Dicen que el estancamiento en la productividad es el mayor problema que tiene Chile.
- El compromiso de Bernanke con el control de la inflación;
- la preocupación del Presidente Bush por la debilidad del dólar, y
- la caída bursátil cercana a 8% que afectó ayer a China
son algunos de los factores que en opinión de varios economistas confirman una desaceleración en la economía de ambos países que irremediablemente afectará a países emergentes de América Latina por la caída en los precios de los commodities.En un seminario organizado por la Cámara de Comercio de Santiago (CCS), el economista y socio de Econsult, José Ramón Valente, señaló que si efectivamente se produce una recesión mundial y cae el precio de las materias primas, los gobiernos de la región van a tener que optar por
- o seguir gastando y financiarse con préstamos
- o recortar el gasto, restringiendo la demanda interna.
Si cae el precio del cobre en el futuro, en su opinión Chile va a tener un ajuste de cinturón que "nos podría llevar a una recesión incluso en el 2010".En general, los países de la región han acumulado posiciones de reservas y mantenido un endeudamiento relativamente bajo que les va a permitir resistir. Pero si la economía mundial se complicara, varios países podrían ser objeto de ajustes de gastos algo más pronunciados, dijo el economista y consultor internacional Guillemo Le Fort. Dependiendo de cuánto dure la desaceleración mundial, su percepción es que de aquí a fines de la década la región tiene aún fortalezas para resistir incluso una desaceleración más prolongada.El presidente de la CCS, Peter Hill, señaló el estancamiento de la productividad como el talón de Aquiles de la economía chilena. Los expertos coinciden en que uno de los mayores problemas es la falta de consenso político para reformas que apunten a subir el crecimiento potencial.Crecimiento- EE.UU. ha logrado seguir creciendo por sus exportaciones;
- Asia, por mejoras de productividad, y
- Latinoamérica, por alza en los commodities,
dice George Lever.
Opinión - "El Mercurio" - Santiago de Chile - 11-Jun-2008
miércoles, 11 de junio de 2008
No hace falta el FMI, las condiciones las impone el "CGC"
Tras varios años en los que la economía creció a tasas chinas, el escenario actual preanuncia un enfriamiento de las principales variables macro y micro. El país encontró su propio Fondo. Cuáles son los factores que llevaron a esta situación. Qué se espera que ocurra en los próximos meses.
La historia económica argentina y de gran parte de los países subdesarrollados de los últimos 50 años estuvo signada a la hora de definir el contexto de política económica, por la presencia del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Para muchos, desde su creación en la post guerra, el FMI fue nada más y nada menos que el origen de todos los males que aquejaron a los argentinos durante décadas.Se escuchó hasta el cansancio que las políticas del FMI sólo llevaban a
- el ajuste,
- el enfriamiento de la demanda,
- la mayor desocupación,
- la desesperanza. En muchos casos, la tozudez de los hombres y mujeres del staff del organismo internacional fue de gran ayuda para el discurso de sus detractores. El motivo: la receta siempre era la misma.
- Achicar el gasto,
- reducir el consumo,
- frenar la inflación.
Todo parecía calcado, para cualquier economía y bajo cualquier circunstancia. Pero desde hace ya bastante tiempo, la economía argentina canceló su deuda con el organismo y con ello logró liberarse de las “garras de león”.Eran años
- de bonanza,
- de crecimiento a tasas chinas,
- de creación de empleo,
- de crédito accesible y a tasas menores que la inflación.
Con
- cuentas fiscales que mostraban mes a mes récord de recaudación
- que permitían avanzar en el tan postergado déficit social. Pero como decía una vieja serie televisiva, “de repente, algo sucedió”, y esta vez no fue precisamente por culpa del Fondo:
el Gobierno instauró las retenciones móviles para la soja.
Y es probable que, de no resolverse la situación, esa fecha sea recordada en el futuro como el principio del fin del ciclo económico más exitoso de la historia argentina. Ese día nació el "Conflicto Gobierno-Campo - el CGC". Los paradigmas del modeloSiempre se sostuvo que el actual modelo económico se basa en algunas cuestiones básicas, tales como:
- Dólar alto que le de competitividad a la industria
- Impulso permanente a la demanda interna
- Esquema de subsidios y tarifas diferenciadas en beneficio de los sectores urbanos
- Tasas de interés bajas para alentar el crédito
- Superávit fiscal, fundamental para la obra pública
- Superávit comercial, fundamental para el ingreso de divisas
Este era, con algunas otras variables, el modelo. Pero a partir de mediados de abril la cuestión cambió. Y el modelo comenzó a resentirse.Los hechosEl agravamiento del ya perenne CGC generó, y continúa generando, una enorme incertidumbre en la población, que fiel a su memoria, opta por el refugio tradicional argentino, la compra de dólares. En su último informe, M&S Consultores expresa: "la Argentina está en un momento bisagra. Si el conflicto con el campo continúa un par de meses más y el mercado cambiario no se normaliza, el nivel de consumo va camino a un parate fuerte hacia el tercer trimestre del año. Se observa a hoy una importante diferencia entre el interior y la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. En pocas semanas, las reservas del Banco Central cayeron de u$s 51.000 millones a poco mas de u$s 48.800 millones. Gran parte de las compras provino de retiros masivos de fondos del sistema financiero, que se redujeron en unos $6.500 millones, que estaban depositados no sólo en plazos fijos – ahorro -, sino también en depósitos transaccionales – cuentas corrientes y cajas de ahorro.
Asociado a este significativo retiro, en los primeros días se produjo
- la suba acelerada del precio del dólar y
- de las tasas de interés por los depósitos a plazo. Cabe señalar que los bancos vieron como en muy poco tiempo la ecuación de liquidez comenzaba a ser más ajustada y obraron en consecuencia. Empezaron a - subir las tasas de los créditos y
- más adelante, en la medida que la salida de depósitos no mermaba, a restringir su otorgamiento. Hoy las tasas activas, por operaciones de crédito a empresas están en niveles del orden del 28%, con plazos mínimos, que desalientan cualquier iniciativa, mientras que los personales tienen un costo financiero total cercano al 40 por ciento.
Conclusión: el consumo basado en el crédito, por ejemplo a través de personales, tarjetas de crédito, prendarios o hipotecarios, se va frenando a pasos agigantados.
Algo similar ocurre con la inversión de las empresas.
Primera conclusión: las tasas bajas parecen ser cuestión del pasado y el modelo hiperconsumista se muestra como agotado.
Volviendo al dólar, la suba inicial de su cotización se revirtió por la acción del Banco Central. Pero no sólo buscó nivelar el precio sino que, por el contrario, lo llevó a niveles mínimos que causan asombro entre los operadores cambiarios y alarma entre los empresarios. Hoy el dólar real, ajustado por la inflación “real” está cada vez más cerca del $1,40 de equilibrio de principios del 2002 y cada vez más lejos del 3 x 1.
Pero esto no es meramente circunstancial, ya que con su intervención en el mercado de futuros, el BCRA está fijando valores para fines de junio del orden de $3,05 y para fin de año en $3,15, aunque este valor no deja de caer rueda tras rueda. Como consecuencia de todo ello, y de la incertidumbre, que es el eje que motoriza toda esta situación, el hombre común y las empresas hacen su lectura de la realidad y
- siguen comprando dólares y
- retaceando cada vez más consumo e inversión.
Conclusión dos: con este accionar, el modelo basado en el tipo de cambio alto, tantas veces declamado por las autoridades económicas, se está desactivando de forma acelerada.Esta vez la economía encontró su propio “FMI”, que sin discursos ni recetas le está marcando el camino.
- Suba de las tasas de interés,
- menor consumo,
- menor nivel de actividad,
- probablemente menor inflación.
Una receta ortodoxa en manos de millones de ministros de economía, sin discursos ni medidas concretas. Como sigue la historiaEl trabajo de M&S expresa que "la crisis del campo (de persistir) puede ser para el nivel de actividad de 2008 lo que el default de Rusia fue en 1998. En aquel momento, se paró de golpe el ingreso de capitales y el nivel de actividad se frenó bruscamente".
"El PBI promedio del año dio + 4% pero con un primer semestre de + 6,5% y un segundo semestre de 1,4. Hoy, el mayor riesgo que se corre es que el barquinazo que dio el mercado cambiario desde que los productores no venden normalmente la cosecha, seque de liquidez la economía.
En este modelo, cuando faltan divisas automáticamente empieza a haber menos pesos en la calle y en los bancos", agrega. Si el CGC se instala en forma “permanente”, por el lado del dólar todo parece indicar que su cotización se mantendrá muy por debajo de los $3,22 que alcanzó en los momentos de máxima tensión. En términos reales, es muy probable que siga perdiendo terreno. Como consecuencia de ello, se encarecerá el costo de las exportaciones.
En forma paralela,
- avanzarán las cada vez mayores importaciones,
- desplazando a la producción local de góndolas y mostradores, y
- ello se reflejará en el malestar de la industria, por el menor nivel de actividad.
Para Rodrigo Álvarez, economista de Ecolatina, seguir con esta política de dólar bajo es un error. “El Banco Central tiene poder de fuego para poner el dólar en el nivel que considere conveniente y la lección para los que salieron a comprar dólar a $3,25 está clara. Este dólar sólo afecta a los sectores productivos y como señal ya está”.
“Por otro lado, el mantenimiento del dólar en estos niveles es una cuestión política. Pero con el dólar bajo, es difícil mantener la competitividad”, agrega Alvarez. El hombre de Ecolatina agrega que “el problema principal que tenemos que destacar es la inflación, que licua las ganancias. Este escenario no es como la economía de 2002 y sin un plan de estabilización de precios, no tiene sentido”.Por el lado del crédito, todo parece indicar que
- seguiría escaseando,
- sería más restrictivo,
- con tasas de interés reales positivas,
- pero sobre la inflación real.
Ello llevaría a una reducción de la demanda y se desactivaría otro de los ejes del modelo, el aliento al hiperconsumo. Por lo tanto, la reducción de la demanda podría tener efectos “positivos” sobre la inflación, y es aquí donde se entrelazan el CGC y el FMI. Pero esta vez no haría falta la presencia de misiones del organismo ni discursos del ministro de turno por la cadena de radio y televisión. La propia realidad está produciendo el ajuste, aunque se le eche la culpa a otros.
Overview comenta que "el impacto sobre el consumo se notó ya algo en abril. El Indicador de Consumo Masivo M&S registró una suba de apenas 2,1% contra abril de 2007. Venía creciendo muy firme hasta febrero (en torno al 11% anual) y dio 8,4% anual en marzo. El freno está concentrado en las cantidades consumidas de alimentos, indumentaria y otros artículos de consumo: cayó 1% contra abril del año pasado".
Según el informe, "sólo siguió bien lo que representa "consumo defensivo" que se anticipa. En mayo, los números pintan aún peor.
- Si el conflicto sigue,
- y la liquidez se sigue planchando,
- el nivel de consumo va camino a un parate fuerte hacia el tercer trimestre del año. Si se supera el conflicto el panorama cambiaría, pero no necesariamente para bien, pues la maraña es tal, que las tensiones no se superarían por el solo hecho de desaparecer el CGC.
Para M&S, "si el gobierno termina arreglando con el campo se alarga el horizonte aunque igual van quedar secuelas.
- Primero, está la tasa de inflación. Está más alta y más arraigada que en febrero, antes del conflicto. Con la inflación más alta, los depositantes piden un interés mayor y los tomadores de crédito se ponen más cautelosos".
- Segundo, está la dolarización de portafolios, que quedará estacionada seguramente en un escalón inercial más alto.
- Tercero, habrá que ver cómo queda la oferta de divisas: cómo da la producción agrícola y agroindustrial de 2009 y cómo las importaciones que están volando".
Claudio Mauro de M&S Consultores, expresa que “la economía actual esta ligada al conflicto con el campo. Una vez que este se resuelva, el modelo volverá a ser el de antes, con un dólar alto que a fines de 2008 llegaría a 3,20 pesos”.
Mauro agrega que “la economía se va a enfriar, de todos modos en este aspecto se pueden esperar diferentes políticas que llevarían a un desaceleramiento moderado u otro enfriamiento brusco”. O sea, que si se extingue el CGC,
- habrán quedado todos los costos que provocó, que no fueron pocos y
- se perdió muchísimo tiempo en resolver los problemas más acuciantes como
- la inflación y
- la cada vez más notoria caída del nivel de actividad.
Rubén Ramallo - Infobaeprofesional.com - Buenos Aires - 10-Jun-2008
La historia económica argentina y de gran parte de los países subdesarrollados de los últimos 50 años estuvo signada a la hora de definir el contexto de política económica, por la presencia del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Para muchos, desde su creación en la post guerra, el FMI fue nada más y nada menos que el origen de todos los males que aquejaron a los argentinos durante décadas.Se escuchó hasta el cansancio que las políticas del FMI sólo llevaban a
- el ajuste,
- el enfriamiento de la demanda,
- la mayor desocupación,
- la desesperanza. En muchos casos, la tozudez de los hombres y mujeres del staff del organismo internacional fue de gran ayuda para el discurso de sus detractores. El motivo: la receta siempre era la misma.
- Achicar el gasto,
- reducir el consumo,
- frenar la inflación.
Todo parecía calcado, para cualquier economía y bajo cualquier circunstancia. Pero desde hace ya bastante tiempo, la economía argentina canceló su deuda con el organismo y con ello logró liberarse de las “garras de león”.Eran años
- de bonanza,
- de crecimiento a tasas chinas,
- de creación de empleo,
- de crédito accesible y a tasas menores que la inflación.
Con
- cuentas fiscales que mostraban mes a mes récord de recaudación
- que permitían avanzar en el tan postergado déficit social. Pero como decía una vieja serie televisiva, “de repente, algo sucedió”, y esta vez no fue precisamente por culpa del Fondo:
el Gobierno instauró las retenciones móviles para la soja.
Y es probable que, de no resolverse la situación, esa fecha sea recordada en el futuro como el principio del fin del ciclo económico más exitoso de la historia argentina. Ese día nació el "Conflicto Gobierno-Campo - el CGC". Los paradigmas del modeloSiempre se sostuvo que el actual modelo económico se basa en algunas cuestiones básicas, tales como:
- Dólar alto que le de competitividad a la industria
- Impulso permanente a la demanda interna
- Esquema de subsidios y tarifas diferenciadas en beneficio de los sectores urbanos
- Tasas de interés bajas para alentar el crédito
- Superávit fiscal, fundamental para la obra pública
- Superávit comercial, fundamental para el ingreso de divisas
Este era, con algunas otras variables, el modelo. Pero a partir de mediados de abril la cuestión cambió. Y el modelo comenzó a resentirse.Los hechosEl agravamiento del ya perenne CGC generó, y continúa generando, una enorme incertidumbre en la población, que fiel a su memoria, opta por el refugio tradicional argentino, la compra de dólares. En su último informe, M&S Consultores expresa: "la Argentina está en un momento bisagra. Si el conflicto con el campo continúa un par de meses más y el mercado cambiario no se normaliza, el nivel de consumo va camino a un parate fuerte hacia el tercer trimestre del año. Se observa a hoy una importante diferencia entre el interior y la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. En pocas semanas, las reservas del Banco Central cayeron de u$s 51.000 millones a poco mas de u$s 48.800 millones. Gran parte de las compras provino de retiros masivos de fondos del sistema financiero, que se redujeron en unos $6.500 millones, que estaban depositados no sólo en plazos fijos – ahorro -, sino también en depósitos transaccionales – cuentas corrientes y cajas de ahorro.
Asociado a este significativo retiro, en los primeros días se produjo
- la suba acelerada del precio del dólar y
- de las tasas de interés por los depósitos a plazo. Cabe señalar que los bancos vieron como en muy poco tiempo la ecuación de liquidez comenzaba a ser más ajustada y obraron en consecuencia. Empezaron a - subir las tasas de los créditos y
- más adelante, en la medida que la salida de depósitos no mermaba, a restringir su otorgamiento. Hoy las tasas activas, por operaciones de crédito a empresas están en niveles del orden del 28%, con plazos mínimos, que desalientan cualquier iniciativa, mientras que los personales tienen un costo financiero total cercano al 40 por ciento.
Conclusión: el consumo basado en el crédito, por ejemplo a través de personales, tarjetas de crédito, prendarios o hipotecarios, se va frenando a pasos agigantados.
Algo similar ocurre con la inversión de las empresas.
Primera conclusión: las tasas bajas parecen ser cuestión del pasado y el modelo hiperconsumista se muestra como agotado.
Volviendo al dólar, la suba inicial de su cotización se revirtió por la acción del Banco Central. Pero no sólo buscó nivelar el precio sino que, por el contrario, lo llevó a niveles mínimos que causan asombro entre los operadores cambiarios y alarma entre los empresarios. Hoy el dólar real, ajustado por la inflación “real” está cada vez más cerca del $1,40 de equilibrio de principios del 2002 y cada vez más lejos del 3 x 1.
Pero esto no es meramente circunstancial, ya que con su intervención en el mercado de futuros, el BCRA está fijando valores para fines de junio del orden de $3,05 y para fin de año en $3,15, aunque este valor no deja de caer rueda tras rueda. Como consecuencia de todo ello, y de la incertidumbre, que es el eje que motoriza toda esta situación, el hombre común y las empresas hacen su lectura de la realidad y
- siguen comprando dólares y
- retaceando cada vez más consumo e inversión.
Conclusión dos: con este accionar, el modelo basado en el tipo de cambio alto, tantas veces declamado por las autoridades económicas, se está desactivando de forma acelerada.Esta vez la economía encontró su propio “FMI”, que sin discursos ni recetas le está marcando el camino.
- Suba de las tasas de interés,
- menor consumo,
- menor nivel de actividad,
- probablemente menor inflación.
Una receta ortodoxa en manos de millones de ministros de economía, sin discursos ni medidas concretas. Como sigue la historiaEl trabajo de M&S expresa que "la crisis del campo (de persistir) puede ser para el nivel de actividad de 2008 lo que el default de Rusia fue en 1998. En aquel momento, se paró de golpe el ingreso de capitales y el nivel de actividad se frenó bruscamente".
"El PBI promedio del año dio + 4% pero con un primer semestre de + 6,5% y un segundo semestre de 1,4. Hoy, el mayor riesgo que se corre es que el barquinazo que dio el mercado cambiario desde que los productores no venden normalmente la cosecha, seque de liquidez la economía.
En este modelo, cuando faltan divisas automáticamente empieza a haber menos pesos en la calle y en los bancos", agrega. Si el CGC se instala en forma “permanente”, por el lado del dólar todo parece indicar que su cotización se mantendrá muy por debajo de los $3,22 que alcanzó en los momentos de máxima tensión. En términos reales, es muy probable que siga perdiendo terreno. Como consecuencia de ello, se encarecerá el costo de las exportaciones.
En forma paralela,
- avanzarán las cada vez mayores importaciones,
- desplazando a la producción local de góndolas y mostradores, y
- ello se reflejará en el malestar de la industria, por el menor nivel de actividad.
Para Rodrigo Álvarez, economista de Ecolatina, seguir con esta política de dólar bajo es un error. “El Banco Central tiene poder de fuego para poner el dólar en el nivel que considere conveniente y la lección para los que salieron a comprar dólar a $3,25 está clara. Este dólar sólo afecta a los sectores productivos y como señal ya está”.
“Por otro lado, el mantenimiento del dólar en estos niveles es una cuestión política. Pero con el dólar bajo, es difícil mantener la competitividad”, agrega Alvarez. El hombre de Ecolatina agrega que “el problema principal que tenemos que destacar es la inflación, que licua las ganancias. Este escenario no es como la economía de 2002 y sin un plan de estabilización de precios, no tiene sentido”.Por el lado del crédito, todo parece indicar que
- seguiría escaseando,
- sería más restrictivo,
- con tasas de interés reales positivas,
- pero sobre la inflación real.
Ello llevaría a una reducción de la demanda y se desactivaría otro de los ejes del modelo, el aliento al hiperconsumo. Por lo tanto, la reducción de la demanda podría tener efectos “positivos” sobre la inflación, y es aquí donde se entrelazan el CGC y el FMI. Pero esta vez no haría falta la presencia de misiones del organismo ni discursos del ministro de turno por la cadena de radio y televisión. La propia realidad está produciendo el ajuste, aunque se le eche la culpa a otros.
Overview comenta que "el impacto sobre el consumo se notó ya algo en abril. El Indicador de Consumo Masivo M&S registró una suba de apenas 2,1% contra abril de 2007. Venía creciendo muy firme hasta febrero (en torno al 11% anual) y dio 8,4% anual en marzo. El freno está concentrado en las cantidades consumidas de alimentos, indumentaria y otros artículos de consumo: cayó 1% contra abril del año pasado".
Según el informe, "sólo siguió bien lo que representa "consumo defensivo" que se anticipa. En mayo, los números pintan aún peor.
- Si el conflicto sigue,
- y la liquidez se sigue planchando,
- el nivel de consumo va camino a un parate fuerte hacia el tercer trimestre del año. Si se supera el conflicto el panorama cambiaría, pero no necesariamente para bien, pues la maraña es tal, que las tensiones no se superarían por el solo hecho de desaparecer el CGC.
Para M&S, "si el gobierno termina arreglando con el campo se alarga el horizonte aunque igual van quedar secuelas.
- Primero, está la tasa de inflación. Está más alta y más arraigada que en febrero, antes del conflicto. Con la inflación más alta, los depositantes piden un interés mayor y los tomadores de crédito se ponen más cautelosos".
- Segundo, está la dolarización de portafolios, que quedará estacionada seguramente en un escalón inercial más alto.
- Tercero, habrá que ver cómo queda la oferta de divisas: cómo da la producción agrícola y agroindustrial de 2009 y cómo las importaciones que están volando".
Claudio Mauro de M&S Consultores, expresa que “la economía actual esta ligada al conflicto con el campo. Una vez que este se resuelva, el modelo volverá a ser el de antes, con un dólar alto que a fines de 2008 llegaría a 3,20 pesos”.
Mauro agrega que “la economía se va a enfriar, de todos modos en este aspecto se pueden esperar diferentes políticas que llevarían a un desaceleramiento moderado u otro enfriamiento brusco”. O sea, que si se extingue el CGC,
- habrán quedado todos los costos que provocó, que no fueron pocos y
- se perdió muchísimo tiempo en resolver los problemas más acuciantes como
- la inflación y
- la cada vez más notoria caída del nivel de actividad.
Rubén Ramallo - Infobaeprofesional.com - Buenos Aires - 10-Jun-2008
domingo, 8 de junio de 2008
La palabra clave
Me pasé los últimos dos o tres meses leyendo páginas sobre el Mayo del 68 en París. En mayo de 2008, nada menos que 40 años después, era un tema cantado.
El presidente Sarkozy, durante su campaña electoral, había criticado con singular y hasta sorprendente pasión el espíritu del 68 francés. Y las reflexiones diversas fueron a veces interesantes, originales, aun cuando no terminaron de convencerme. Entre otros motivos, porque estuve en París, en el corazón del barrio de Montparnasse, durante todo ese mes de mayo; porque vi a Daniel Cohn-Bendit encaramado en los hombros de mármol de la estatua de Augusto Comte, dirigiéndose desde esa altura a sus amigos, frente a la puerta principal de la Sorbona, y asistí en persona, bajo los frescos simbolistas de Pubis de Chavannes, a la defensa dialéctica de un Jean-Paul Sartre que daba la impresión de estar acorralado por la artillería verbal de sus jóvenes interlocutores.
Los textos de estos días, en general, me parecieron aproximados, siempre aproximados, pero algo desubicados. Ahora no pretendo enfocar el tema de Mayo del 68 en su conjunto: me siento más inclinado a escribir una novela que un ensayo sobre el asunto, salvo que mi novela sería necesariamente ensayística, y mi ensayo tendría una inevitable corriente narrativa. Pero voy a contar una anécdota preliminar y que puede ayudar a que nos situemos en el tiempo y en el espacio.
Yo venía del Congreso Cultural de La Habana, el de enero de ese año, y había pasado dos o tres días de fines de febrero en Praga, en los comienzos mismos de aquello que poco después sería conocido como la Primavera de Praga, primavera política, se entiende, uno de los primeros deshielos ideológicos de Europa del Este.
Siempre sentí después que aquellos aires, que en Cuba habían llevado a un brusco retroceso, que en Praga provocaban un despertar prematuro y fallido, soplaban también, con fuerza extraordinaria, en el París de la ribera izquierda del Sena. Pues bien, me encontraba una tarde de fines de abril en La Coupole, en las mesas que dan al bulevar de Montparnasse, en compañía de Carlos Fuentes y de una amiga chilena.
El tiempo se presentaba espléndido, con todos los sonidos y los perfumes de la tradición poética simbolista. Y nosotros hablábamos con vivacidad, con euforia, creo que con optimismo, de los sucesos recientes: de Praga y Dubcek, de las discusiones de Cuba, de un Chile agitado y en vísperas de cambio, de escritores como Octavio Paz, Julio Cortázar o un joven checo que se llamaba Milan Kundera.
En la mesa de al lado había un hombre grueso, de pelo entrecano, de cara grisácea, de vestimenta oscura, que tomaba apuntes en una hoja de bloc, parapetado detrás de un verdadero muro de libros ypapeles, y que de repente levantaba la vista y nos miraba de reojo. ¿Quiénes son ustedes?, preguntó de repente el hombre de aspecto gris. Nos presentamos y nuestro vecino, entonces, dijo que él era Lucien Goldman, el crítico, profesor, ensayista.
Había estado hacía muy poco en México y allá había escuchado hablar mucho de Carlos Fuentes. Después había viajado a California y había conversado largamente con su amigo el filósofo Herbert Marcuse. El filósofo describía un movimiento estudiantil que tenía sus orígenes en la Universidad de Berkeley, que ya había llegado a Italia y Alemania y que muy pronto se manifestaría en París. La palabra clave de este movimiento, explicó Lucien Goldman, autor de un texto célebre de sociología de la novela, surgió en Roma y es la palabra "contestazione".
En medio de las disertaciones profesorales, típicas de los viejos recintos académicos, los alumnos se ponían de pie y pedían explicaciones. Ya no estaban dispuestos a aceptar los argumentos de autoridad:
- ¿por qué sostiene usted tal cosa o tal otra, por qué nos trata de imponer sus dogmas sin la menor forma de crítica?
Era una revolución de nuevo cuño, diferente de las revoluciones y contrarrevoluciones en boga, que cruzaba y atacaba en una línea transversal los esquemas de bloques de la Guerra Fría.
Tenía aspectos seudoanarquistas, pero también tenía el mérito de atacar por su base el orden establecido de Occidente y a la vez, sin la menor concesión, el de las burocracias estalinistas.
En lugar de cambiar el mundo, proponía cambiar la vida, y por eso Jean-Arthur Rimbaud, junto a un Che Guevara recién muerto en la selva de Bolivia, serían figuras emblemáticas en todos los desfiles de los sesentayocheros (soixantehuitards).
Goldman nos invitó a comer a su casa y siguió desarrollando lleno de furia pedagógica sus teorías, relacionadas más bien con la estructura de la obra literaria, y las de su amigo Marcuse, que anunciaban una revolución mundial diferente.
A los tres o cuatro días, el vagón del metro en el que viajaba a casa de unos amigos se detuvo en la estación de Saint-Michel y entraron algunos muchachos que lloraban y a la vez se reían a carcajadas. Junto con ellos entró una nubecilla que picaba en los ojos y que tenía un olor característico: era el gas lacrimógeno que anunciaba que el movimiento descrito por Marcuse desde California ya había llegado a los bulevares del Barrio Latino.
Al día siguiente me acerqué al sector de La Coupole y me tocó asistir a un espectáculo extraordinario. Masas de jóvenes estudiantes habían ocupado la calle y saltaban, cantaban, gritaban con los puños en alto, observados con atención por algunos personajes marginales. Entre ellos, el inevitable Lucien Goldman, con sus mechones entrecanos, conmovido porque los anuncios suyos y de su amigo Herbert Marcuse se confirmaban en las realidades callejeras.
Mientras él miraba con fruición, un gimnasta de mediana edad, de camiseta a rayas horizontales y de largos mostachos, hacía flexiones y levantaba pesas, imperturbable, directamente salido de una pintura del Aduanero Rousseau.
Porque la rebelión estudiantil tenía más de algo que ver con la vanguardia estética y con el surrealismo de los primeros tiempos. Y a medida que mayo avanzaba, me tocaba asistir a escenas tragicómicas que nunca he olvidado. Me acuerdo, por ejemplo, de una vieja vendedora de periódicos instalada en una esquina. Al comienzo protestaba, furiosa, porque le habían llegado algunas pedradas y algunos chorros de agua a su quiosco. Después ya no tenía ni quiosco y estaba obligada a vender sus diarios y sus revistas en el suelo.
Al final no tenía nada que vender, pero seguía en la misma esquina, dedicada a contemplar los sucesos, de brazos en jarra, mientras cadenas de jóvenes sacaban los adoquines y los transportaban hasta los techos de los edificios. Pronto, anunciaban, debajo de los adoquines, empezaría a verse la playa. Después de mayo, el movimiento se descompuso en diferentes formas.
El impulso original, espontáneo, de permanente invención, desapareció, y no podía ser de otra manera. Uno regresaba a París y se encontraba con los veteranos y hasta con los inválidos del 68, dedicados, por ejemplo, a atender algún pequeño restaurante vegetariano o alguna librería alternativa. De todos modos, pienso que algo quedó en alguna parte.
La contestazione, la palabra clave según el profesor Goldman, de alguna manera, con la lentitud propia de los verdaderos procesos históricos, se impuso.
Cuando me tocó ver en la televisión, alrededor de 20 años más tarde, las imágenes de los jóvenes que saltaban encima del muro de Berlín y lo derribaban, tuve la vaga impresión de que Mayo del 68, el llamado espíritu de mayo, había vuelto.
Son los brotes libertarios cíclicos, que siempre vienen de muy atrás, que en un primer momento suelen parecer inútiles, pero que son tan necesarios como el oxígeno que respiramos.
JORGE EDWARDS - "El País" - Madrid - 8-Jun-2008
El presidente Sarkozy, durante su campaña electoral, había criticado con singular y hasta sorprendente pasión el espíritu del 68 francés. Y las reflexiones diversas fueron a veces interesantes, originales, aun cuando no terminaron de convencerme. Entre otros motivos, porque estuve en París, en el corazón del barrio de Montparnasse, durante todo ese mes de mayo; porque vi a Daniel Cohn-Bendit encaramado en los hombros de mármol de la estatua de Augusto Comte, dirigiéndose desde esa altura a sus amigos, frente a la puerta principal de la Sorbona, y asistí en persona, bajo los frescos simbolistas de Pubis de Chavannes, a la defensa dialéctica de un Jean-Paul Sartre que daba la impresión de estar acorralado por la artillería verbal de sus jóvenes interlocutores.
Los textos de estos días, en general, me parecieron aproximados, siempre aproximados, pero algo desubicados. Ahora no pretendo enfocar el tema de Mayo del 68 en su conjunto: me siento más inclinado a escribir una novela que un ensayo sobre el asunto, salvo que mi novela sería necesariamente ensayística, y mi ensayo tendría una inevitable corriente narrativa. Pero voy a contar una anécdota preliminar y que puede ayudar a que nos situemos en el tiempo y en el espacio.
Yo venía del Congreso Cultural de La Habana, el de enero de ese año, y había pasado dos o tres días de fines de febrero en Praga, en los comienzos mismos de aquello que poco después sería conocido como la Primavera de Praga, primavera política, se entiende, uno de los primeros deshielos ideológicos de Europa del Este.
Siempre sentí después que aquellos aires, que en Cuba habían llevado a un brusco retroceso, que en Praga provocaban un despertar prematuro y fallido, soplaban también, con fuerza extraordinaria, en el París de la ribera izquierda del Sena. Pues bien, me encontraba una tarde de fines de abril en La Coupole, en las mesas que dan al bulevar de Montparnasse, en compañía de Carlos Fuentes y de una amiga chilena.
El tiempo se presentaba espléndido, con todos los sonidos y los perfumes de la tradición poética simbolista. Y nosotros hablábamos con vivacidad, con euforia, creo que con optimismo, de los sucesos recientes: de Praga y Dubcek, de las discusiones de Cuba, de un Chile agitado y en vísperas de cambio, de escritores como Octavio Paz, Julio Cortázar o un joven checo que se llamaba Milan Kundera.
En la mesa de al lado había un hombre grueso, de pelo entrecano, de cara grisácea, de vestimenta oscura, que tomaba apuntes en una hoja de bloc, parapetado detrás de un verdadero muro de libros ypapeles, y que de repente levantaba la vista y nos miraba de reojo. ¿Quiénes son ustedes?, preguntó de repente el hombre de aspecto gris. Nos presentamos y nuestro vecino, entonces, dijo que él era Lucien Goldman, el crítico, profesor, ensayista.
Había estado hacía muy poco en México y allá había escuchado hablar mucho de Carlos Fuentes. Después había viajado a California y había conversado largamente con su amigo el filósofo Herbert Marcuse. El filósofo describía un movimiento estudiantil que tenía sus orígenes en la Universidad de Berkeley, que ya había llegado a Italia y Alemania y que muy pronto se manifestaría en París. La palabra clave de este movimiento, explicó Lucien Goldman, autor de un texto célebre de sociología de la novela, surgió en Roma y es la palabra "contestazione".
En medio de las disertaciones profesorales, típicas de los viejos recintos académicos, los alumnos se ponían de pie y pedían explicaciones. Ya no estaban dispuestos a aceptar los argumentos de autoridad:
- ¿por qué sostiene usted tal cosa o tal otra, por qué nos trata de imponer sus dogmas sin la menor forma de crítica?
Era una revolución de nuevo cuño, diferente de las revoluciones y contrarrevoluciones en boga, que cruzaba y atacaba en una línea transversal los esquemas de bloques de la Guerra Fría.
Tenía aspectos seudoanarquistas, pero también tenía el mérito de atacar por su base el orden establecido de Occidente y a la vez, sin la menor concesión, el de las burocracias estalinistas.
En lugar de cambiar el mundo, proponía cambiar la vida, y por eso Jean-Arthur Rimbaud, junto a un Che Guevara recién muerto en la selva de Bolivia, serían figuras emblemáticas en todos los desfiles de los sesentayocheros (soixantehuitards).
Goldman nos invitó a comer a su casa y siguió desarrollando lleno de furia pedagógica sus teorías, relacionadas más bien con la estructura de la obra literaria, y las de su amigo Marcuse, que anunciaban una revolución mundial diferente.
A los tres o cuatro días, el vagón del metro en el que viajaba a casa de unos amigos se detuvo en la estación de Saint-Michel y entraron algunos muchachos que lloraban y a la vez se reían a carcajadas. Junto con ellos entró una nubecilla que picaba en los ojos y que tenía un olor característico: era el gas lacrimógeno que anunciaba que el movimiento descrito por Marcuse desde California ya había llegado a los bulevares del Barrio Latino.
Al día siguiente me acerqué al sector de La Coupole y me tocó asistir a un espectáculo extraordinario. Masas de jóvenes estudiantes habían ocupado la calle y saltaban, cantaban, gritaban con los puños en alto, observados con atención por algunos personajes marginales. Entre ellos, el inevitable Lucien Goldman, con sus mechones entrecanos, conmovido porque los anuncios suyos y de su amigo Herbert Marcuse se confirmaban en las realidades callejeras.
Mientras él miraba con fruición, un gimnasta de mediana edad, de camiseta a rayas horizontales y de largos mostachos, hacía flexiones y levantaba pesas, imperturbable, directamente salido de una pintura del Aduanero Rousseau.
Porque la rebelión estudiantil tenía más de algo que ver con la vanguardia estética y con el surrealismo de los primeros tiempos. Y a medida que mayo avanzaba, me tocaba asistir a escenas tragicómicas que nunca he olvidado. Me acuerdo, por ejemplo, de una vieja vendedora de periódicos instalada en una esquina. Al comienzo protestaba, furiosa, porque le habían llegado algunas pedradas y algunos chorros de agua a su quiosco. Después ya no tenía ni quiosco y estaba obligada a vender sus diarios y sus revistas en el suelo.
Al final no tenía nada que vender, pero seguía en la misma esquina, dedicada a contemplar los sucesos, de brazos en jarra, mientras cadenas de jóvenes sacaban los adoquines y los transportaban hasta los techos de los edificios. Pronto, anunciaban, debajo de los adoquines, empezaría a verse la playa. Después de mayo, el movimiento se descompuso en diferentes formas.
El impulso original, espontáneo, de permanente invención, desapareció, y no podía ser de otra manera. Uno regresaba a París y se encontraba con los veteranos y hasta con los inválidos del 68, dedicados, por ejemplo, a atender algún pequeño restaurante vegetariano o alguna librería alternativa. De todos modos, pienso que algo quedó en alguna parte.
La contestazione, la palabra clave según el profesor Goldman, de alguna manera, con la lentitud propia de los verdaderos procesos históricos, se impuso.
Cuando me tocó ver en la televisión, alrededor de 20 años más tarde, las imágenes de los jóvenes que saltaban encima del muro de Berlín y lo derribaban, tuve la vaga impresión de que Mayo del 68, el llamado espíritu de mayo, había vuelto.
Son los brotes libertarios cíclicos, que siempre vienen de muy atrás, que en un primer momento suelen parecer inútiles, pero que son tan necesarios como el oxígeno que respiramos.
JORGE EDWARDS - "El País" - Madrid - 8-Jun-2008
viernes, 6 de junio de 2008
Cuarenta años después
EN las últimas semanas, centenares de eventos han conmemorado en Francia la revuelta estudiantil de mayo de 1968 (que en realidad comenzó en marzo y finalizó en junio). Se le ha prestado a este cuadragésimo aniversario menos atención en otros países, incluidos los Estados Unidos.
- ¿Fue mayo del 68 un asalto anarquista contra toda forma de autoridad, como creen algunos libertarios?
- ¿Fue una embestida anticonservadora, como predicó su dirigente más visible, Daniel Cohn-Bendit?
- ¿Fue un intento por rescatar a la izquierda del estalinismo, lo que explicaría la oposición de los sindicatos comunistas a los estudiantes?
- ¿Fue un acto de hipocresía de jóvenes manifestantes que vivaban al Che Guevara y a Mao al tiempo que vituperaban el autoritarismo de Charles de Gaulle y a los herederos europeos de Stalin?
- ¿Se trató apenas de una rabieta de niños bien que arrancaron los adoquines del Barrio Latino porque no soportaban el aburrimiento?
- ¿O fue, como aquellos eslóganes nos invitan a pensar, un ruidoso pretexto para la poesía
- «La imaginación al poder»,
- «Está prohibido prohibir»,
- «Todos somos judíos alemanes»?
Fue todo eso, es decir: una gran contradicción. Cuarenta años después, el legado es también contradictorio. A pesar de que la revuelta duró pocas semanas y el general De Gaulle venció abrumadoramente en los comicios legislativos que se vio obligado a convocar, el espíritu individualista de aquella rebelión hizo mucho por liberar las costumbres europeas del corsé en el que estaban atrapadas.
Al hacerlo, acaso ayudaron -vaya paradoja- a acelerar la globalización de Francia. Nadie lo expresa mejor que el académico francés Serge Audier: «La generación del 68 jugó un papel fundamental en el desarrollo del capitalismo a finales de los años 70, al levantar la última barrera contra el comercialismo irrestricto: los valores tradicionales».
Y sin embargo el espíritu de 1968, con su tonta denuncia de la empresa privada y su glorificación de terroristas de signo socialista, también propició un conformismo que explica en buena parte el declive francés de las últimas décadas.
Los herederos del mayo de 68 son hoy "los guardianes del privilegio":
- estudiantes,
- empleados públicos y
- sindicalistas franceses
que protestan contra los muy tímidos intentos del presidente Nicolas Sarkozy de modernizar la burocracia (e intelectuales que les proporcionan respetabilidad académica).
En 1968, los estudiantes querían liberarse del Estado. Actualmente, quieren seguridad... pagada por el Estado. Lo que en 1968 fue una revuelta contra la autoridad se ha convertido en la sacralización del poder estatal.
En otros países, hemos visto un efecto algo parecido. En los Estados Unidos, quienes protestaban contra la autoridad y la inequidad en los predios universitarios lo hicieron cuando Lyndon Jonson dirigía el mayor aumento del poder del Estado registrado desde el «New Deal» de F. D. Roosevelt. Más tarde, provocaron una reacción conservadora contra los excesos de la «contracultura» que causó una confusión entre política y religión por obra de un movimiento evangélico que, bajo el disfraz de los valores tradicionales, buscó imponer su proyecto moral al resto de la sociedad.
La contradicción es visible en el propio presidente francés. Sarkozy desafió todas las convenciones sociales al casarse con la modelo italiana Carla Bruni a poco de su segundo divorcio y convertir su primer año en el gobierno en un asunto de la prensa del corazón.
Andre Gluckman, un ex «soixante-huitard» («sesentayochista»), afirmó que el presidente francés «no sabe cuánto le debe a la revolución mental o moral de 1968. Sin el 68, un hombre divorciado, un hombre con sus antecedentes, jamás hubiese llegado al palacio presidencial». Se refería a sus antecedentes de judío e inmigrante. Pero, por otra parte, Sarkozy ha renegado de su promesa de acabar con la semana laboral de 35 horas y encabezar otras reformas, exhibiendo en esto un conformismo que no difiere mucho del de sus predecesores.
En marzo de 1968, el ministro de la Juventud y los Deportes de Francia fue encarado en la Universidad Nanterre por un estudiante pelirrojo que se quejaba de que hombres y mujeres no pudiesen compartir los dormitorios. «Si usted tiene un problema sexual, vaya y tome una ducha fría», fue su famosa respuesta a Cohn-Bendit, conocido como Daniel el Rojo.
Pocas semanas después, la revuelta estudiantil capturó la imaginación del mundo. Cuarenta años más tarde, parecería que el movimiento estudiantil francés y sus herederos aceptaron tomarse tomar esa ducha, aplacando con ella su apetito de cambio.
ÁLVARO VARGAS LLOSA - "ABC" - Madrid - 6-Jun-2008
- ¿Fue mayo del 68 un asalto anarquista contra toda forma de autoridad, como creen algunos libertarios?
- ¿Fue una embestida anticonservadora, como predicó su dirigente más visible, Daniel Cohn-Bendit?
- ¿Fue un intento por rescatar a la izquierda del estalinismo, lo que explicaría la oposición de los sindicatos comunistas a los estudiantes?
- ¿Fue un acto de hipocresía de jóvenes manifestantes que vivaban al Che Guevara y a Mao al tiempo que vituperaban el autoritarismo de Charles de Gaulle y a los herederos europeos de Stalin?
- ¿Se trató apenas de una rabieta de niños bien que arrancaron los adoquines del Barrio Latino porque no soportaban el aburrimiento?
- ¿O fue, como aquellos eslóganes nos invitan a pensar, un ruidoso pretexto para la poesía
- «La imaginación al poder»,
- «Está prohibido prohibir»,
- «Todos somos judíos alemanes»?
Fue todo eso, es decir: una gran contradicción. Cuarenta años después, el legado es también contradictorio. A pesar de que la revuelta duró pocas semanas y el general De Gaulle venció abrumadoramente en los comicios legislativos que se vio obligado a convocar, el espíritu individualista de aquella rebelión hizo mucho por liberar las costumbres europeas del corsé en el que estaban atrapadas.
Al hacerlo, acaso ayudaron -vaya paradoja- a acelerar la globalización de Francia. Nadie lo expresa mejor que el académico francés Serge Audier: «La generación del 68 jugó un papel fundamental en el desarrollo del capitalismo a finales de los años 70, al levantar la última barrera contra el comercialismo irrestricto: los valores tradicionales».
Y sin embargo el espíritu de 1968, con su tonta denuncia de la empresa privada y su glorificación de terroristas de signo socialista, también propició un conformismo que explica en buena parte el declive francés de las últimas décadas.
Los herederos del mayo de 68 son hoy "los guardianes del privilegio":
- estudiantes,
- empleados públicos y
- sindicalistas franceses
que protestan contra los muy tímidos intentos del presidente Nicolas Sarkozy de modernizar la burocracia (e intelectuales que les proporcionan respetabilidad académica).
En 1968, los estudiantes querían liberarse del Estado. Actualmente, quieren seguridad... pagada por el Estado. Lo que en 1968 fue una revuelta contra la autoridad se ha convertido en la sacralización del poder estatal.
En otros países, hemos visto un efecto algo parecido. En los Estados Unidos, quienes protestaban contra la autoridad y la inequidad en los predios universitarios lo hicieron cuando Lyndon Jonson dirigía el mayor aumento del poder del Estado registrado desde el «New Deal» de F. D. Roosevelt. Más tarde, provocaron una reacción conservadora contra los excesos de la «contracultura» que causó una confusión entre política y religión por obra de un movimiento evangélico que, bajo el disfraz de los valores tradicionales, buscó imponer su proyecto moral al resto de la sociedad.
La contradicción es visible en el propio presidente francés. Sarkozy desafió todas las convenciones sociales al casarse con la modelo italiana Carla Bruni a poco de su segundo divorcio y convertir su primer año en el gobierno en un asunto de la prensa del corazón.
Andre Gluckman, un ex «soixante-huitard» («sesentayochista»), afirmó que el presidente francés «no sabe cuánto le debe a la revolución mental o moral de 1968. Sin el 68, un hombre divorciado, un hombre con sus antecedentes, jamás hubiese llegado al palacio presidencial». Se refería a sus antecedentes de judío e inmigrante. Pero, por otra parte, Sarkozy ha renegado de su promesa de acabar con la semana laboral de 35 horas y encabezar otras reformas, exhibiendo en esto un conformismo que no difiere mucho del de sus predecesores.
En marzo de 1968, el ministro de la Juventud y los Deportes de Francia fue encarado en la Universidad Nanterre por un estudiante pelirrojo que se quejaba de que hombres y mujeres no pudiesen compartir los dormitorios. «Si usted tiene un problema sexual, vaya y tome una ducha fría», fue su famosa respuesta a Cohn-Bendit, conocido como Daniel el Rojo.
Pocas semanas después, la revuelta estudiantil capturó la imaginación del mundo. Cuarenta años más tarde, parecería que el movimiento estudiantil francés y sus herederos aceptaron tomarse tomar esa ducha, aplacando con ella su apetito de cambio.
ÁLVARO VARGAS LLOSA - "ABC" - Madrid - 6-Jun-2008
Hay dos Argentinas y una sola realidad
Los príncipes, en medio de tanta felicidad, me parecen, sin embargo, merecer el nombre de infelicísimos, porque están privados de oír la verdad.
Se me dirá que los oídos de los príncipes aborrecen la verdad, y que ésta es la causa de que huyan de los sabios, porque temen quizá, tropezar con alguien que se atreva a decirles algo verdadero antes que divertido" - "Elogio de la Locura" - Erasmo de Rotterdam -1515
Durante la inauguración de la segunda turbina de la central Gral. Belgrano, la presidenta, Cristina F. de Kirchner dijo que “acá hay dos argentinas:
- una que trabaja y
- otra que habla y se escucha a si misma”
y, a decir verdad, tiene mucha razón.
En materia energética, si nos atenemos a la versión de la Argentina “que habla y se escucha a sí misma”, no hay ninguna crisis, ni mucho menos desabastecimiento. Las dificultades, definidas como meros problemas “logísticos”, no revelan la falta de inversiones en estos años sino que se originan en la magnitud de una demanda disparada por las tasas “chinas” de crecimiento económico, acompañadas por el mayor consumo basado la eliminación de la pobreza merced a la eficiencia y a la distribución equitativa del ingreso dentro del país. Según esa misma Argentina, no habría cortes de energía durante 2008
Sin embargo, la otra Argentina -la que “trabaja”- tiene una percepción diametralmente opuesta de la realidad.
Desde hace tiempo que soporta un desabastecimiento creciente de combustibles líquidos (naftas y gasoil). Ya quebraron miles de estaciones de servicio. Según los representantes de los expendedores, los faltantes alcanzan a 20 provincias; por ejemplo, la ciudad de la Plata –capital de la Provincia de Buenos Aires- se encuentra sin combustibles al momento de escribir esta editorial; y, en consecuencia, están paralizados los móviles policiales, ambulancias y bomberos.
Está claro que, de no ser por los 80 días que lleva el paro del sector agropecuario, el sistema de comercialización y distribución de combustibles líquidos hubiera colapsado completamente, ya que faltan más de 2.000.000 de metros cúbicos.
La Argentina “oficial” asegura que, dentro de tres meses, llegarán 600.000 metros cúbicos de gasoil comprados en Venezuela a muy alto precio y financiado con tasas muy costosas. Estas operaciones han convertido al país caribeño en el principal prestamista de Argentina dando origen a una deuda, que ascendió a 5500 millones de dólares durante la gestión de Néstor Kirchner y se incrementó en 500 en los primeros meses de su esposa.
En la Argentina “que trabaja” el GNC, que representa una alternativa económica, también registra severos cortes y es difícil cargar este combustible apenas transcurridos tres días de bajas temperaturas y habiendo cortado completamente las exportaciones a Chile y el suministro a casi 800 empresas.
A pesar de la dramática caída de las reservas y de la producción de petróleo, la política que se sigue estimula el aumento del consumo de hidrocarburos que no se reponen. Con las retenciones, se ha quitado a las provincias petroleras una porción importantísima de sus ingresos, porque como es sabido este tipo de impuesto sólo engrosa las arcas del gobierno central que, sin ser el propietario de los recursos, se apropia de la mayor parte de la renta.
Como vocero de la Argentina “que habla y sólo se escucha a si misma” el Ministro de Planificación, Arq. Julio De Vido aseguró que el sistema eléctrico estaba “más fuerte que nunca”. Sin embargo, CAMMESA, la empresa mixta que administra el sistema eléctrico nacional, no publicó el mes pasado, por primera vez en su historia, su informe de riesgos para el período abril-septiembre.
En esa misma Argentina se produjo un espontáneo “aplauso para San Pedro” cuando se anunció que “llovía en el Comahue”. Y el santo se lo merecía, porque el mes pasado nos regaló un promedio de tres grados por encima de la temperatura media histórica, que permitió retrasar los inevitables cortes de gas y electricidad.
En cambio en la Argentina “que trabaja” siguen “fuera de combate” más de 6.000 MW, mientras los “muchachos” de Moreno están presionando con su estilo característico a las industrias para que reduzcan su consumo al máximo. Esta Argentina, además del la benevolencia del clima, depende del costoso auxilio del Brasil.
Pese a la ayuda del cielo y de los brasileros, bastaron pocos días de bajas temperaturas para que el sistema quedara al borde del desastre casi sin ningún margen de reserva. Si el consumo hubiera subido 100 MW más de los 18.613 registrados en el récord, el sistema hubiera debido recurrir a la aplicación de cortes generalizados. Y nos encaminamos a superar esa cifra.
La “Argentina que sólo habla” se maneja con su versión de la inflación “oficial” que resulta apenas un tercio de la real, que destruye los ingresos y el nivel de vida de la “Argentina que trabaja”.
La Argentina “que sólo habla”, mientras mantiene prioridades esotéricas como
- el tren bala,
- la adquisición un nuevo y suntuoso avión,
- los viajes principescos y
- el fasto innecesario y dispendioso,
- reparte subsidios y contratos entre un pequeño grupo de amigos y adictos.
Entre tanto, la “otra” Argentina, convive diariamente con degradación de una infraestructura colapsada de servicios públicos precarios e insuficientes.
Entre ambas realidades, existen también grandes diferencias económicas.
Por ejemplo, pagamos a un productor argentino de gas 1,40 dólares por MMBTU, a nuestro gran aliado “boliviano” 7,8 dólares por MMBTU y al gas que se regasificará en Bahía Blanca contratado por ENARSA 19,50 dólares por MMBTU.
El fuel oil que se adquiere al otro aliado (Venezuela) para reemplazar al gas que no hemos desarrollado, lo pagamos 400% más caro aún, y para colmo no guarda los parámetros de calidad necesarios.
Un panorama similar acontece con la electricidad. Un generador argentino cobra 25 dólares por MW/h suministrado –y lo recibe con un año de atraso-; la energía comprada a Brasil se paga a razón de 330 dólares por MW/h y en las últimas licitaciones de ENARSA se pagará a los empresarios “aliados” una cifra cercana a los 350 dólares por MW/h.
Podríamos pasar horas desarrollando este contrapunto de disparidades entre esas dos visiones de la realidad. Pero lo cierto es que no hay dos sino una única Argentina, muy real y concreta. La otra es tan sólo un espejismo, una fantasía o una locura.
Carlos J. Aga - "Portal Energético Internacional" - Martínez - 6-Jun-2008
Se me dirá que los oídos de los príncipes aborrecen la verdad, y que ésta es la causa de que huyan de los sabios, porque temen quizá, tropezar con alguien que se atreva a decirles algo verdadero antes que divertido" - "Elogio de la Locura" - Erasmo de Rotterdam -1515
Durante la inauguración de la segunda turbina de la central Gral. Belgrano, la presidenta, Cristina F. de Kirchner dijo que “acá hay dos argentinas:
- una que trabaja y
- otra que habla y se escucha a si misma”
y, a decir verdad, tiene mucha razón.
En materia energética, si nos atenemos a la versión de la Argentina “que habla y se escucha a sí misma”, no hay ninguna crisis, ni mucho menos desabastecimiento. Las dificultades, definidas como meros problemas “logísticos”, no revelan la falta de inversiones en estos años sino que se originan en la magnitud de una demanda disparada por las tasas “chinas” de crecimiento económico, acompañadas por el mayor consumo basado la eliminación de la pobreza merced a la eficiencia y a la distribución equitativa del ingreso dentro del país. Según esa misma Argentina, no habría cortes de energía durante 2008
Sin embargo, la otra Argentina -la que “trabaja”- tiene una percepción diametralmente opuesta de la realidad.
Desde hace tiempo que soporta un desabastecimiento creciente de combustibles líquidos (naftas y gasoil). Ya quebraron miles de estaciones de servicio. Según los representantes de los expendedores, los faltantes alcanzan a 20 provincias; por ejemplo, la ciudad de la Plata –capital de la Provincia de Buenos Aires- se encuentra sin combustibles al momento de escribir esta editorial; y, en consecuencia, están paralizados los móviles policiales, ambulancias y bomberos.
Está claro que, de no ser por los 80 días que lleva el paro del sector agropecuario, el sistema de comercialización y distribución de combustibles líquidos hubiera colapsado completamente, ya que faltan más de 2.000.000 de metros cúbicos.
La Argentina “oficial” asegura que, dentro de tres meses, llegarán 600.000 metros cúbicos de gasoil comprados en Venezuela a muy alto precio y financiado con tasas muy costosas. Estas operaciones han convertido al país caribeño en el principal prestamista de Argentina dando origen a una deuda, que ascendió a 5500 millones de dólares durante la gestión de Néstor Kirchner y se incrementó en 500 en los primeros meses de su esposa.
En la Argentina “que trabaja” el GNC, que representa una alternativa económica, también registra severos cortes y es difícil cargar este combustible apenas transcurridos tres días de bajas temperaturas y habiendo cortado completamente las exportaciones a Chile y el suministro a casi 800 empresas.
A pesar de la dramática caída de las reservas y de la producción de petróleo, la política que se sigue estimula el aumento del consumo de hidrocarburos que no se reponen. Con las retenciones, se ha quitado a las provincias petroleras una porción importantísima de sus ingresos, porque como es sabido este tipo de impuesto sólo engrosa las arcas del gobierno central que, sin ser el propietario de los recursos, se apropia de la mayor parte de la renta.
Como vocero de la Argentina “que habla y sólo se escucha a si misma” el Ministro de Planificación, Arq. Julio De Vido aseguró que el sistema eléctrico estaba “más fuerte que nunca”. Sin embargo, CAMMESA, la empresa mixta que administra el sistema eléctrico nacional, no publicó el mes pasado, por primera vez en su historia, su informe de riesgos para el período abril-septiembre.
En esa misma Argentina se produjo un espontáneo “aplauso para San Pedro” cuando se anunció que “llovía en el Comahue”. Y el santo se lo merecía, porque el mes pasado nos regaló un promedio de tres grados por encima de la temperatura media histórica, que permitió retrasar los inevitables cortes de gas y electricidad.
En cambio en la Argentina “que trabaja” siguen “fuera de combate” más de 6.000 MW, mientras los “muchachos” de Moreno están presionando con su estilo característico a las industrias para que reduzcan su consumo al máximo. Esta Argentina, además del la benevolencia del clima, depende del costoso auxilio del Brasil.
Pese a la ayuda del cielo y de los brasileros, bastaron pocos días de bajas temperaturas para que el sistema quedara al borde del desastre casi sin ningún margen de reserva. Si el consumo hubiera subido 100 MW más de los 18.613 registrados en el récord, el sistema hubiera debido recurrir a la aplicación de cortes generalizados. Y nos encaminamos a superar esa cifra.
La “Argentina que sólo habla” se maneja con su versión de la inflación “oficial” que resulta apenas un tercio de la real, que destruye los ingresos y el nivel de vida de la “Argentina que trabaja”.
La Argentina “que sólo habla”, mientras mantiene prioridades esotéricas como
- el tren bala,
- la adquisición un nuevo y suntuoso avión,
- los viajes principescos y
- el fasto innecesario y dispendioso,
- reparte subsidios y contratos entre un pequeño grupo de amigos y adictos.
Entre tanto, la “otra” Argentina, convive diariamente con degradación de una infraestructura colapsada de servicios públicos precarios e insuficientes.
Entre ambas realidades, existen también grandes diferencias económicas.
Por ejemplo, pagamos a un productor argentino de gas 1,40 dólares por MMBTU, a nuestro gran aliado “boliviano” 7,8 dólares por MMBTU y al gas que se regasificará en Bahía Blanca contratado por ENARSA 19,50 dólares por MMBTU.
El fuel oil que se adquiere al otro aliado (Venezuela) para reemplazar al gas que no hemos desarrollado, lo pagamos 400% más caro aún, y para colmo no guarda los parámetros de calidad necesarios.
Un panorama similar acontece con la electricidad. Un generador argentino cobra 25 dólares por MW/h suministrado –y lo recibe con un año de atraso-; la energía comprada a Brasil se paga a razón de 330 dólares por MW/h y en las últimas licitaciones de ENARSA se pagará a los empresarios “aliados” una cifra cercana a los 350 dólares por MW/h.
Podríamos pasar horas desarrollando este contrapunto de disparidades entre esas dos visiones de la realidad. Pero lo cierto es que no hay dos sino una única Argentina, muy real y concreta. La otra es tan sólo un espejismo, una fantasía o una locura.
Carlos J. Aga - "Portal Energético Internacional" - Martínez - 6-Jun-2008
jueves, 5 de junio de 2008
Las retenciones ¿son impuestos?
Técnicamente las retenciones no son impuestos. Son instrumentos de política económica que se utilizan para obtener tipos de cambio diferenciados según el producto. El tipo de cambio expresa en moneda nacional el precio de la moneda extranjera.
En el caso actual de Argentina, se estableció un tipo de cambio elevado para favorecer las exportaciones industriales y desincentivar las importaciones.
Luego ese valor se ha corregido, en las exportaciones agroindustriales, aplicando retenciones. Sin embargo, como argumentaremos a continuación, cuando las retenciones superan cierto límite se convierten en verdaderos impuestos.
La mejor manera de entender el modo en que operan las retenciones es con un ejemplo.
Actualmente el tipo de cambio del dólar está situado en torno a los 3,10 pesos debido a la intervención del Banco Central que compra dólares para mantener elevado el tipo de cambio.
La intervención del Banco Central se debe al deseo de las autoridades de promover las exportaciones industriales, desestimular las importaciones en general y con ello favorecer el empleo nacional.
Analicemos qué pasaría si el Banco Central dejara de intervenir.
En este caso, el valor del dólar en el mercado, debido a la sobreoferta, descendería. Imaginemos que el valor del dólar desciende hasta 1,90 peso como resultado del libre juego de oferta y demanda en el mercado. Ese "precio de equilibrio" sería el precio por dólar exportado que recibirían los productos agroindustriales. Es el equivalente a una retención del 40% sobre el valor actual del tipo de cambio (3,17 pesos menos 40% = 1,90 peso).
Del ejemplo podemos extraer
- Una primera conclusión: Cuando el nivel de la retención no hace más que corregir el tipo de cambio artificialmente logrado por la intervención del Banco Central, estamos en el terreno técnico de las retenciones.
Los ingresos reales de los agroexportadores no se ven perjudicados por las retenciones, puesto que se limitan a corregir una distorsión provocada del tipo de cambio de equilibrio sin afectar el valor real de sus exportaciones.
Ahora bien: imaginemos que las retenciones se elevan al 60%.
En este caso la retención no se limita a corregir el tipo de cambio, sino que el exceso sobre el "precio de equilibrio" –el 20% en nuestro ejemplo– persigue un propósito claramente recaudatorio.
El problema es que se está enmascarando un impuesto introducido de un modo ilegal. Los impuestos deben ser aprobados por el Parlamento y no pueden ser establecidos por simple decreto.
Por otra parte, los impuestos no pueden ser confiscatorios, es decir que existen límites constitucionales al tipo impositivo resultante.
Determinar el límite que convierte a una retención "técnica" en un impuesto no es tarea sencilla. Sin embargo existe una fórmula que permitiría
- al Gobierno preservar sus objetivos recaudatorios y
- a los productores evitar el efecto confiscatorio.
Sería: Considerar las retenciones que superan el valor de equilibrio del tipo de cambio como anticipos del impuesto a las ganancias o al impuesto de sociedades.
Serían equivalentes a las "retenciones en la fuente de origen" que en Europa están obligados a efectuar quienes hacen un pago por dividendos, intereses, arrendamientos u honorarios profesionales.
De esta manera la Hacienda pública debería devolver luego a los productores, al declarar el impuesto, los excedentes pagados por encima del tipo impositivo máximo que le sea legalmente aplicable.
De este modo nadie pagaría un impuesto superior al 35% de sus beneficios. Por otra parte, se acabaría con la economía informal, puesto que para recuperar el anticipo impositivo los agricultores deberían hacer la correspondiente declaración fiscal.
El eje del cuestionamiento a las retenciones pasa por rechazar el valor aparentemente confiscatorio que han alcanzado.
- Los productores agrarios no cuestionan la existencia de retenciones sino el nivel elevado al que han llegado con el último decreto del Ejecutivo.
- Los defensores del Gobierno se ufanan en demostrar, mediante discutibles operaciones de ingeniería contable, que los productores de soja obtienen unas rentas extraordinarias de las que sería justo apropiarse.
Pero esto no es correcto.
En una economía capitalista como la nuestra, no existe límite legal al beneficio que pueda obtenerse por la realización de cualquier actividad autorizada.
La única obligación legal consiste en abonar el tributo correspondiente, que en el caso del Impuesto de Sociedades es el 35% del beneficio neto.
Mucho de los conflictos que estallan en Argentina están vinculados a la dificultad crónica de los actores relevantes por sujetarse al imperio de la ley.
Si el Gobierno utilizara la vía del Parlamento para establecer nuevos impuestos, se ahorraría algunos problemas. Probablemente evitaría las reacciones airadas de quienes se despiertan un día, encienden la radio y se enteran que un nuevo impuesto se ha sumado al elevado peso que ya soportan sus espaldas.
Aleardo F. Laría - "La Capital" - Mar del Plata - 5-Jun-2008
En el caso actual de Argentina, se estableció un tipo de cambio elevado para favorecer las exportaciones industriales y desincentivar las importaciones.
Luego ese valor se ha corregido, en las exportaciones agroindustriales, aplicando retenciones. Sin embargo, como argumentaremos a continuación, cuando las retenciones superan cierto límite se convierten en verdaderos impuestos.
La mejor manera de entender el modo en que operan las retenciones es con un ejemplo.
Actualmente el tipo de cambio del dólar está situado en torno a los 3,10 pesos debido a la intervención del Banco Central que compra dólares para mantener elevado el tipo de cambio.
La intervención del Banco Central se debe al deseo de las autoridades de promover las exportaciones industriales, desestimular las importaciones en general y con ello favorecer el empleo nacional.
Analicemos qué pasaría si el Banco Central dejara de intervenir.
En este caso, el valor del dólar en el mercado, debido a la sobreoferta, descendería. Imaginemos que el valor del dólar desciende hasta 1,90 peso como resultado del libre juego de oferta y demanda en el mercado. Ese "precio de equilibrio" sería el precio por dólar exportado que recibirían los productos agroindustriales. Es el equivalente a una retención del 40% sobre el valor actual del tipo de cambio (3,17 pesos menos 40% = 1,90 peso).
Del ejemplo podemos extraer
- Una primera conclusión: Cuando el nivel de la retención no hace más que corregir el tipo de cambio artificialmente logrado por la intervención del Banco Central, estamos en el terreno técnico de las retenciones.
Los ingresos reales de los agroexportadores no se ven perjudicados por las retenciones, puesto que se limitan a corregir una distorsión provocada del tipo de cambio de equilibrio sin afectar el valor real de sus exportaciones.
Ahora bien: imaginemos que las retenciones se elevan al 60%.
En este caso la retención no se limita a corregir el tipo de cambio, sino que el exceso sobre el "precio de equilibrio" –el 20% en nuestro ejemplo– persigue un propósito claramente recaudatorio.
El problema es que se está enmascarando un impuesto introducido de un modo ilegal. Los impuestos deben ser aprobados por el Parlamento y no pueden ser establecidos por simple decreto.
Por otra parte, los impuestos no pueden ser confiscatorios, es decir que existen límites constitucionales al tipo impositivo resultante.
Determinar el límite que convierte a una retención "técnica" en un impuesto no es tarea sencilla. Sin embargo existe una fórmula que permitiría
- al Gobierno preservar sus objetivos recaudatorios y
- a los productores evitar el efecto confiscatorio.
Sería: Considerar las retenciones que superan el valor de equilibrio del tipo de cambio como anticipos del impuesto a las ganancias o al impuesto de sociedades.
Serían equivalentes a las "retenciones en la fuente de origen" que en Europa están obligados a efectuar quienes hacen un pago por dividendos, intereses, arrendamientos u honorarios profesionales.
De esta manera la Hacienda pública debería devolver luego a los productores, al declarar el impuesto, los excedentes pagados por encima del tipo impositivo máximo que le sea legalmente aplicable.
De este modo nadie pagaría un impuesto superior al 35% de sus beneficios. Por otra parte, se acabaría con la economía informal, puesto que para recuperar el anticipo impositivo los agricultores deberían hacer la correspondiente declaración fiscal.
El eje del cuestionamiento a las retenciones pasa por rechazar el valor aparentemente confiscatorio que han alcanzado.
- Los productores agrarios no cuestionan la existencia de retenciones sino el nivel elevado al que han llegado con el último decreto del Ejecutivo.
- Los defensores del Gobierno se ufanan en demostrar, mediante discutibles operaciones de ingeniería contable, que los productores de soja obtienen unas rentas extraordinarias de las que sería justo apropiarse.
Pero esto no es correcto.
En una economía capitalista como la nuestra, no existe límite legal al beneficio que pueda obtenerse por la realización de cualquier actividad autorizada.
La única obligación legal consiste en abonar el tributo correspondiente, que en el caso del Impuesto de Sociedades es el 35% del beneficio neto.
Mucho de los conflictos que estallan en Argentina están vinculados a la dificultad crónica de los actores relevantes por sujetarse al imperio de la ley.
Si el Gobierno utilizara la vía del Parlamento para establecer nuevos impuestos, se ahorraría algunos problemas. Probablemente evitaría las reacciones airadas de quienes se despiertan un día, encienden la radio y se enteran que un nuevo impuesto se ha sumado al elevado peso que ya soportan sus espaldas.
Aleardo F. Laría - "La Capital" - Mar del Plata - 5-Jun-2008
Derribando mitos de la inflación
Desde el año pasado que el tema inflacionario ha vuelto a la primera línea en todo el mundo, lo cual ha sido un verdadero dolor de cabeza para los banqueros centrales. Pero en opinión de algunos analistas, en toda esta historia también hay algunos mitos que vale la pena derribar.
Es la opinión de Alex Patelis, economista internacional de Merrill Lynch, quien se encarga de echar por tierra una serie de "verdades reveladas" sobre este fenómeno global.
1- Atención con la inflación subyacente.
- En primer lugar, la mayoría de los bancos centrales en el mundo pone como objetivo la inflación general, no la subyacente, la cual excluye ciertos precios de combustibles y perecibles.
- En segundo lugar, dice Patelis, si bien es la general la que importa en términos de expectativas -ya que es la que le interesa al consumidor-, se espera que la inflación subyacente se incremente en tres cuartos de los países del mundo.
2- ¿Un shock fruto de la globalización?
Olvídese de esto, dice el experto. Es irrelevante de dónde provino el shock. Un banco central tiene el control absoluto sobre los niveles de precios a nivel doméstico, y puede compensar efectos externos si lo desea.
Si algunos países están equivocadamente impulsando presiones inflacionarias, eso no es excusa para que los bancos centrales no enfrenten el shock.
3- No culpemos a las materias primas.
El incremento en inflación no se trata sólo de commodities. Hemos utilizado 10 maneras diferentes de analizar la inflación, siete de ellas señalan una "inflación burbujeante".
Conclusión: - La política monetaria global es demasiado laxa.
- "Hoy, esto se manifiesta en crecientes precios de commodities.
- Mañana pueden caer, y algún otro grupo de productos crecerá".
Opinión - "El Mercurio" - Santiago de Chile - 5-Jun-2006
Es la opinión de Alex Patelis, economista internacional de Merrill Lynch, quien se encarga de echar por tierra una serie de "verdades reveladas" sobre este fenómeno global.
1- Atención con la inflación subyacente.
- En primer lugar, la mayoría de los bancos centrales en el mundo pone como objetivo la inflación general, no la subyacente, la cual excluye ciertos precios de combustibles y perecibles.
- En segundo lugar, dice Patelis, si bien es la general la que importa en términos de expectativas -ya que es la que le interesa al consumidor-, se espera que la inflación subyacente se incremente en tres cuartos de los países del mundo.
2- ¿Un shock fruto de la globalización?
Olvídese de esto, dice el experto. Es irrelevante de dónde provino el shock. Un banco central tiene el control absoluto sobre los niveles de precios a nivel doméstico, y puede compensar efectos externos si lo desea.
Si algunos países están equivocadamente impulsando presiones inflacionarias, eso no es excusa para que los bancos centrales no enfrenten el shock.
3- No culpemos a las materias primas.
El incremento en inflación no se trata sólo de commodities. Hemos utilizado 10 maneras diferentes de analizar la inflación, siete de ellas señalan una "inflación burbujeante".
Conclusión: - La política monetaria global es demasiado laxa.
- "Hoy, esto se manifiesta en crecientes precios de commodities.
- Mañana pueden caer, y algún otro grupo de productos crecerá".
Opinión - "El Mercurio" - Santiago de Chile - 5-Jun-2006
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