se impone.
Sería una gran oportunidad, a la altura del originalísimo proyecto político de la Unión Europea. Pero no me quedan muchas esperanzas. Con raras excepciones, considero que los gobernantes europeos
- no tienen visión del futuro,
- no perciben todavía el sentido de las crisis que nos afectan,
- ni saben cómo resolverlas con políticas estructurales, de fondo.
- No se atreven a innovar.
Es una verdadera pena.
La Unión Europea
- está centrada en sus propios problemas,
- reacciona ante los estímulos, que le llegan del exterior, y,
- siempre a la defensiva,
- no oye ni comprende los gritos de revuelta, las protestas y las manifestaciones de descontento
que se alzan en las calles de todas las capitales europeas.
Desde los agricultores a los pescadores, desde los jóvenes a los inmigrantes, desde los intelectuales a los artistas, desde los universitarios a los sindicalistas, a los ambientalistas y a los que simplemente se preocupan -por todas partes y legítimamente- por el insoportable coste de la vida, a la par que por los sueldos hipermillonarios de administradores y gestores.
Cuando no se abordan las reformas que reclaman las sociedades enfurecidas, se siembran tumultos y revoluciones.
Mayo del 68, hace 40 años, fue un ejemplo que incluso terminó bien. No con la represión, pues dada la impotencia del Estado fueron obligadas negociaciones y cambios, sino con un avance en el ámbito de la apertura de las mentalidades y de las transformaciones culturales, políticas y sociales.
¡Nada siguió siendo lo que era!
En la península Ibérica los Gobiernos de España y Portugal, ambos mayoritarios y socialistas -y con la oposición de derechas debilitada y dividida-, están a contracorriente respecto a la Unión a la que pertenecen. Tienen ante ellos, de esta forma, una oportunidad única, en busca de un camino nuevo. Confiemos en que sepan aprovecharla.
MARIO SOARES - ex Presidente y ex Primer Ministro de Portugal - "La Opinión" - Madrid - 23-Jun-2008
- financiera,
- económica,
- político-social,
- energética,
- alimentaria,
- ambiental
es de enorme gravedad, no nos engañemos; tiene su origen en Norteamérica, como es sabido, y está instalándose con fuerza en Europa.
Nuestro mundo, que es indudablemente global, y hemos de felicitarnos porque lo sea, ha dejado de estar condicionado por una única superpotencia hegemónica -Estados Unidos- para volver a ser multilateral, y los llamados países emergentes y ciertos bloques regionales van adquiriendo mayor peso y cuentan cada vez más.
Iberoamérica -o Latinoamérica, como se quiera denominar- forma parte también, como es obvio, de Occidente y siente los reflejos de esta crisis global.
Pero está viviendo, al mismo tiempo, una revolución democrática y pacífica, en algunos de sus países más destacados, que se está propagando. Veremos hasta dónde llega. Entretanto, va liberándose de la tutela neocolonial de Estados Unidos.
Cuba, por primera vez desde la victoria de Fidel, tiene la oportunidad de ir evolucionando significativamente. Eso, contando con inteligencia y tacto por parte de Occidente.
Los dirigentes iberoamericanos,
- mestizos, como en Brasil y en Venezuela, o
- claramente indígenas, como en Bolivia
- autóctonos,
- indios o
- de procedencia europea o africana,
tienen una visión geoestratégica propia, principalmente para resolver el problema energético, y rechazan, por lo general, las recetas del capitalismo neoliberal, en fase de descrédito y agotamiento.
Por otra parte, las desigualdades sociales que aún subsisten en Iberoamérica son tremendas y, eventualmente, explosivas. Por esta razón, buscan en la Unión Europea un aliado natural, que no ha sabido -o podido- corresponderlos con el apoyo necesario que de ella esperaban y deseaban. Si acaso, ha habido un poco más de comprensión, aunque no lo suficiente, por parte de los Estados peninsulares, España y Portugal.
Y esto ¿por qué?
Porque Europa, a nivel geoestratégico, sigue estando paralizada. Incapaz de definir un rumbo cierto, con algunos de sus principales dirigentes -Sarkozy, Brown, Berlusconi- pendientes aún, en las esferas
- militar,
- político-ideológica y
- económica incluso,
de la indefinición norteamericana.
De ahí la importancia que tiene saber quién ganará las elecciones presidenciales norteamericanas, ahora prácticamente ya clarificadas entre Barack Obama (demócrata) y John McCain (republicano). Cualquiera de ellos cortará el cordón umbilical con la política de Bush, pues hay consenso en considerar que éste ha dirigido un Gobierno de políticas desastrosas para América y para el mundo.
Pero el problema consiste en saber qué clase de cambio será el escogido:
¿Cambiará o no el paradigma neoliberal y la economía de casino que de éste se deriva?
Espero que Obama lo consiga. Para bien de las tropas americanas que, con él en la Casa Blanca, saldrán de Irak y tal vez de Afganistán. Por estas razones, he sido, desde el primer momento, como mis eventuales lectores saben, un entusiasta partidario del candidato Obama, a quien por lo demás no conozco personalmente.
A Estados Unidos le hace falta un nuevo Roosevelt que sepa inventar un New Deal, con la necesaria adaptación a la luz de nuestra época y de los gravísimos y complejos problemas a los que nos estamos enfrentando. Sobre todo, en lo que atañe
- a la paz y a los nuevos equilibrios mundiales,
- al refuerzo y democratización de las Naciones Unidas y sus agencias especializadas, de tan decisiva importancia,
- a la reglamentación de una globalización que deje de ser depredadora de los más pobres (tanto naciones como personas) y
- respete las reglas éticas, sociales y ambientales así como los derechos humanos.
Todo ello pasa necesariamente por la reestructuración e integración en el sistema de las Naciones Unidas de organizaciones obsoletas y dependientes de los intereses de las grandes multinacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio.
Un afroamericano instalado en el Despacho Oval de la Casa Blanca representa, en sí mismo, una importante revolución a nivel político y cultural.
Si tiene el valor de ser fiel a los ideales de los pioneros americanos de un Lincoln, de un Roosevelt o de un Martin Luther King -que han sido sus puntos de referencia-, tanto mejor. Sería un cambio radical -y al mismo tiempo pacífico- que influiría en el mundo, en el mejor sentido, evitando que Occidente entrara en una fase de decadencia, que está al acecho. Porque el mundo cambia con
- las ideas y con la voluntad política manifestadas en los centros de decisión y
- no con recetas económicas o con la subida o bajada de los tipos de interés.
Quien tenga un mínimo conocimiento de la historia sabe que es así. Para bien y para mal. George W. Bush es un claro ejemplo de todo esto, en el peor sentido.
Es evidente que, como europeísta confeso, me gustaría que la Unión Europea pudiera anticiparse y fuera preparando el terreno para la gran transformación que se impone.
Sería una gran oportunidad, a la altura del originalísimo proyecto político de la Unión Europea. Pero no me quedan muchas esperanzas. Con raras excepciones, considero que los gobernantes europeos
- no tienen visión del futuro,
- no perciben todavía el sentido de las crisis que nos afectan,
- ni saben cómo resolverlas con políticas estructurales, de fondo.
- No se atreven a innovar.
Es una verdadera pena.
La Unión Europea
- está centrada en sus propios problemas,
- reacciona ante los estímulos, que le llegan del exterior, y,
- siempre a la defensiva,
- no oye ni comprende los gritos de revuelta, las protestas y las manifestaciones de descontento
que se alzan en las calles de todas las capitales europeas.
Desde los agricultores a los pescadores, desde los jóvenes a los inmigrantes, desde los intelectuales a los artistas, desde los universitarios a los sindicalistas, a los ambientalistas y a los que simplemente se preocupan -por todas partes y legítimamente- por el insoportable coste de la vida, a la par que por los sueldos hipermillonarios de administradores y gestores.
Cuando no se abordan las reformas que reclaman las sociedades enfurecidas, se siembran tumultos y revoluciones.
Mayo del 68, hace 40 años, fue un ejemplo que incluso terminó bien. No con la represión, pues dada la impotencia del Estado fueron obligadas negociaciones y cambios, sino con un avance en el ámbito de la apertura de las mentalidades y de las transformaciones culturales, políticas y sociales.
¡Nada siguió siendo lo que era!
En la península Ibérica los Gobiernos de España y Portugal, ambos mayoritarios y socialistas -y con la oposición de derechas debilitada y dividida-, están a contracorriente respecto a la Unión a la que pertenecen. Tienen ante ellos, de esta forma, una oportunidad única, en busca de un camino nuevo. Confiemos en que sepan aprovecharla.
MARIO SOARES - ex Presidente y ex Primer Ministro de Portugal - "La Opinión" - Madrid - 23-Jun-2008
Qué es lo que hace fuerte a una nación?
Que funcionen las instituciones !!!
Qué es lo que hace fuerte a una nación? Esta pregunta encierra otras dos.
- Primero, qué es una nación fuerte.
- Segundo, qué es una nación
Varias bibliotecas resultarían insuficientes para almacenar los textos que intentan dar respuesta a estas preguntas. Glosarlas en un folio parecería labor arriesgada. Y resumirlas en una palabra, imposible. Pero podemos probar con tan sólo dos sílabas: Chile. Veamos por qué.
Ante todo: Chile es una nación fuerte porque sus instituciones son fuertes. Así es Chile:
- una justicia independiente y firme;
- una Administración del Estado eficaz y respetuosa;
- un Parlamento sólido, sobre todo.
De que las leyes sean buenas (y por ello se cumplan) o malas (y entonces se cumplan menos, o nada) depende todo lo demás, desde la protección del medio natural a las normas procesales, desde la seguridad del Estado hasta el funcionamiento de la economía. Depende, en suma, de que se pueda hablar o no de un Estado de derecho. Y, por lo tanto, que se perciba un proyecto nacional atractivo. Una nación fuerte.
Pues bien: el Parlamento de Chile no es, como en otras latitudes, una síntesis de excrecencia del poder ejecutivo y de escenario donde se teatralizan debates con más ruido que nueces, sino un auténtico poder legislativo que cumple su función.
Allí las leyes no las hacen
- ni los lobbies,
- ni las organizaciones de presión,
- ni los llamados "técnicos independientes" a sueldo de partidos o gobiernos,
sino legisladores que representan a sus electorados y responden ante ellos, legisladores que en su trabajo no sólo cuentan con suficientes medios materiales y de personal, sino con capacidad real de intervenir en la labor parlamentaria. Aquello es un Parlamento de verdad.
Instituciones fuertes.
- Imperio de la ley y
- seguridad jurídica.
Lo que hace fuerte a una nación es, ante todo, que su armazón institucional sea sólido y esté bien concebido. Pero esto, ¿cómo se logra? Mencionemos aquí tres factores que en Chile han sido decisivos.
- Primero, la unidad territorial. Chile, pese a su alargada geografía, es una nación sin grandes tensiones territoriales. Allí son conscientes del viejo axioma político: si el proyecto nacional es atractivo, las fuerzas centrífugas pierden su sentido. Es decir: si punto por punto de su ordenamiento jurídico y viga por viga del armazón institucional el Estado de derecho resplandece para el orgullo de la nación, ésta no se debilita y nadie quiere separarse.
- Segundo factor: sus élites. Dime, nación, cómo son tus élites, si creen o no en ti o si sólo les interesa el dinero y te diré quién eres y cuál es tu futuro. Los grupos dirigentes chilenos han creído en su nación y han trabajado para consolidar el tercer factor del éxito:
- Las alianzas políticas. Que son dos:
- la Concertación (izquierda y democracia cristiana) y
- la Alianza (centro y derecha).
La Concertación gobierna desde el inicio de la transición en 1990, y en esos 17 años ejemplares esta gran coalición ha logrado mejor que ningún otro Gobierno de América avances tangibles en la lucha contra la pobreza. A su frente se han turnado dos figuras de la democracia cristiana (Frei y Aylwin) y dos socialistas (Lagos y Bachelet). Precisamente de Ricardo Lagos es el lema que da título a estas líneas. "Dejemos que funcionen las instituciones", solía decir ante situaciones en las que el papel presidencial era ése: recordarlo.
Ahora bien, las grandes coaliciones no pueden ser eternas, porque entonces se convierten en regímenes. Se forjan para consolidar reformas institucionales o constitucionales (véase la que ahora gobierna en Alemania) más o menos amplias. Por seguir con el símil arquitectónico: son el andamiaje que recubre la obra mientras se construye (¿o se renueva?) el edificio. Una vez logrado el objetivo, que es fortalecer la nación, los andamios deben retirarse. Eso parece que ahora sucederá en Chile. Casi 18 años después, las tensiones internas en la Concertación parecen anunciar el final de ésta.
Por otro lado, en los últimos tres años han surgido escándalos inimaginables hace 10:
- caos del transporte público en Santiago,
- protestas de los estudiantes...
A la vez, y con gran eco en la prensa chilena, publicaciones como The New York Times o The Economist parecen ahora empeñadas en demostrar que las instituciones ya no sirven.
Pero eso no es así. Chile superará esas dificultades, y en lo que se equivocan los comentarios de estos medios anglosajones no es en señalar esas tensiones, que las hay, y muy fuertes, sino en el enfoque del lugar donde se producen. Que no es en la estructura del edificio, sino en el andamiaje. Que no es en el armazón de sus instituciones, sino en la Concertación.
Todo indica que se está preparando el éxito una nueva coalición, apoyada por excelentes bases y cuadros en la sociedad chilena. Pero eso no es lo esencial.
Lo esencial es que las instituciones seguirán funcionando. Y que Chile, para orgullo de los chilenos, seguirá siendo lo que es: una nación fuerte.
LUIS FRAGA - "El País" - Madrid -23-Jun-2008
Qué es lo que hace fuerte a una nación? Esta pregunta encierra otras dos.
- Primero, qué es una nación fuerte.
- Segundo, qué es una nación
Varias bibliotecas resultarían insuficientes para almacenar los textos que intentan dar respuesta a estas preguntas. Glosarlas en un folio parecería labor arriesgada. Y resumirlas en una palabra, imposible. Pero podemos probar con tan sólo dos sílabas: Chile. Veamos por qué.
Ante todo: Chile es una nación fuerte porque sus instituciones son fuertes. Así es Chile:
- una justicia independiente y firme;
- una Administración del Estado eficaz y respetuosa;
- un Parlamento sólido, sobre todo.
De que las leyes sean buenas (y por ello se cumplan) o malas (y entonces se cumplan menos, o nada) depende todo lo demás, desde la protección del medio natural a las normas procesales, desde la seguridad del Estado hasta el funcionamiento de la economía. Depende, en suma, de que se pueda hablar o no de un Estado de derecho. Y, por lo tanto, que se perciba un proyecto nacional atractivo. Una nación fuerte.
Pues bien: el Parlamento de Chile no es, como en otras latitudes, una síntesis de excrecencia del poder ejecutivo y de escenario donde se teatralizan debates con más ruido que nueces, sino un auténtico poder legislativo que cumple su función.
Allí las leyes no las hacen
- ni los lobbies,
- ni las organizaciones de presión,
- ni los llamados "técnicos independientes" a sueldo de partidos o gobiernos,
sino legisladores que representan a sus electorados y responden ante ellos, legisladores que en su trabajo no sólo cuentan con suficientes medios materiales y de personal, sino con capacidad real de intervenir en la labor parlamentaria. Aquello es un Parlamento de verdad.
Instituciones fuertes.
- Imperio de la ley y
- seguridad jurídica.
Lo que hace fuerte a una nación es, ante todo, que su armazón institucional sea sólido y esté bien concebido. Pero esto, ¿cómo se logra? Mencionemos aquí tres factores que en Chile han sido decisivos.
- Primero, la unidad territorial. Chile, pese a su alargada geografía, es una nación sin grandes tensiones territoriales. Allí son conscientes del viejo axioma político: si el proyecto nacional es atractivo, las fuerzas centrífugas pierden su sentido. Es decir: si punto por punto de su ordenamiento jurídico y viga por viga del armazón institucional el Estado de derecho resplandece para el orgullo de la nación, ésta no se debilita y nadie quiere separarse.
- Segundo factor: sus élites. Dime, nación, cómo son tus élites, si creen o no en ti o si sólo les interesa el dinero y te diré quién eres y cuál es tu futuro. Los grupos dirigentes chilenos han creído en su nación y han trabajado para consolidar el tercer factor del éxito:
- Las alianzas políticas. Que son dos:
- la Concertación (izquierda y democracia cristiana) y
- la Alianza (centro y derecha).
La Concertación gobierna desde el inicio de la transición en 1990, y en esos 17 años ejemplares esta gran coalición ha logrado mejor que ningún otro Gobierno de América avances tangibles en la lucha contra la pobreza. A su frente se han turnado dos figuras de la democracia cristiana (Frei y Aylwin) y dos socialistas (Lagos y Bachelet). Precisamente de Ricardo Lagos es el lema que da título a estas líneas. "Dejemos que funcionen las instituciones", solía decir ante situaciones en las que el papel presidencial era ése: recordarlo.
Ahora bien, las grandes coaliciones no pueden ser eternas, porque entonces se convierten en regímenes. Se forjan para consolidar reformas institucionales o constitucionales (véase la que ahora gobierna en Alemania) más o menos amplias. Por seguir con el símil arquitectónico: son el andamiaje que recubre la obra mientras se construye (¿o se renueva?) el edificio. Una vez logrado el objetivo, que es fortalecer la nación, los andamios deben retirarse. Eso parece que ahora sucederá en Chile. Casi 18 años después, las tensiones internas en la Concertación parecen anunciar el final de ésta.
Por otro lado, en los últimos tres años han surgido escándalos inimaginables hace 10:
- caos del transporte público en Santiago,
- protestas de los estudiantes...
A la vez, y con gran eco en la prensa chilena, publicaciones como The New York Times o The Economist parecen ahora empeñadas en demostrar que las instituciones ya no sirven.
Pero eso no es así. Chile superará esas dificultades, y en lo que se equivocan los comentarios de estos medios anglosajones no es en señalar esas tensiones, que las hay, y muy fuertes, sino en el enfoque del lugar donde se producen. Que no es en la estructura del edificio, sino en el andamiaje. Que no es en el armazón de sus instituciones, sino en la Concertación.
Todo indica que se está preparando el éxito una nueva coalición, apoyada por excelentes bases y cuadros en la sociedad chilena. Pero eso no es lo esencial.
Lo esencial es que las instituciones seguirán funcionando. Y que Chile, para orgullo de los chilenos, seguirá siendo lo que es: una nación fuerte.
LUIS FRAGA - "El País" - Madrid -23-Jun-2008
La Argentina bajo la sombra de un nuevo default
La duda ya recorre el mercado financiero mundial y los precios de los bonos están en niveles de default. Qué indicios ofrece la economía sobre la posibilidad de una segunda cesación de pagos en una década.
La opinión de los operadores extranjeros
La posibilidad de un segundo default argentino recorrió la prensa especializada extranjera, días atrás. Más allá de la natural desconfiaza que la Argentina plantea a los inversores extranjeros, lo cierto es que los 11 mil millones de dólares del Boden 12 están rindiendo cerca de un 7,5% más que sus pares del tesoro americano. Rendimientos como este implican un 20% de probabilidad que la Argentina entre cesación de pagos en los próximos dos años, de acuerdo al Credit Suisse Group. Ningún otro bono de un país emergente tiene una probabilidad más alta de default.Desde la asunción de Cristina Kirchner los bonos han caído, en promedio, un 20%. Esto demuestra que los inversores han comenzado a perder confianza a pesar que los precios máximos en las materias primas está ayudando a sostener la mayor expansión económica de los últimos años. Esta desconfianza se acrecentó con la manipulación, a partir de este año, de todos los índices de la economía. A su vez la protesta agraria ha puesto un techo a la suba impositiva al sector y esto arroja una incertidumbre adicional sobre la fortaleza de aquí en adelante de los números fiscales.
La opinión de los bancos.
"Argentina tiene serios problemas", afirmó días atrás el jefe de Estrategias en Mercados Emergentes del Credit Suisse en New York, Igor Arsenin. "Hay muy poca seguridad jurídica. Los inversores están muy preocupados y no continuarán prestando dinero al país si esta situación se mantiene", agregó el ejecutivo en una sala llena de inversores del país del norte. De acuerdo al JP Morgan, la deuda argentina es la de peor performance mundial en el riesgo soberano. El precio de las coberturas contra default que expiran en 2010 se han incrementado este año de 1,88% a 4,92%. Esto quiere decir que se deben destinar 49.200 dólares para prevenir que 1 millón entren en default antes de finalizar la década. "Los fundamentos de Argentina se han deteriorado considerablemente, estamos siendo más cautelosos", afirmó por su parte Ward Brown, que maneja más de 3 mil millones de dólares en deuda emergente para Massachusetts Financial Services. En Standard & Poor's afirman que un país al que supuestamente le está yendo tan bien no debería tener las protestas sociales que tiene la Argentina. Esta empresa recortó la calificación de Argentina de B+ estable; a B+ negativo, luego de la renuncia de Martín Losteau. S&P pensaba que este joven economista de la London School of Economics iba a poder restituir la credibilidad en las instituciones, obviamente se equivocaron y por eso bajaron la nota. Este breve repaso indica que los principales actores de los mercados financieros internacionales están mirando de manera negativa al país. En general coinciden en señalar que no observan voluntad política en el gobierno para generar los cambios que necesita la Argentina para continuar con el crecimiento y no caer en una nueva crisis y un nuevo default. La pregunta que queda flotando es si la opinión de los analistas está basada en fundamentos concretos o es mera especulación.
La deuda y el gasto.
La Argentina tiene cerrados los mercados de créditos internacionales. Hay aún 20 mil millones de dólares en default desde 2001 y más de 100 mil millones de pesos en un default parcial por la manipulación del índice de inflación. Este año se pagarán más de 17.000 millones de dólares de vencimientos de deuda y para el próximo año se espera que la cifra supere cómodamente los 20 mil millones.
Si bien la financiación para el presente año ya está casi cerrada, es difícil que Economía pueda recolectar en el mercado abierto los fondos necesarios para pagar los vencimientos de 2009. Al tener los mercados cerrados y vencimientos crecientes, la única alternativa que tiene el gobierno es gastar menos y recaudar más. Es decir, aumentar el superávit primario. El nivel de gasto es muy difícil que baje ya que la crisis energética está demandando un mayor esfuerzo por parte del Tesoro, que debe importar energía con un precio del barril rondando los 130 dólares. Los salarios del sector publico y las jubilaciones también deberán crecer a tasas cercanas a la inflación real, si no quieren que el descontento de la población siga aumentando. Mientras que las promesas de obra publica deberán cumplirse al menos parcialmente para evitar que se acreciente el malestar de gobernadores e intendentes que ya están muy críticos por el conflicto con el campo. De esta manera vemos que bajar o frenar el gasto no parece una opción posible.
La recaudación
Por el lado de aumentar la recaudación vemos que la misma fue record en mayo, pero casi 2.000 millones de pesos menor a lo esperado por los economistas encuestados por el Banco Central. Si bien todavía la recaudación sigue creciendo es preocupante la composición de este incremento. El 71,1% lo explican sólo tres conceptos que están fundamentados por inflación y aumento impositivo:
- IVA,
- aportes patronales y
- retenciones. El IVA está estrechamente relacionado con el nivel de actividad y de precios, teniendo en cuenta que el aumento fue del 28% anual y se está hablando de un incremento en los precios del 25% vemos que casi la totalidad del crecimiento se explica por la inflación. Algo similar pasa con los aportes patronales, por los incrementos de los salarios debido a la inflación y el aumento en los topes para realizar los aportes. En tanto que la recaudación por retenciones creció por el alza en la alícuota y los precios máximos internacionales. Es decir, ninguno de los principales conceptos en la recaudación se explican por un incremento en la actividad económica, lo que muestra una clara desaceleración en el crecimiento del país. Esto le pone un techo a la recaudación fuera de la inflación. La crisis con el campo le puso un tope a cualquier incremento impositivo que la sociedad o un sector pueda soportar. De este modo aumentar la recaudación a tasas superiores a la inflación también parece un objetivo difícil de alcanzar. Las señales de un aterrizaje forzoso de la economía son cada vez más visibles. Las tasas comenzaron a subir bruscamente y está desapareciendo la financiación al consumo que fue uno de los motores del crecimiento en los últimos años. A su vez, la demanda del interior del país cayó a cifras alarmantes por la crisis agrícola, que ya comenzó a repercutir en otros sectores como el de transporte o el automotriz. Es muy difícil que volvamos a tener tasas chinas de crecimiento durante el 2009. Por otro lado, es verdad que el gobierno tiene casi 50 mil millones de dólares en el Banco Central, pero también es correcto decir que el pasivo del organismo en Letes y Notas supera los 30 mil millones. Por lo tanto el dinero disponible es menor a las reservas totales. También es difícil que llegado el caso se puedan utilizar para financiar al Estado, ya que esto podría generar una corrida contra el peso y los depósitos. Este escenario si bien preocupante no desemboca necesariamente en un nuevo default. Es lógico por todo lo explicado que en el exterior prevalezca una imagen negativa de la Argentina, país cuya clase gobernante históricamente prefirió esperar a que exploten las distorsiones acumuladas de la economía, antes que tomar medidas que impliquen asumir costos políticos. De allí que en el mercado se mire con gran desconfianza al país y se haya empezado a evaluar la posibilidad de un nuevo default.
Simón Rifkin - "lapoliticaonline" - 22-Jun-2008
La opinión de los operadores extranjeros
La posibilidad de un segundo default argentino recorrió la prensa especializada extranjera, días atrás. Más allá de la natural desconfiaza que la Argentina plantea a los inversores extranjeros, lo cierto es que los 11 mil millones de dólares del Boden 12 están rindiendo cerca de un 7,5% más que sus pares del tesoro americano. Rendimientos como este implican un 20% de probabilidad que la Argentina entre cesación de pagos en los próximos dos años, de acuerdo al Credit Suisse Group. Ningún otro bono de un país emergente tiene una probabilidad más alta de default.Desde la asunción de Cristina Kirchner los bonos han caído, en promedio, un 20%. Esto demuestra que los inversores han comenzado a perder confianza a pesar que los precios máximos en las materias primas está ayudando a sostener la mayor expansión económica de los últimos años. Esta desconfianza se acrecentó con la manipulación, a partir de este año, de todos los índices de la economía. A su vez la protesta agraria ha puesto un techo a la suba impositiva al sector y esto arroja una incertidumbre adicional sobre la fortaleza de aquí en adelante de los números fiscales.
La opinión de los bancos.
"Argentina tiene serios problemas", afirmó días atrás el jefe de Estrategias en Mercados Emergentes del Credit Suisse en New York, Igor Arsenin. "Hay muy poca seguridad jurídica. Los inversores están muy preocupados y no continuarán prestando dinero al país si esta situación se mantiene", agregó el ejecutivo en una sala llena de inversores del país del norte. De acuerdo al JP Morgan, la deuda argentina es la de peor performance mundial en el riesgo soberano. El precio de las coberturas contra default que expiran en 2010 se han incrementado este año de 1,88% a 4,92%. Esto quiere decir que se deben destinar 49.200 dólares para prevenir que 1 millón entren en default antes de finalizar la década. "Los fundamentos de Argentina se han deteriorado considerablemente, estamos siendo más cautelosos", afirmó por su parte Ward Brown, que maneja más de 3 mil millones de dólares en deuda emergente para Massachusetts Financial Services. En Standard & Poor's afirman que un país al que supuestamente le está yendo tan bien no debería tener las protestas sociales que tiene la Argentina. Esta empresa recortó la calificación de Argentina de B+ estable; a B+ negativo, luego de la renuncia de Martín Losteau. S&P pensaba que este joven economista de la London School of Economics iba a poder restituir la credibilidad en las instituciones, obviamente se equivocaron y por eso bajaron la nota. Este breve repaso indica que los principales actores de los mercados financieros internacionales están mirando de manera negativa al país. En general coinciden en señalar que no observan voluntad política en el gobierno para generar los cambios que necesita la Argentina para continuar con el crecimiento y no caer en una nueva crisis y un nuevo default. La pregunta que queda flotando es si la opinión de los analistas está basada en fundamentos concretos o es mera especulación.
La deuda y el gasto.
La Argentina tiene cerrados los mercados de créditos internacionales. Hay aún 20 mil millones de dólares en default desde 2001 y más de 100 mil millones de pesos en un default parcial por la manipulación del índice de inflación. Este año se pagarán más de 17.000 millones de dólares de vencimientos de deuda y para el próximo año se espera que la cifra supere cómodamente los 20 mil millones.
Si bien la financiación para el presente año ya está casi cerrada, es difícil que Economía pueda recolectar en el mercado abierto los fondos necesarios para pagar los vencimientos de 2009. Al tener los mercados cerrados y vencimientos crecientes, la única alternativa que tiene el gobierno es gastar menos y recaudar más. Es decir, aumentar el superávit primario. El nivel de gasto es muy difícil que baje ya que la crisis energética está demandando un mayor esfuerzo por parte del Tesoro, que debe importar energía con un precio del barril rondando los 130 dólares. Los salarios del sector publico y las jubilaciones también deberán crecer a tasas cercanas a la inflación real, si no quieren que el descontento de la población siga aumentando. Mientras que las promesas de obra publica deberán cumplirse al menos parcialmente para evitar que se acreciente el malestar de gobernadores e intendentes que ya están muy críticos por el conflicto con el campo. De esta manera vemos que bajar o frenar el gasto no parece una opción posible.
La recaudación
Por el lado de aumentar la recaudación vemos que la misma fue record en mayo, pero casi 2.000 millones de pesos menor a lo esperado por los economistas encuestados por el Banco Central. Si bien todavía la recaudación sigue creciendo es preocupante la composición de este incremento. El 71,1% lo explican sólo tres conceptos que están fundamentados por inflación y aumento impositivo:
- IVA,
- aportes patronales y
- retenciones. El IVA está estrechamente relacionado con el nivel de actividad y de precios, teniendo en cuenta que el aumento fue del 28% anual y se está hablando de un incremento en los precios del 25% vemos que casi la totalidad del crecimiento se explica por la inflación. Algo similar pasa con los aportes patronales, por los incrementos de los salarios debido a la inflación y el aumento en los topes para realizar los aportes. En tanto que la recaudación por retenciones creció por el alza en la alícuota y los precios máximos internacionales. Es decir, ninguno de los principales conceptos en la recaudación se explican por un incremento en la actividad económica, lo que muestra una clara desaceleración en el crecimiento del país. Esto le pone un techo a la recaudación fuera de la inflación. La crisis con el campo le puso un tope a cualquier incremento impositivo que la sociedad o un sector pueda soportar. De este modo aumentar la recaudación a tasas superiores a la inflación también parece un objetivo difícil de alcanzar. Las señales de un aterrizaje forzoso de la economía son cada vez más visibles. Las tasas comenzaron a subir bruscamente y está desapareciendo la financiación al consumo que fue uno de los motores del crecimiento en los últimos años. A su vez, la demanda del interior del país cayó a cifras alarmantes por la crisis agrícola, que ya comenzó a repercutir en otros sectores como el de transporte o el automotriz. Es muy difícil que volvamos a tener tasas chinas de crecimiento durante el 2009. Por otro lado, es verdad que el gobierno tiene casi 50 mil millones de dólares en el Banco Central, pero también es correcto decir que el pasivo del organismo en Letes y Notas supera los 30 mil millones. Por lo tanto el dinero disponible es menor a las reservas totales. También es difícil que llegado el caso se puedan utilizar para financiar al Estado, ya que esto podría generar una corrida contra el peso y los depósitos. Este escenario si bien preocupante no desemboca necesariamente en un nuevo default. Es lógico por todo lo explicado que en el exterior prevalezca una imagen negativa de la Argentina, país cuya clase gobernante históricamente prefirió esperar a que exploten las distorsiones acumuladas de la economía, antes que tomar medidas que impliquen asumir costos políticos. De allí que en el mercado se mire con gran desconfianza al país y se haya empezado a evaluar la posibilidad de un nuevo default.
Simón Rifkin - "lapoliticaonline" - 22-Jun-2008
Una forma curiosa de combatir la inflación
Hugo Chávez invita al sector privado a que le ayude a construir el socialismo.
Para construir su prometida revolución socialista, al parecer Hugo Chávez concluyó que necesita la ayuda de empresarios capitalistas. A principios de este mes, el Presidente invitó a un grupo escogido de importantes figuras de las finanzas y de la industria al palacio presidencial. Les habló sobre el fin inminente del capitalismo, pero luego les ofreció créditos baratos y joint ventures para "reactivar" la producción.El hecho de que se necesiten tales esfuerzos es curioso a primera vista. Aunque se vende con descuento porque gran parte de éste es pesado y sulfuroso, el precio de un barril de petróleo venezolano hace poco superó los US$ 120. Este año, señala Chávez, el petróleo contribuirá con US$ 75 mil millones a los ingresos del gobierno, un aumento de los US$ 43.500 millones del año pasado, y sólo alrededor de US$ 7 mil millones cuando él asumió el poder en 1999.Sin embargo, la economía tuvo una aguda desaceleración en el primer trimestre de este año. Esto fue sorpresivo para el Ministerio de Planificación, el que había pronosticado un crecimiento de 6,7%. Para peor, el pronóstico inflacionario del gobierno de 12% para este año resultó incluso desatinadamente optimista. Ésta es una mala noticia en especial para los pobres, el electorado más importante de Chávez.El precio de los alimentos está subiendo más rápido que el índice total. De acuerdo al Centro de Documentación y Análisis (CENDA), un grupo vinculado con los sindicatos, el costo de alimentar a una familia de cinco miembros subió 2,4% en mayo y es alrededor de 60% más alto que el salario mínimo, aun cuando éste subió hace poco. Por primera vez en los últimos tres años, el nivel de vida del ciudadano común está bajando.Después de perder un referéndum sobre un cambio constitucional en diciembre pasado -la primera derrota electoral de Chávez-, el gobierno hizo esfuerzos por abordar los orígenes del descontento popular, lo que incluyó la escasez de alimentos. Utilizó su riqueza petrolera para importar más alimentos. Pero tan rápido como se cierra un boquete, aparece otro.CENDA informa que productos básicos como los porotos negros, el arroz, la harina de maíz y la carne escaseaban en muchos locales comerciales en mayo. Los carniceros organizaron protestas para quejarse que los controles de precios los obligan a vender algunos cortes bajo el costo. La entidad fiscalizadora de consumo los acusa de acaparamiento y especulación, y sostiene que ellos están vendiendo a escondidas a los restaurantes a un precio más alto.Las autoridades señalan precisamente que la escasez surgió en parte porque los venezolanos están consumiendo más. Pero también refleja grandes desequilibrios económicos.
El gobierno ha canalizado gran parte de su riqueza petrolera hacia las limosnas y subsidios, mientras que sus políticas socialistas han proporcionado pocos incentivos para aumentar la producción. La inversión privada casi se ha secado. Los empresarios se han sentido intimidados por las recientes nacionalizaciones de Chávez de las industrias de cemento, hierro y acero, y algunas empresas lácteas. Una mayoría de industrias está produciendo "al límite" de su capacidad, admite Andrés Izarra, ministro de Información.El Presidente ha reconocido tácitamente el problema. Puesto que el índice de inflación subió por sobre 3% mensual a fines del año pasado, él silenciosamente aplicó los frenos: el gobierno subió las tasas de interés y desaceleró el índice de aumento del gasto público. Igualmente, logró estrechar la brecha entre el tipo de cambio oficial y el precio del dólar en el libre mercado. Hizo esto en parte al aumentar la venta de bonos, los que se pueden cambiar legalmente por dólares, pero ayudó a que disminuyera la tensión política un poco después del referéndum.Este nuevo apetito del gobierno por la austeridad tiene límites estrictos. En noviembre, Chávez enfrenta elecciones regionales, las que muchos venezolanos verán como un referéndum no oficial sobre su régimen. El Presidente ha dejado en claro de que no va a reducir el gasto social. Hay pocas señales de que el sector privado vaya a responder a los llamados del Mandatario para que le ayuden a construir el socialismo.Todo esto indica que la batalla contra la inflación será dura. Para librarla, el Presidente esta semana nombró como ministro de Hacienda a Alí Rodríguez, antiguo personero que tiene estrechos vínculos con Cuba, el principal aliado de Venezuela. Quizás él ha observado que el gobierno comunista de Cuba concluyó hace poco que la agricultura privada, más bien que el socialismo, es el mejor camino para alimentar al pueblo.El presidente ha dejado en claro que no va a reducir el gasto social. Hay pocas señales de que el sector privado vaya a responder a los llamados del Mandatario...".
The Economist - "El Mercurio" - Santiago de Chile - 23-Jun-2008
Para construir su prometida revolución socialista, al parecer Hugo Chávez concluyó que necesita la ayuda de empresarios capitalistas. A principios de este mes, el Presidente invitó a un grupo escogido de importantes figuras de las finanzas y de la industria al palacio presidencial. Les habló sobre el fin inminente del capitalismo, pero luego les ofreció créditos baratos y joint ventures para "reactivar" la producción.El hecho de que se necesiten tales esfuerzos es curioso a primera vista. Aunque se vende con descuento porque gran parte de éste es pesado y sulfuroso, el precio de un barril de petróleo venezolano hace poco superó los US$ 120. Este año, señala Chávez, el petróleo contribuirá con US$ 75 mil millones a los ingresos del gobierno, un aumento de los US$ 43.500 millones del año pasado, y sólo alrededor de US$ 7 mil millones cuando él asumió el poder en 1999.Sin embargo, la economía tuvo una aguda desaceleración en el primer trimestre de este año. Esto fue sorpresivo para el Ministerio de Planificación, el que había pronosticado un crecimiento de 6,7%. Para peor, el pronóstico inflacionario del gobierno de 12% para este año resultó incluso desatinadamente optimista. Ésta es una mala noticia en especial para los pobres, el electorado más importante de Chávez.El precio de los alimentos está subiendo más rápido que el índice total. De acuerdo al Centro de Documentación y Análisis (CENDA), un grupo vinculado con los sindicatos, el costo de alimentar a una familia de cinco miembros subió 2,4% en mayo y es alrededor de 60% más alto que el salario mínimo, aun cuando éste subió hace poco. Por primera vez en los últimos tres años, el nivel de vida del ciudadano común está bajando.Después de perder un referéndum sobre un cambio constitucional en diciembre pasado -la primera derrota electoral de Chávez-, el gobierno hizo esfuerzos por abordar los orígenes del descontento popular, lo que incluyó la escasez de alimentos. Utilizó su riqueza petrolera para importar más alimentos. Pero tan rápido como se cierra un boquete, aparece otro.CENDA informa que productos básicos como los porotos negros, el arroz, la harina de maíz y la carne escaseaban en muchos locales comerciales en mayo. Los carniceros organizaron protestas para quejarse que los controles de precios los obligan a vender algunos cortes bajo el costo. La entidad fiscalizadora de consumo los acusa de acaparamiento y especulación, y sostiene que ellos están vendiendo a escondidas a los restaurantes a un precio más alto.Las autoridades señalan precisamente que la escasez surgió en parte porque los venezolanos están consumiendo más. Pero también refleja grandes desequilibrios económicos.
El gobierno ha canalizado gran parte de su riqueza petrolera hacia las limosnas y subsidios, mientras que sus políticas socialistas han proporcionado pocos incentivos para aumentar la producción. La inversión privada casi se ha secado. Los empresarios se han sentido intimidados por las recientes nacionalizaciones de Chávez de las industrias de cemento, hierro y acero, y algunas empresas lácteas. Una mayoría de industrias está produciendo "al límite" de su capacidad, admite Andrés Izarra, ministro de Información.El Presidente ha reconocido tácitamente el problema. Puesto que el índice de inflación subió por sobre 3% mensual a fines del año pasado, él silenciosamente aplicó los frenos: el gobierno subió las tasas de interés y desaceleró el índice de aumento del gasto público. Igualmente, logró estrechar la brecha entre el tipo de cambio oficial y el precio del dólar en el libre mercado. Hizo esto en parte al aumentar la venta de bonos, los que se pueden cambiar legalmente por dólares, pero ayudó a que disminuyera la tensión política un poco después del referéndum.Este nuevo apetito del gobierno por la austeridad tiene límites estrictos. En noviembre, Chávez enfrenta elecciones regionales, las que muchos venezolanos verán como un referéndum no oficial sobre su régimen. El Presidente ha dejado en claro de que no va a reducir el gasto social. Hay pocas señales de que el sector privado vaya a responder a los llamados del Mandatario para que le ayuden a construir el socialismo.Todo esto indica que la batalla contra la inflación será dura. Para librarla, el Presidente esta semana nombró como ministro de Hacienda a Alí Rodríguez, antiguo personero que tiene estrechos vínculos con Cuba, el principal aliado de Venezuela. Quizás él ha observado que el gobierno comunista de Cuba concluyó hace poco que la agricultura privada, más bien que el socialismo, es el mejor camino para alimentar al pueblo.El presidente ha dejado en claro que no va a reducir el gasto social. Hay pocas señales de que el sector privado vaya a responder a los llamados del Mandatario...".
The Economist - "El Mercurio" - Santiago de Chile - 23-Jun-2008
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