martes, 12 de enero de 2010

Democracia puta

En estos días actuales las democracias latinoamericanas pasan por una dura prueba, pues con los mismos mecanismos de competencia electoral libre y plural algunos líderes izquierdistas que ganan elecciones se hacen del poder legítimo y desde el día siguiente de su triunfo comienzan a ejecutar sus proyectos de acabar con el sistema político mediante los cuales accedieron su mando.
La eliminación de las normas que limitan el período presidencial es su primera meta a conquistar
.


Tienen la intención de eternizarse en el poder y, con ello, reventar la democracia entendida como la rotación permanente de proyectos políticos y de personas. Pretenden excluir para siempre a todo el que no esté adherido a su partido. Construyen dictaduras con fórmulas “democráticas” y, cuando se sienten fuertes y disponen de los medios, inician el segundo plan: la exportación de su “revolución”.
Internamente, su primera víctima son las Fuerzas Armadas, de la cual se excluye a todo militar que no merezca la completa confianza del nuevo único líder.
Una purga general despoja a las Fuerzas Armadas de los jefes y oficiales institucionalistas, dejándola a cargo de “los leales”.
Después arremete contra el Poder Judicial, realizando las mismas tareas depuratorias para luego, ya con los principales resortes controlados, iniciar el proceso de desmantelamiento de la prensa no alineada y la supresión progresiva de la libertad de expresión.

El resultado final de este procedimiento es la anulación completa, si no la supresión definitiva de toda idea, doctrina, orientación partidaria o movimiento contrario a la ideología oficial de la nueva dictadura.
- Sucumbe la libertad en todas sus formas tradicionales y
- lo que resta es un pueblo indefenso sometido a sus nuevas cadenas.
Se confía en que el transcurso del tiempo borrará pronto el recuerdo de la democracia anterior y el beneficio del goce de sus libertades y, entonces, un pueblo atontado, obligado a trabajar para sobrevivir y para alimentar al Partido, a reprimir sus dudas, inquietudes y oposiciones, acabará convertido en un dócil rebaño de borregos, como bien recordamos los paraguayos que vivimos la era stronista.

Este es el proceso en marcha que vemos actualmente en el panorama político de Venezuela, Bolivia y Ecuador. En particular y más claramente en la primera, donde Hugo Chávez, con ya una década de gobierno, se apresta a dar el golpe final haciéndose coronar gobernante vitalicio imponiendo en el país una nefasta dictadura de corte marxista al estilo del que triunfara y se impusiera en Rusia en 1917, desconociendo el triste final que esos sangrientos regímenes tuvieron después de seis décadas de
- explotar y oprimir a sus pueblos,
- asesinar a sus adversarios y
- poner en grave riesgo la paz mundial.

Hugo Chávez, un dinosaurio que surgió de las cavernas más oscuras de la historia, está a punto de convertirse en amo y señor definitivo de la suerte de su pueblo y de los cuantiosos recursos económicos de su país, excluyéndose de toda competencia real y suprimiendo todo obstáculo que pueda interponerse entre él y su proyecto de vitaliciado.
Tiene, además, el dinero necesario para comprar voluntades y pagar el precio de “lealtades”, dentro y fuera de su país.
Chávez es un dictador, pero UN DICTADOR MUY RICO; dispone hoy del poder absoluto de hacer con el dinero producido por el petróleo lo que se le antoje; ya no tiene encima ninguna contraloría, nadie a quien deba rendir cuentas.
Con su gruesa petrobilletera recorre ahora América Latina y financia partidos, movimientos, organizaciones sociales y campañas electorales.
Lo que no puede comprar, lo alquila o neutraliza. Al gobierno argentino le compra bonos del tesoro de Kirchner que nadie quiere y así puede exhibir sus sonrisas de complicidad, aplausos y abrazos, pasear libremente por ese país pronunciando encendidos discursos llamando a la “revolución popular” y haciendo otros teatros para exportar su dictadura.

Entre los cuales figura en lugar prioritario su desesperada intención de introducirse en el Mercosur para, una vez dentro de él, agilizar su intervencionismo en la política interna de los países miembros, con los cuales ya no tiene ninguna afinidad, porque mal que bien, en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay continúan rigiendo principios básicos del estado de derecho, del régimen democrático y de libertades públicas. Chávez va a pagar en efectivo por su ingreso y tiene billetes a patadas.
Quiere comprarles a Brasil y Argentina lo más barato posible la legitimidad internacional que su pertenencia del Mercosur cree le va a proporcionar.
La pregunta que continuaremos formulando una y otra vez es
- ¿Para qué sirve el Protocolo de Ushuaia que pretendió establecer un compromiso para todos sus estados miembros de conservar intactas las instituciones democráticas?
En este documento Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay declaran que “La plena vigencia de las instituciones democráticas es esencial para el desarrollo de los procesos de integración entre los Estados Partes del presente Protocolo” (Art. 1) y se comprometen formalmente a que “toda ruptura del orden democrático en uno de los Estados Partes del presente Protocolo dará lugar a la aplicación de los procedimientos previstos en los artículos siguientes” (Art. 3).
- ¿Van a admitir a Venezuela, cuyo dictador por anticipado ya se excluyó de dichas cláusulas?
- ¿O lo van a admitir primero para luego aplicarle la “Cláusula Democrática”?

El absurdo y el ridículo rodean a esta intención de prostituir al Mercosur, pero está en marcha y solamente los parlamentarios brasileños y paraguayos tienen en sus manos la posibilidad de impedir esta vergonzosa deserción de los principios fundamentales declarados en nuestras cartas fundamentales y tratados de integración.
A los gobernantes actuales de nuestros países, que tanto cacarean su apego a la democracia y a las libertades fundamentales, y que ciertamente gracias a ellas alcanzaron el poder, ahora les tiemblan las rodillas y se les afilan los dientes a la vista de la deslumbrante petrobilletera abierta de un rústico dictador inescrupuloso, dispuesto a todo, incluyendo el soborno de los “demócratas”. Si nuestros presidentes del Mercosur, aun sabiendo cuál es su obligación histórica con la defensa de los principios y valores políticos que iluminan nuestros pueblos, son capaces de venderse o de liarse en una relación adúltera con un dictador megalómano surgido de las catacumbas de un pasado siniestro,
- tendremos que convenir que nuestras democracias se venden como "auténticas putas".
- No cabe ya una calificación más dura para describirlas.

Editorial - "ABC Digital" - Asunción del Paraguay - 7-Oct-2007

lunes, 11 de enero de 2010

¿Será 2010 el año de Camus?

Nuestro mundo necesita más que nunca la disciplina de la lucidez, la abominación de lo absoluto, el cultivo de la duda y el heroísmo en el comedimiento que caracterizaron al autor de 'El primer hombre'.

- Este nuevo año es "camusiano"?
Me hago esta pregunta porque escribo en el día del quincuagésimo aniversario de la muerte del autor de El primer hombre. La respuesta es "sí". Y no porque los prodigiosos homenajes que se le están dedicando dejen atónitos a quienes saben del purgatorio, e incluso infierno, al que le relegaron durante tanto tiempo la mayoría de los intelectuales franceses. Sino porque el hombre que reflexionó sobre el suicidio, el asesinato, la revolución y la rebelión, imponiéndose como disciplina una lucidez extrema, el pensador que abominó de lo absoluto, cultivó la duda, introdujo heroísmo en el comedimiento y anticipó que en lo sucesivo tendríamos que intentar conservar el mundo en vez de intentar cambiarlo, ese hombre definió un comportamiento y una actitud en vez de un credo.
Y eso es exactamente lo que necesita nuestra época.
Hace ya mucho, además, que
- no oímos a nadie evocar un "futuro mejor",
- ni a los países que van hacia el Sol naciente, celebrar las "primeras mañanas del mundo".
- Tampoco se habla ya de las ilusiones que se originaron tras la caída del Muro de Berlín,
- ni de la muerte de las ideologías,
- ni del fin de la Historia,
- ni del reinado universal de la democracia y la economía de mercado.
Y aquí estamos, privados de sueños y carentes de futuro.

Pasemos a las realidades.
La primera es que, según las conclusiones de la cumbre de la FAO, celebrada en Roma, hay 1.000 millones de personas que sufren de malnutrición.
¡Mil millones! Una cifra extraña y desoladora. Si la cito en primer lugar es porque, desgraciadamente, para los que se hartan de comer, la tentación de considerar esta aterradora constatación de la FAO como una abstracción, producto de una invencible fatalidad, siempre es grande.
Lo mismo que la de pensar que, como el remedio no está a nuestro alcance, podemos dejar para luego la obligación de pensar en ello.
Sin embargo, yo también voy a hacerlo ahora, para evocar el enfrentamiento que domina la escena mundial en este comienzo del siglo XXI.
Antaño, luchamos contra las ideologías marxista y nazi, que se transformaron en religiones. Hoy, en ciertas zonas del mundo, es al revés.
Tenemos que enfrentarnos con unas religiones que se transforman en ideologías:
- el islamismo, sobre todo, que aún golpea en Irak, Afganistán y parte de Pakistán,
- una forma mesiánica del sionismo judeoamericano y
- una mística, la de los evangélicos estadounidenses, que empujó a Georges W. Bush a desencadenar la guerra en Irak.
Este retorno al imperialismo religioso ha cobrado una importancia mucho mayor aún desde la revolución iraní de 1979 y desde que las autoridades de Teherán consolidaron su liderazgo sobre los puestos avanzados del Hezbolá libanés, el Hamás palestino y, ahora, de los rebeldes de Yemen, que amenazan a Arabia Saudí. Varios Estados musulmanes de la región temen a Irán hasta el punto de desear una intervención militar, aunque sea israelí, contra el régimen de los mulás.
Se trata de las relaciones que Occidente mantiene con el islam y que Barack Obama se ha propuesto transformar, en particular con su discurso de junio del pasado año en El Cairo. Pero, sin embargo, hay un hecho que no debemos olvidar nunca:
- Entre el 85% y el 90% de las víctimas de los atentados islamistas son musulmanes.
Junto a la amenaza del "choque de civilizaciones", está la inmensa realidad de una verdadera guerra civil y religiosa.
Seguramente, en la observancia de los cinco mandamientos de Dios establecidos en el Corán, hay factores unitarios que pueden dar pábulo a la ilusión de un poder musulmán cuya fuerza se basa en 1.000 millones de creyentes.
Pero, aunque el islam sea uno, los musulmanes nunca han sido tan diversos ni han estado tan divididos.
De hecho, dos grandes corrientes de pensamiento separan a los partidarios de una interpretación radical, e incluso violenta, del mensaje coránico de aquellos que, por el contrario, pretenden modernizar el islam en vez de islamizar la modernidad.
Un número creciente de musulmanes estima, en efecto, que el islam no tiene nada que perder en adoptar unos valores universales que, equivocadamente, suelen denominarse "occidentales", cuando, a menudo, fueron los orientales quienes contribuyeron a establecerlos.
Esta última constatación nos incita a volver sobre el increíble desbarajuste que ha provocado el Estado sarkozysta al plantear el debate sobre la identidad nacional francesa como lo ha hecho. Peor imposible. Me explico.
Personalmente, yo deseaba que Francia definiera y propusiera la forma republicana de nuestra nación como un ejemplo de éxito, como un recurso positivo a ojos de los millones de musulmanes que luchan contra la regresión islamista.
Desde mi óptica, no se trataba en absoluto de una forma de exclusión, sino de una incitación a transformar a los ciudadanos musulmanes en copartícipes de la fidelidad a una tradición y a un proyecto.
Esos ciudadanos musulmanes comprenden cada vez mejor que, para ofrecer la imagen más moderna posible del islam, la más abierta y fraternal, conviene evitar todos los signos de aislamiento, de separación y repliegue sobre sí mismos.
En otras palabras:
- Todo lo que puede justificar las reacciones más aberrantes, que han ido desde la denuncia de un nuevo fascismo (Emmanuel Todd),
- hasta la investigación de las disfunciones de las leyes para la concesión de la nacionalidad francesa.
Es hora de volver a lo más básico y fundamental. Francia no es un país racista. Si no, todos esos millones de jóvenes magrebíes no soñarían en venir aquí.
No es un país fascista. Si no, nadie tendría la libertad de proferir tal acusación. Como todos pudimos ver en las pantallas televisivas durante las pasadas fiestas navideñas, los best of del año que acaba de terminar demuestran que raramente un jefe de Estado y un Gobierno han sido tan estigmatizados y ridiculizados en Francia como los actuales.
Una vez dicho todo esto, no se comprende por qué iba nadie a prohibirnos plantearnos en Francia las mismas preguntas sobre el islam que se hacen millones de musulmanes en todo el mundo. Por mi parte, yo observo que si bien, por miedo a pasar por islamófobos, muchos franceses no musulmanes se indignan ante la sola idea de que se abra un debate sobre este asunto, por su parte, muchos musulmanes lo aceptan bajo la forma que yo he pretendido preconizar.
En mi vida, he tenido tres buenos amigos entre los grandes escritores francófonos y musulmanes: Kateb Yacine, Mohammed Dib y Rachid Mimouni.
Una de las cuestiones prioritarias para los tres era atajar la ola de regresión islamista, que un día podría alcanzar al islam europeo. (Sobre este último punto, hay que leer o releer el último libro de Kateb Yacine, El poeta como boxeador, publicado a título póstumo en 1994 por Ediciones Seuil).

JEAN DANIEL - Le Nouvel Observateur - Premio Príncipe de Asturias - Madrid - 11-Ene-2010

Camus, el primer hombre
A Albert Camus, cuyo patriotismo no fue más allá de una manera de amar a Francia que consistía en no quererla injusta, y en decírselo, le ha ocurrido con Sarkozy lo que a Borges con los Kirchner.
Ambos han compartido recientemente el destino de los pensadores que la posteridad recupera para el chauvinismo y el orgullo popular. Si, a comienzos del pasado 2009, Borges sufría el propósito del gobierno argentino de repatriar sus restos mortales del cementerio de Plainpalais, en Ginebra, donde reposan, y llevarlos a Buenos Aires para enterrarlos en La Recoleta, a finales del mismo año le tocaba el turno a Camus, a quien el presidente de la República francesa ha querido entronizar como gloria nacional trasladando su sepultura al Panteón de París, donde descansan Voltaire o Zola.
Ambas operaciones, frustradas por la viuda del primero y los hijos del segundo, nos recuerdan que nunca cesa la farsa elogiosa de que suelen ser víctimas, después de muertos, los grandes escritores de la literatura universal, convertidos en motivos de exaltación por gobiernos que, a menudo, encarnan, precisamente, todo lo que su obra y su vida rechazan y escarnecen.
Hoy, cuando apenas han pasado unos días del cincuentenario de su muerte, Albert Camus es la cara amable de una época siniestra, la conciencia desgarrada del período de escritura antifascista y la literatura del compromiso de la que fue un símbolo, el equivalente para la Resistencia de lo que había sido Malraux para los militantes de los años treinta.
Hoy, cuando el tiempo le ha dado la razón en casi todo, es difícil imaginar que el escritor francés de origen argelino nunca fue el pensador sagrado y unánimemente celebrado que Sarkozy ha querido elevar a los altares de La Marsellesa. La resonancia que ahora tienen el nombre y los libros de Camus no debe hacernos pensar que la tarea emprendida por él, recién acabada la Segunda Guerra Mundial, fue una actividad fácil.
El gran narrador,ensayista y autor dramático -por este orden, pienso- se arriesgó
- a mirar a la Historia , cara a cara,
- a encender la luz y
- a desmantelar la penumbra expandida por las coartadas ideológicas de su época.
La Segunda Gran Guerra no produjo, como la Primera, unos Estados totalitarios. Por el contrario, los encontró en su cuna, pero al destruir uno reforzó al otro: al liquidar a Hitler y Mussolini, la Segunda Guerra Mundial llevó al pináculo a Stalin.
En 1945, la Unión Soviética era una de las potencias vencedoras del conflicto, y cualquier duda que el sistema estalinista pudiera despertar parecía irrelevante comparada con el heroísmo del ejército rojo o con los veinte millones de muertos que la invasión alemana le había costado al país.
El hecho de que la patria del comunismo hubiera pagado el precio más alto por esta victoria, en alianza con Inglaterra y los Estados Unidos, naciones madres de las libertades, hizo olvidar
- los procesos de Moscú,
- los campos de concentración o
- los brindis de Molotov y Hitler en 1940.
Los sofistas y los simples pudieron incluso iluminar retrospectivamente esos episodios tenebrosos con la luz del triunfo final. Como Simone de Beauvoir que, comentando el anticomunismo de Koestler en febrero de 1948, escribía: «Se arrepiente de haber dejado de ser comunista, porque ahora van a ganar y quiere estar en el lado de los vencedores.»
Por aquellas fechas, en Europa occidental, el comunismo ya no tenía enemigos declarados. Estos se ocultaban, o callaban, ya que
- la jerga «antifascista» había invadido todo el escenario político,
- instaurando sus mentiras,
- sus eufemismos y sus omisiones.
En Francia, el partido comunista, legitimado por su participación en la Resistencia,
- dictaba la línea política de la izquierda,
- llevaba la iniciativa en el campo cultural, y
- su hegemonía era tan poderosa, tan indiscutida, que cualquier disidencia estaba condenada a la invisibilidad.
O peor, aún, a la etiqueta de complicidad con el creador de la serpiente nazi, el enemigo capitalista.
Nadie podía ser buen demócrata y verdadero antifascista si miraba con hostilidad a la Unión Soviética.
No hay un testigo más fidedigno de este estado provisional de embrutecimiento de la opinión pública en Francia que Albert Camus, quien pagó muy cara su heterodoxia.
Porque el autor de El hombre rebelde se atrevió a romper la malla de la propaganda y de la complacencia, y denunció ese atentado gigantesco, impune y, por ominoso que parezca, cantado y aplaudido, que se llamó Unión Soviética.
Libertario irrecuperable, que aprendió la libertad en la miseria de su infancia argelina y en la resistencia francesa contra la ocupación nazi,Camus batalló para buscar una justicia social concreta, no un paraíso abstracto. Como Orwell, desconfiaba de las ideologías totales, porque tienden a disolver a los seres humanos reales y concretos -los únicos que existen- en bloques sólidos, en categorías absolutas o en meros esclavos del ideal. «Sólo siento aversión», dijo después de publicar El hombre rebelde, «hacia esos servidores de la justicia que piensan que únicamente podemos prestarle un buen servicio a la historia entregando varias generaciones a la injusticia.»
A diferencia de otros intelectuales de su tiempo que acabaron devorados por la política, convertidos en un sello de aprobación en manos marxistas, Camus supo decir no al espíritu de una época marcada a fuego por el miedo: la época del colonialismo, del totalitarismo, del terrorismo.
Y así, gracias a la probidad de su carácter y a la independencia de su pensamiento, acabó por parecerse a los grandes escritores franceses del siglo XIX, un intelectual de la familia de Víctor Hugo o Zola,
- más ejemplar que doctrinario,
- más testigo que juez,
- más contagioso que persuasivo,
- un pensador autónomo, inclasificable y siempre ajeno a la servil elasticidad con el bando propio de gran parte de sus contemporáneos.
De ahí su pelea con Sartre, quien, en una ocasión, le dijo a Camus que, al igual que él, consideraba que los campos de concentración eran intolerables, pero que igualmente intolerable era el uso que de ellos hacía cada día la prensa burguesa.
De ahí su crítica a los compañeros de viaje de la Unión Soviética, que aplicaban su inteligencia a justificar los crímenes de Stalin en nombre de una justicia futura. «Las ideas equivocadas siempre acaban en un baño de sangre», escribió ante la despreocupada propensión del intelectual marxista a fomentar la violencia a una distancia segura de sí mismo, «pero en todos los casos es la sangre de los demás. Por esta razón algunos de nuestros pensadores se sienten libres para decir cualquier cosa.»
Durante el famoso debate que acabó con aquella famosa amistad, Sartre advirtió cruelmente que Camus llevaba consigo un «pedestal portátil». Después llegó el honor del premio Nobel.
Y poco antes de su muerte, un crítico predijo a Camus un destino idéntico al del político ateniense Arístides: que nos cansaríamos de oírle llamar «el Justo». El tiempo no les ha dado la razón.

Y la voz que empezó a hablar con apasionada inteligencia en medio de una Europa destruida por la Segunda Guerra Mundial no se ha callado con la muerte, sigue actuando sobre nosotros como rememoración y advertencia de que la verdadera desesperación no nace frente a una terca adversidad, ni en el agotamiento de una lucha desigual:
-
«proviene de que ya no conocemos las razones para luchar
- ni si, cabalmente, es preciso luchar.»

FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR - "ABC" - Madrid - 12-Ene-2010

domingo, 10 de enero de 2010

Roxxxy: La pareja del futuro

Es la robot sexual que tiene órganos sexuales artificiales.
'Ni cocina ni pasa el aspirador, pero sabe ocuparse del resto', dice su creador
La androide quiere hacer la competencia a las muñecas hinchables.

"No cocina, ni pasa el aspirador, pero sabe ocuparse del resto si entendéis lo que quiero decir...", asegura el inventor de Roxxxy, una muñeca-robot sexual que se ha presentado en el Salón del Erotismo de Las Vegas.
Roxxxy
amenaza con acabar con el reinado de las muñecas hinchables.
De tamaño humano, dotada de una inteligencia artificial y con una piel sintética imitando la humana, Roxxxy ha sido presentada como una exclusiva mundial en la Exposición del Entretenimiento Adulto (ANV) en esta ciudad de Nevada.
"Es una auténtica compañía y tiene su personalidad. Te entiende, te escucha y te habla.

Siente cuando se la toca y también duerme. Hemos intentado reproducir todos los rasgos de la personalidad humana", ha declarado Douglas Hines, un ingeniero que ha trabajado en inteligencia artificial para Bell Labs antes de lanzar a su nueva criatura.
La robot mide 1,73 metros, pesa 54 kilos, usa la copa "C" de sujetador y está preparada para la acción, según asegura Hines.
Roxxxy tiene órganos sexuales artificiales y un esqueleto articulado que se puede animar como el de un humano. Pero, la androide tiene dos pegas:
- no puede mover sus miembros de manera autónoma y
- cuesta entre 7.000 y 9.000 dólares.
Roxxxy está disponible en varias modalidades:
- 'Wild Wendy', con un carácter aventurero y extrovertido;
- 'Frigid Farrah', reservada y tímida;
- 'Mature Martha', con un encanto matriarcal y
- 'S&M Susan', la dominatrix.
La empresa
TrueCompanion quiere desarrollar pronto un muñeco-robot masculino.
Los clientes pueden concebir su propio modelo eligiendo su color de piel, sus cabellos e incluso sus medidas.
"Ella sabe lo que te gusta. Si te gustan los Porsche, a ella le gustan los Porsche. Si te gusta el fútbol, a ella también", asegura Hines.
Roxxxy puede estar conectada a Internet mediante una red inalámbrica para
- recibir actualizaciones,
- sufrir reparaciones e
- incluso enviar correos electrónicos picantes a su propietario.
Los clientes también pueden compartir sus informaciones sobre Roxxxy en la web del fabricante.
Su creador Hines ve a la muñeca-robot no sólo como una innovación en el campo del divertimento erótico, sino también como un instrumento para que personas tímidas que no se atrevan a expresar su sexualidad, tengan experiencias sin tomar riesgos.
Afp - "El Mundo" - Ciencia - Madrid - 10-1-2010

miércoles, 6 de enero de 2010

Sarkozy planta cara a las escuelas de elite francesas

Los centros se niegan a admitir un cupo de estudiantes becados por el Gobierno.

Las Grandes Escuelas francesas, un grupo de más de 200 centros de educación superior paralelas a la universidad, pero bien diferenciadas, vivero de
- dirigentes políticos,
- excelentes ingenieros y
- reputados economistas,
pero acusadas con frecuencia de perpetuar un "elitismo social endogámico", se encuentran en el ojo del huracán político en Francia.
Ahora, la Conferencia de Grandes Écoles (CGE), el órgano que las agrupa y las representa, ha rechazado, mediante un escrito, la intención del presidente Nicolas Sarkozy de que estos centros incluyan siempre un 30% de alumnos becados por el Gobierno por razones económicas.
La ministra de Educación Superior, Valérie Pécresse, considera que de esta manera estos centros exclusivos se abrirían a la sociedad y acogerían en sus aulas a alumnos provenientes de barrios marginales o, simplemente, no muy favorecidos.
Los directores de estas escuelas, agrupados en la CGE, rechazan la medida porque aseguran que
- además de ineficaz,
- acarrearía una automática bajada del nivel,
- con lo que todo el mundo saldría perdiendo
.
"El nivel de los exámenes de acceso deberá seguir siendo el mismo para todos", asegura el escrito de la CGE.
A juicio de los directores de estas escuelas,
- "la democratización de la enseñanza superior es una exigencia de equidad social" y
- ésta debe hacerse "con ayudas individualizadas a candidatos provenientes de entornos desfavorecidos para ayudarles a superar las pruebas" y
- así acceder a estos centros, auténtica fábrica de élites francesas.
Por ejemplo: en la exclusiva Escuela Nacional de Administración (ENA) estudiaron, entre muchos otros políticos de primera línea, los ex presidentes Jacques Chirac y Valéry Giscard d'Estaing y la ex candidata presidencial socialista Ségolène Royal.
Para acceder a uno de estos centros, que están especializados, sobre todo, en economía, negocios o ingeniería, es necesario pasar dos años en una escuela preparatoria y después superar un examen difícil.
Actualmente, el 14% de los estudiantes franceses de enseñanza superior

- se encuentran en una gran escuela de estas o
- en una clase preparatoria para acceder a una.
El temor de los directores de estos centros es que el Gobierno de Sarkozy, que por cierto no estudió en la ENA, les imponga una cuota irreductible que, a su juicio, acabará con el principio republicano de igualdad gracias a una "segunda vía", esto es, saltándose el examen.
La ministra de Educación Superior, Valérie Pecrésse, que no habló de "cuotas", ha asegurado este martes en una radio que actualmente, en Francia, no hay "una apertura suficiente a la sociedad de las grandes escuelas".
Y añadió, dirigiéndose a los responsables de estos centros: "Que no tengan miedo de cambiar los métodos de acogida de los estudiantes becados".
El rechazo de las grandes escuelas a la propuesta del Gobierno ha sido criticado por el comisario gubernamental para la Igualdad de Oportunidades, Yazid Sabeg:

- "Los pobres no amenazan la calidad de esos centros. Mantener eso es escandaloso. Además, deben someterse a una política estatal, ya que gozan de financiación pública".
También lo ha criticado en "Le Monde" Richard Descoings, director del conocido Instituto de Estudios Políticos de París, una gran escuela que desde 2000 emprendió una campaña para acoger, progresivamente, a alumnos provenientes de barrios marginales.

"Ya lo dijo el sociólogo François Dubet:
- Si un alumno pertenece a un medio favorecido, tiene más posibilidades de ser un buen alumno; y
- cuando uno es buen alumno,
- tiene más posibilidades de llegar a un centro de calidad".
Descoings añadió: "Es una reacción antisocial en toda su amplitud:

- la inteligencia, la curiosidad intelectual, la capacidad de trabajo... todo eso pertenece a los ricos así que dejar plaza a becados, a las clases populares, significaría bajar el nivel".
El director de la Escuela de Negocios Audiencia Nantes, Jean Pierre Helfer, ve las intenciones del Gobierno un tanto demagógicas y asegura que el problema se encuentra en otro sitio:
- "La enseñanza superior debe ser para una población diversa socialmente, en eso estamos de acuerdo.
Pero

- No en que el Gobierno imponga una cuota
- ni que cree una vía de acceso paralela porque, así,
- el examen de ingreso pierde sentido, y la igualdad también".

ANTONIO JIMENEZ BARCA - "El País" - Madrid - 6-Ene-2006

Como arreglar el problema de la crisis

Un amigo me envió el siguiente comentario de "Como arreglar el problema de la crisis":

Es agosto en una pequeña ciudad de costa, en plena temporada; cae una lluvia torrencial y hace varios días que la ciudad parece desierta.
Todos tienen deudas y viven a base de créditos.
Por fortuna, llega un ruso forrado y entra en un pequeño hotel con encanto.
- Pide una habitación.
- Pone un billete de 100 euros en la mesa del recepcionista y se va a ver las habitaciones.
- El dueño del hotel agarra el billete y sale corriendo a pagar sus deudas con el carnicero.
- Éste coge el billete y corre a pagar su deuda con el criador de cerdos.
- A su turno éste se da prisa a pagar lo que le debe al proveedor de pienso para animales.
- El del pienso coge el billete al vuelo y corre a liquidar su deuda con la prostituta a la que hace tiempo que no paga. En tiempos de crisis, hasta ella ofrece servicios a crédito.

- La prostituta coge el billete y sale para el pequeño hotel donde había traído a sus clientes las últimas veces y que todavía no había pagado.
En este momento baja el ruso, que acaba de echar un vistazo a las habitaciones, dice que no le convence ninguna, coge el billete y se va.
- Nadie ha ganado un duro, pero

- ahora toda la ciudad vive sin deudas y
- mira el futuro con confianza!

Moraleja: Si el dinero "circula" se acaba la crisis.
Juan Bernardo Montejb - "El País" - Madrid - 6-Ene-2010

Las mujeres y el trabajo: ¡Lo hicimos!

"Rosie the Riveter": "We Can Do It”
Pronto serán el 50% de la fuerza laboral en Estados Unidos
La revolución silenciosa del mundo industrializado: Las mujeres se están apoderando gradualmente del lugar de trabajo.


En una época en que el mundo está escaso de causas para celebrar, aquí hay una candidata dentro de los próximos meses:
- Las mujeres cruzarán el umbral del 50% y
- serán la fuerza laboral mayoritaria de Estados Unidos.
Ellas
ya constituyen
- la mayoría de graduadas universitarias en los países de la OCDE y
- la mayoría de trabajadoras profesionales en varios países ricos, entre éstos Estados Unidos
.
Son mujeres las que dirigen varias de las grandes empresas del mundo, desde PepsiCo en Estados Unidos hasta Areva en Francia.
Esta potenciación económica de la mujer es discutiblemente el cambio social más grande de nuestros tiempos. Hace sólo una generación, ellas estaban en gran medida confinadas a empleos repetitivos, humildes.
Habitualmente estaban sometidas a un sexismo casual y se esperaba que abandonaran su carrera cuando se casaran y tuvieran hijos. Hoy están dirigiendo algunas de las organizaciones que una vez las trataron como ciudadanas de segunda clase.
A millones de mujeres les han entregado más control sobre sus propias vidas. Y se ha puesto en uso más productivamente a millones de cerebros. Las sociedades que tratan de resistir esta tendencia -principalmente los países árabes, pero también Japón y algunos países del sur de Europa- pagarán un fuerte precio en la forma de talento desperdiciado y ciudadanas frustradas.
Esta revolución se ha llevado a cabo con sólo una pizca de fricción. Los hombres, en general, han recibido bien la invasión femenina en el lugar de trabajo. Sin embargo, incluso los cambios más positivos pueden ser incompletos o insatisfactorios. Este avance en particular se produce con dos espinas.
La primera es que las mujeres todavía están subrepresentadas en el liderazgo de las compañías.

Sólo el 2% de los jefes de las empresas más grandes de Estados Unidos y el 5% de sus pares en Gran Bretaña son mujeres. Igualmente reciben un sueldo muchísimo más bajo que el de los hombres en promedio.
La segunda es que el manejo del trabajo y la crianza de los hijos es difícil. Las parejas de clase media habitualmente se quejan de que tienen muy poco tiempo para sus hijos.

Pero los mayores perdedores son los pobres hijos; en especial en lugares como Estados Unidos y Gran Bretaña, que han combinado
- niveles altos de participación femenina en la fuerza laboral
- con una reticencia a gastar dinero público en el cuidado de los niños.

Mejor desempeño
Estos dos problemas están estrechamente relacionados. Muchas mujeres sienten que tienen que elegir entre sus hijos y sus carreras.

Las que tienen éxito en empresas exigentes cuando son veinteañeras disminuyen considerablemente cuando pasan los 30 y luego encuentran que es casi imposible recobrar su primer impulso.
Aquellas menos especializadas están atrapadas en empleos mal pagados con arreglos precarios para el cuidado de los hijos.
La maternidad, no el sexismo, es el problema: en Estados Unidos, las mujeres sin hijos ganan casi tanto como los hombres, pero las madres ganan significativamente menos.

Y la pobreza relativa de esas madres también perjudica a sus hijos.
La demanda por cerebros femeninos está contribuyendo a aliviar algunos de estos problemas. Aun cuando algunas de las nuevas teorías con respecto a que las mujeres afectuosas implican trabajadores inherentemente superiores son palabrerías, varias tendencias favorecen el sexo más educado, lo que incluye

- la "guerra por el talento" y
- la creciente flexibilidad del lugar de trabajo.
Las firmas legales, las consultorías y los bancos están reconsiderando sus sistemas de promoción porque están perdiendo muchas mujeres capaces.
Más del 90% de las compañías en Alemania y Suecia permiten un trabajo flexible. Y la nueva tecnología está facilitando el rediseño laboral de un modo que sea favorable para la familia.
Sin duda, la mujer ha tenido un mejor desempeño durante la última década que el hombre.

En la Unión Europea ellas han ocupado 6 millones de los 8 millones de nuevos empleos que se han creado desde 2000.
En Estados Unidos, tres de cada cuatro personas despedidas desde que empezó la recesión han sido hombres.

Y es probable que continúe el desplazamiento hacia las mujeres: en 2011 habrá 2,6 millones más de estudiantes universitarios mujeres que hombres en Estados Unidos.

La mano del Estado
Todo esto implica principalmente que hay que dejar que el mercado haga su trabajo. Eso no ha impedido que haya peticiones en favor de una intervención fuerte del Estado al modo escandinavo.

Noruega ha utilizado amenazas de cuotas con un efecto dramático. Alrededor del 40% de los legisladores ahí es mujer. Todos los países escandinavos proporcionan abundantes salas-cunas financiadas por el Estado.
Tienen los niveles más altos de empleo femenino en el mundo y muchísimo menos de los problemas sociales que plagan Gran Bretaña y Estados Unidos.

Seguramente, dicen, hay una forma de acelerar la revolución, ¿y mejorar las vidas duras de muchas mujeres trabajadoras y sus hijos?
Si eso significa una intervención masiva, en la forma de programas y beneficios generales para los padres, la respuesta es no.

Para empezar, promover a las personas sobre la base de su sexo no es liberal y es injusto y estigmatiza a sus beneficiarios. Y hay problemas prácticos.
Los extensos períodos de pre y postnatal pueden hacer que las empresas desistan de contratar mujeres, lo cual contribuye a explicar por qué
- la mayoría de mujeres suecas trabaja en el sector público y
- Suecia tiene una proporción más baja de mujeres en gerencia que Estados Unidos.
The Economist - "El Mercurio" - Sgo. de Chile - 6-Ene-2010

lunes, 4 de enero de 2010

Un héroe moderno

UNO de los héroes cruciales de mi adolescencia fue el doctor Rieux, el protagonista de «La peste» de Camus.

Un hombre que se enfrentaba a la vez
- a la epidemia -alegoría del mal totalitario-,
- al silencio cómplice de sus conciudadanos,
- al conformismo y
- a la angustia,
guiado por un sentimiento de intensa fe en la dignidad del ser humano.
Un héroe existencialista, impregnado de una convicción rebelde y positiva capaz de superar las trazas diferenciales de la ideología, las creencias, la política o el desencanto.
Un activista del humanismo que reflejaba la gallardía moral de su autor, por entonces vapuleado por la despectiva ironía sectaria de Sartre y sus colegas del mesianismo tardomarxista.
Un luchador agónico que levantaba una idealista barricada de libertad basada en la suprema confianza en el valor de la persona más allá de las dudas sobre el absurdo de la existencia.
Tantos años después, exactamente a medio siglo del accidente mortal que un 4 de enero de 1960 desparramó en la carretera el manuscrito de «El primer hombre», Albert Camus continúa siendo un referente gigantesco de la cultura contemporánea, por más que el recorrido de la posmodernidad haya orillado en ambigüedades relativistas su potente mensaje de honestidad intelectual, de rectitud y de coraje.
Un clásico peligroso, anota su gran biógrafo Oliver Todd.
Elegante, profundo, valiente, lapidario, sincero, trágico, desgarrado en la coherencia de sus dudas tormentosas, asomado con suicida lucidez al abismo de las preguntas sobre el sentido de la vida, Camus es aún el símbolo vigente de una actitud filosófica y moral indeclinable:
- La del hombre que compromete su conciencia, su pensamiento y su acción en el desafío de una búsqueda.

- Frente al propagandista doctrinal y el proselitista militante,
- Frente a los convencidos irrevocables y los predicadores dogmáticos,
su perfil de explorador crítico emerge con la integridad de todas sus contradicciones y la humildad del sabio consciente de no conocer todas las respuestas.
Fue un pensador inclasificable y una personalidad compleja, indefinible, poliédrica: comunista y anticomunista, político y antipolítico, argelino y francés, arrogante y dubitativo, solitario y seductor, individualista y solidario, generoso e introvertido, turbulento y sereno, moralista y escéptico.
La clase de tipo que siempre resulta incómodo en la sociedad de las etiquetas simples, de las categorías sinópticas, de los esquemas unívocos y de las certezas prefabricadas.
Quizá por eso tiene sentido recordar hoy su ejemplo luminoso, comprometido, incluso visionario; el convencido y radical humanismo al que se aferró siempre ante la inevitabilidad del desengaño, el sufrimiento y el vacío.
Su ausencia casi terminal en los huecos programas de nuestro insustancial marco educativo es quizá otra amarga, lejana metáfora del propio fracaso que se empeñó en combatir con la pasión arrebatada de un héroe mal comprendido.

Ignacio Camacho - "ABC" - Madrid - 4-Ene-2010

Albert Camus - wikipedia
Nació en Mondovi, 7 de noviembre de 1913 en una familia de colonos franceses (pieds-noirs) dedicados al cultivo del anacardo en el departamento de Constantina.
Fue un novelista, ensayista, dramaturgo y filósofo francés nacido en Argelia.
En su variada obra desarrolló un humanismo fundado en la conciencia del absurdo de la condición humana.

En 1957, a la edad de 44 años, se le concedió el Premio Nobel de Literatura por «el conjunto de una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy».
Su madre, Catalina Elena Sintes, nacida en Birkadem (Argelia), y de familia originaria de Menorca, era analfabeta y casi totalmente sorda.
Su padre, Lucien Camus trabajaba en una finca vitivinícola, cerca de Mondovi, para un comerciante de vinos de Argel, y era de origen alsaciano como otros muchos pieds-noirs que había huido tras la anexión de Alsacia por Alemania tras la Guerra Franco-Prusiana.
Movilizado durante la Primera Guerra Mundial, es herido en combate durante la Batalla del Marne y fallece en el hospital de Saint-Brieuc el 17 de octubre de 1914, hecho que propicia el traslado de la familia a Argel a casa de su abuela materna.
De su progenitor, Albert, sólo una fotografía y una significativa anécdota: su señalada repugnancia ante el espectáculo de una ejecución capital.
Ubicados en Argel, Camus realiza allí sus estudios, alentado por sus profesores, especialmente Louis Germain en la escuela primaria, a quien guardará total gratitud, hasta el punto de dedicarle su discurso del Premio Nobel; y también Jean Grenier, en el instituto, quien lo inició en la lectura de los filósofos, y especialmente le dio a conocer a Nietzsche.
Al margen de las corrientes filosóficas, Camus elaboró una reflexión sobre la condición humana. Rechazando la formula de un acto de fe en Dios, en la historia o en la razón, se opuso simultáneamente al cristianismo, al marxismo y al existencialismo.
No dejó de luchar contra todas las ideologías y las abstracciones que alejan al hombre de lo humano.
Lo definió como la Filosofía del absurdo, además de haber sido un convencido anarquista, dedicando parte importante de su libro "El hombre rebelde" a exponer, cuestionar y filosofar sobre sus convicciones, y demostrar lo destructivo de toda ideología que proponga una finalidad en la historia.
Camus murió el
4 de enero de 1960, en un accidente de coche cerca de Le Petit-Villeblevin.
Entre los papeles que se le encontraron había un manuscrito inconcluso, El primer hombre, de fuerte contenido autobiográfico y gran belleza.
Camus fue enterrado en Lourmarin, pueblo del sur de Francia donde había comprado una casa.