martes, 20 de octubre de 2009

La descomposición del castrismo

La parálisis política y los quebrantos económicos llevan al régimen cubano a una situación caótica de difícil solución.

Tras más de medio siglo de totalitarismo, Cuba no sólo está paralizada en su faz política, sino también en la económica. Tanto es así que no puede siquiera reunir el VI Congreso del Partido Comunista Cubano, que lleva nada menos que siete años de retraso en ser convocado.
Ese cónclave es el que, en teoría, debería definir un nuevo modelo de socialismo, pero, a raíz de los quebrantos, no puede deliberar sobre el tema.
Muchas de las autoridades cubanas fueron, en su momento, designadas por cinco años; sin embargo, llevan 12 en el poder. Desde julio de 2006, el jefe de gobierno es Raúl Castro. Pero, en los hechos, hay una suerte de gobierno bicéfalo, en el que su hermano Fidel Castro, a los 83 años, sigue aferrado a una importante cuota de poder, ejerciendo así un rol paralizante.

Parece evidente que mientras Fidel se lleva relativamente bien con Hugo Chávez, Raúl, en cambio, tiene recelos respecto del venezolano y trata de evitar depender de él.
Las relaciones de Cuba con el resto del mundo aportan poco para paliar la situación de la gente. Sin la ayuda venezolana, el colapso económico y social cubano ya se habría producido.

Los Estados Unidos han flexibilizado su posición y ahora esperan lo que su activa secretaria de Estado, Hillary Clinton, ha llamado "cambios fundamentales", como condición para profundizar el diálogo. Pero los cambios aún no se han producido.
En los últimos meses, la economía cubana ha tenido una crisis de proporciones. Y no necesariamente por razones externas.
Raúl Castro atribuye el estado crítico de cosas, en gran medida, a la poca disposición de trabajar y esforzarse de su pueblo. Señaló con amargura que "algunos no sienten la necesidad de trabajar".

No se animó a aceptar lo evidente: el desgano es consecuencia de la falta absoluta de incentivos.
Por esta razón, Raúl Castro acaba de anunciar importantes recortes en el gasto social, particularmente en las áreas de educación y salud.

Cuba importa el 80% de los alimentos que consumen sus más de 11 millones de habitantes. Una vez más, la falta de incentivos ha mantenido al sector rural en el más rotundo fracaso productivo.
Desde hace tres años, la insuficiente producción agrícola doméstica está en caída libre. Créase o no, el gobierno está entrenando bueyes, a falta de maquinaria agrícola moderna.

Sin estímulos, es muy difícil aumentar la productividad de la tierra. Hasta la tradicional producción de tabaco para puros está perdiendo terreno.
Por una parte, la crisis ha afectado el bolsillo de los fumadores; por la otra, el mundo empieza a comprender el daño que provoca el tabaco. Unas 200.000 familias cubanas que trabajan en el sector están preocupadas por su futuro.
De nada sirve la reciente autorización para que los cubanos puedan usar los mismos hoteles de los turistas o, teóricamente, comprar celulares y computadoras. No lo pueden hacer por sus magros ingresos.
Apenas pueden alimentarse: su cartilla de racionamiento no alcanza para todo el mes. A su vez, los precios del níquel que Cuba exporta han caído en forma significativa y el paso de tres devastadores huracanes ha dejado una huella dramática de desolación.
Cuba necesita poder salir de la miseria en la que la ha sumido el comunismo.
La realidad en que vive su gente es tan inocultable como el tremendo fracaso del régimen.
Editorial - "La Nación" - Buenos Aires - 20-Oct-2009

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