domingo, 25 de noviembre de 2012

Los próximos 50 años


Es verdad que no hay mal que cien años dure: algún día las economías hoy en recesión la superarán.

Pero la recuperación de los daños que esta crisis está originando exigirá una temporada larga.

- La elevada mortalidad empresarial,
- la ausencia de inversión,
- el prolongado desempleo de los jóvenes,
- la reducción de los presupuestos de educación o de fortalecimiento del capital tecnológico y
- el debilitamiento de las instituciones
- ya han erosionado el potencial de crecimiento
  de muchas economías.
- Cuanto más tarde en llegar la recuperación de
  la demanda,
- mayores serán las dificultades para asentar
  el crecimiento futuro.
En la medida en que son las economías avanzadas las más directamente afectadas por esta crisis,
- una de las consecuencias de la misma será
- el estrechamiento adicional de las diferencias
  en tamaño
- frente a las consideradas emergentes.
Al menos hasta el momento, estas últimas han sorteado mucho mejor las consecuencias de una de las pocas crisis financieras de la era post-Bretton Woods con el epicentro distante de la periferia.
Aun cuando
- el contagio real les haya impactado en sus
  exportaciones,
- la capacidad defensiva de las emergentes,
  por primera vez en esta nueva época,
- ha sido significativamente inferior.
En realidad,
- las condiciones financieras de la mayoría de ellas
  son claramente más favorables,
- más propiciadoras del crecimiento económico, que
- las vigentes en algunas economías de la eurozona.
Ello es de aplicación, por supuesto, a los flujos de inversión extranjera, los que buscan disponer de posiciones ventajosas ante esas mayores posibilidades de crecimiento.
El resultado será
- una aceleración de la convergencia en la generación
  de rentas.
Y es que además de esos menores daños en el crecimiento potencial,
- las economías pertenecientes al G-20 que no lo son
  de la OCDE
- seguirán beneficiándose de la difusión de unas
  tecnologías
- cuya permeabilidad geográfica a costes relativamente
  bajos
- está alterando a un ritmo elevado las ventajas
  competitivas de las naciones.
La dinámica demográfica favorecerá igualmente a aquellas economías hoy menos desarrolladas que
- disponen de un mayor grado de inserción en
  la economía global.
También lo harán
- la adopción de reformas y mejoras en las condiciones
  de oferta, así como
- en el funcionamiento de los mercados.
La OCDE ha hecho un ambicioso ejercicio de prospección basándose en
- un modelo que proyecta el crecimiento económico a
  lo largo de los próximos 50 años.
Un escenario en el que se asume que
- en las economías tienen lugar reformas estructurales
- y en el saneamiento de las finanzas públicas a
  diferentes ritmos.
La principal conclusión es que, como era lógico suponer,
- las economías no pertenecientes a la OCDE seguirán
  creciendo
- a un ritmo significativamente superior al de las
  avanzadas, aunque
- esa intensidad relativa también se irá suavizando
- a lo largo de las próximas décadas.
Que no vuelvan a existir crisis como la actual dependerá básicamente de
- la continuidad en la reducción de los desequilibrios
  globales,
- en especial de esas asimetrías tan pronunciadas en
- las posiciones de las balanzas por cuenta corriente
  como los que precedieron a esta crisis,
- o directamente alimentaron su emergencia.
Las previsiones de la OCDE
- no son precisamente optimistas a este respecto:
- hasta 2020 esos desequilibrios seguirán ampliándose.
- El ensanchamiento del superávit de China tendrá lugar
  a medida que
- la inversión de esa economía caiga más rápidamente
  que su tasa de ahorro,
- debido fundamentalmente al descenso en su
  crecimiento potencial.
También es fácil asumir que
- la conformación de los escenarios de crecimiento
- en este próximo medio siglo dependerá de
- los desarrollos en educación,
- los progresos tecnológicos y, no menos importante,
- el grado de participación de la fuerza de trabajo.
En cada país
- el ascenso del PIB por habitante dependerá,
  lógicamente de
- sus propias dotaciones,
- las políticas y
- la calidad de las instituciones.
Las diferencias entre países serán explicadas por
- las diferencias en los niveles de tecnología de partida
- y la correspondiente asimilación posterior,
- en la intensidad de otras formas de capital,
- con especial importancia del capital humano.
En conjunto, en el próximo medio siglo la economía mundial crecerá según la OCDE, a
- una tasa media del 3% anual,
- impulsada como ha ocurrido en las últimas dos décadas
- por mejoras en la productividad y
- en el fortalecimiento del capital humano.
Las economías avanzadas, que pesarán cada día menos en el conjunto global,
- lo harán al 2% hasta 2060, con algunas de ellas,
- las más tardías en recuperarse de la recesión,
- significativamente por debajo.
Las economías no pertenecientes a la OCDE
- crecerán desde esa tasa media del 7% de la pasada
  década
- a un entorno del 5% en 2020 y
- bajarán a la mitad en 2050.
China seguirá siendo la que registre la tasa más elevada de expansión —
- hasta convertirse en los próximos años en la primera
  economía del mundo—,
pero irá acusando los efectos del declive en la población en edad de trabajar, consecuentemente en la tasa de participación, y
- su ritmo de crecimiento económico será superado
- a partir de 2020 por los de India e Indonesia.
Esas diferencias apenas afectarán, sin embargo, a las posiciones que actualmente ocupan las naciones por renta por habitante, debido a la persistencia de diferencias en la disposición de habilidades del factor trabajo y en la generación de productividad.
Son conclusiones no muy distintas a las que aparecen en el libro Una nueva época, editado por Galaxia Gutenberg, como traducción del Global turning points, editado por Cambridge University Press, de los que somos autores Mauro Guillén y yo mismo.
Es probable, sin embargo, que
- la demografía,
- el grado de participación laboral de la población
  de mayor edad,
- amplíe las diferencias en ese indicador de bienestar
- en el seno de áreas como la eurozona, y
- las de algunas de estas economías con EE UU.
Desde España debemos tomar buena nota. Son, en efecto, consideraciones que,
- con bastante independencia de la fiabilidad de
  las previsiones concretas,
- deberían ser asumidas en sus componentes
  tendenciales más relevantes.
Desde luego las sugerencias de
- recomposición rápida e intensa de las dotaciones hoy
  erosionadas por
- la prolongación y severidad diferencial de la crisis
  en nuestra economía.
La particularización de esas previsiones en
- la economía española no es precisamente muy
  favorable:
- caerá por debajo del promedio de los años
  1995-2011 ,
- 2,9% de crecimiento y 1,9% en el del PIB per cápita,
- y por debajo de la media de las economías avanzadas.
- El crecimiento económico promedio en ese medio
  siglo próximo
- será del 1,7%, y algo menos,
- del 1,4%, la tasa más expresiva del crecimiento
  del bienestar, la renta por habitante,
- mientras que en el conjunto de la OCDE esos valores
- serán de 2% y 1,7%, respectivamente.
La sugerencia es clara:
- para superar esa previsión es de todo punto necesario
- fortalecer dotaciones de capital y habilidades de
  las personas.
Y, desde luego,
- poner a trabajar a un mayor contingente de
  población, especialmente de jóvenes.
Pero todo ello quedará hipotecado mientras
- las políticas económicas en la eurozona mantengan
  como prioritarios otros objetivos:
- mientras dominen ambiciosas pretensiones de
  saneamiento fiscal,
- incumplibles en un entorno recesivo,
- tampoco favorecedoras de la reducción de las
  tensiones en los mercados de deuda soberana.
Los todavía insoportables
- tipos de interés a que se sigue financiado el Tesoro
  español,
- la elevada participación de ese concepto en el gasto
  público total,
- constituyen la principal denuncia al respecto.
Emilio Ontiveros - El País - Madrid - 25-Nov-2012

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