sábado, 29 de octubre de 2011

La Crisis: Islandia, la austeridad, el euro, la conspiración

El peligro de creer que la austeridad es la salvación
Los mercados celebraron el acuerdo que emergió en Bruselas anteayer

De hecho, comparado con lo que podría haber ocurrido -un ruidoso fracaso para alcanzar consensos-, la situación de que los líderes europeos hayan estado de acuerdo en algo, por más vagos que sean los detalles, es un acontecimiento positivo.
Sin embargo vale la pena tomar distancia para ver el cuadro más amplio, es decir,
- el abyecto fracaso de una doctrina económica,
- una doctrina que provocó graves daños tanto en Europa como en Estados Unidos.
Esa doctrina se basa en la afirmación de que,
- en el período subsiguiente a una crisis financiera,
- los bancos deben ser rescatados pero
- el público en general debe pagar el precio.
Así, una crisis generada por la falta de regulación se convierte en una razón para desplazarse aún más a la derecha;
- una época de desempleo masivo, en vez de estimular esfuerzos públicos destinados a
crear empleos,
- se convierte en una era de austeridad, en la que se recortan los gastos del gobierno y
los programas sociales.
Esta doctrina se impuso porque, según se decía, no había alternativas -
- que tanto los rescates como los recortes del gasto eran necesarios para satisfacer a
los mercados- y
- se alegaba que la austeridad fiscal en realidad crearía empleos.
La idea era que
- el recorte de los gastos infundiría mayor confianza tanto a los consumidores como a las empresas.
Y esa confianza supuestamente
- estimularía los gastos privados, más que compensar los efectos depresores de los
ajustes gubernamentales.
Algunos economistas no estaban convencidos. Un crítico cáustico se refirió a los supuestos efectos expansionistas de la austeridad como algo equivalente a la creencia en "la confianza en los cuentos de hadas". Bueno, sí... ese crítico era yo.
Pero, no obstante, la doctrina ha sido extremadamente influyente.
La austeridad expansionista, en particular, es defendida tanto por los republicanos del Congreso como por el Banco Central Europeo, que el año pasado urgió a todos los gobiernos europeos a abocarse a la "consolidación fiscal".
Y el año pasado también, cuando David Cameron se convirtió en premier inglés, inmediatamente se embarcó en un programa de recortes de gastos, en la convicción de que estimularía la economía.
Su decisión fue recibida con elogios por muchos entendidos estadounidenses.
Ahora, sin embargo, pueden verse los resultados, y el cuadro no es lindo.
Grecia fue empujada por sus medidas de austeridad a un bache aún más profundo, y esa caída fue la razón que, según concluía un informe clasificado dirigido a los líderes europeos, determina que
- el programa existente en ese país sea impracticable.
- La economía británica se ha estancado bajo el impacto de la austeridad, y
- la confianza, tanto de las empresas como de los consumidores, cayó.
Tal vez lo más revelador es lo que ahora pasa por ser una historia de éxito. Unos meses atrás varios expertos empezaron a celebrar los logros de Letonia, que tras sufrir una terrible recesión, logró reducir su déficit presupuestario y convencer a los mercados de que era un país fiscalmente sólido.
Eso fue, por cierto, impresionante, pero se produjo al costo del 16% de desempleo.
Entonces,
- rescatar a los bancos mientras se castiga a los trabajadores
- no es una receta para la prosperidad.
- ¿Pero acaso había otra alternativa?
Por eso estoy en Islandia, un país que hizo algo diferente.
Si usted lee habitualmente notas sobre la crisis o ve documentales sobre el tema sabrá que se suponía que Islandia debería ser la cara del desastre económico:
- sus desenfrenados banqueros cargaron al país de enormes deudas y
- dejaron a la nación en una situación desesperada.
Pero algo divertido ocurrió en el camino hacia el Armagedón económico:
- la misma desesperación de Islandia volvió imposible cualquier conducta convencional,
- liberó así a la nación y le permitió transgredir las reglas.
- Mientras todos rescataron a los banqueros, haciendo que el público pagara el precio,
- Islandia dejó que las instituciones cayeran y amplió su red social de seguridad.
- Mientras todos trataban de apaciguar a los inversores,
- Islandia impuso controles provisionales sobre el movimiento de capital para darse lugar
para poder maniobrar.
- ¿Y cómo resultó?
- Islandia no evitó daños económicos de envergadura ni una caída significativa de los
estándares de vida.
Pero sí
- consiguió limitar el aumento del desempleo y el sufrimiento de los más vulnerables;
- la red social de seguridad sobrevivió intacta, al igual que
- la decencia básica de su sociedad.
Cuando todo el mundo esperaba un absoluto desastre, todo eso representó un éxito político.
Y hay allí una lección para el resto de nosotros:
- el sufrimiento que enfrentan nuestros ciudadanos es innecesario.
- Si esta es una época de penuria y de una sociedad mucho más dura, fue por elección.
- No tenía y no tiene por qué ser de esa manera.
Paul Krugman - La Nación - Buenos Aires - 29-Oct-2011

1,42: La cifra inexplicable
A modo de hipótesis, aunque sin más base que la vigente distribución de los Nobel de Economía, voy a admitir que Paul Krugman sabe más economía que yo, y por eso voy a hacerle una pregunta que mucha gente se hace cada día al final de los telediarios:
- si el euro está a punto de derrumbarse,
- si fue un error crearlo,
- si el BCE está en la huerta y no ve las berzas,
- si el déficit de gobernabilidad de la UE está enquistando todos los problemas económicos
de Europa, y
- si todos los que no son europeos saben más economía que los doctores del Viejo Continente,
- ¿por qué el euro se niega a bajar y cotiza a 1,42 dólares?

Antes de que Krugman se sonría benévolamente y con lástima, quiero advertirle que
- la teoría de que las catástrofes también pueden ser oportunidades ya está descontada, y
que por eso retruco con mi pregunta de lego para llevar la extrañeza un poco más allá:
- si la crisis actual ha provocado una pandemia de desconfianzas y huidas,
- ¿por qué el euro no es sensible a la desconfianza?, y
- ¿por qué sigue siendo más demandado que el dólar en medio de los profundos vaivenes
bursátiles y de la crisis de la deuda soberana que sufren casi todos los países del euro?
Una respuesta elemental puede ser que
- la economía americana no está mejor ni genera más confianza que la europea, y que,
- en ese escenario de empate a cero, es más inteligente diversificar los riesgos que jugarlo todo
a una carta.
Pero esa explicación tampoco es suficiente, porque
- el hecho de que compartamos crisis con el dólar y con Estados Unidos no parece compatible
con que todos los profetas hablen de Europa y de los abismos que la rodean, mientras
se revisten de silencio todos los itinerarios por los que circula el Nuevo Mundo.
Por eso, no pudiendo recurrir ni a los hechos ni a la ignorancia,
- solo me queda como explicación recurrir a la mala fe.
Y desde ese esquema de raciocinio digo que,
- si por el lado de América estamos llenos de teóricos que, bajo la pátina de la excelencia
científica,están en
- el último intento de abortar el euro y de mantener el dólar como
- única moneda global de reserva,
por el lado de Europa estamos ante una enorme caterva de científicos y académicos que, acostumbrados a razonarlo todo desde la óptica americana, e incapaces de sobreponerse al vértigo que genera la diversificación estratégica de las dos orillas del Atlántico,
- están generando una epidemia de autodesprecio y autocrítica que afecta muy negativamente
a la gobernabilidad europea.
Y eso me lleva a la consiguiente afirmación de que
- lo único que no está en crisis -¡mire usted por dónde!- es el euro, que,
- por la grandeza del proyecto que representa, y
- por su propia necesidad intrínseca, tiene la fortaleza que los clásicos consideraban
indestructible
:
- crescere posse malis, que es tanto como levantar vuelo cuando debería hundirse.
Xosé Luis Barreiro Rivas - La Vos de Galicia - Sgo. de Compostela - 29-Oct-2011

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