viernes, 14 de noviembre de 2008

Posfeminismo

Estoy en plena campaña de acuñación del término: Posfeminismo.
Es la forma de pensar de algunas mujeres que, como yo, creyeron y protagonizaronel feminismo y ahora se atreven a analizar los errores de aquella revolución.
No porque fuese inadecuado conquistar la igualdad de derechos,sino porque para hacerlo, y visto que estábamos más solas que la una,tuvimos que censurar la importancia de la vida conyugal y familiar.
Todas las revoluciones tienen su lado oscuro. El lado de la guillotina y del gulag, el lado de la exageración y la mentira.
En el caso de la reivindicación de la vida pública, laboral eintelectual de la mujer se sacrificó la estabilidad doméstica.
Pensemos en nuestras ministras, que andan poco más allá de mis 40 años de edad. Este Gobierno tiene 8 mujeres, la mitad separadas o solteras, ¿sabencuántos hijos acumulan entre las ocho? 4. Cuatro criaturas.
Las ministras españolas representan a una generación donde, para llegar alto en el trabajo, había que apuntar bajo en lo privado.
Ahora que muchas mujeres, mitad en serio no tan en broma, exclaman « ¿Liberación, qué liberación?», y se quejan de exceso de trabajo, en casa y fuera.
Ha llegado el momento de echar cuentas con una sociedad nueva donde
- la inestabilidad familiar está a la orden del día,
- los niños crecen frecuentemente sin padre o madre y
- la depresión, la agresividad y la falta de paz empiezan a resultar llamativos.

¿Qué hemos hecho mal?
Pues seguramente y es un meaculpa que tienen que entonar tanto hombres como mujeres. Menospreciar el trabajo que nuestras madres y abuelas desempeñaron en el gobierno de los hogares y en la crianza y educación de los hijos.
Hemos cometido el imperdonable pecado de pensar que llevar una casa y formar a los hijos es fácil, tan fácil y prescindible que cualquier guardería podía sustituir a la madre en su trabajo. Y ellas, madres y abuelas, despreciadas y acomplejadas, formaron una generación de mujeres, nosotras, convencidas de que para «realizarse» había que desarrollar una ambiciosa carrera profesional.
Eso es todo lo que ha ocurrido. Ahora, una vez «realizadas», constatamos que
- las casas desiertas,
- los niños con llave en el bolsillo,
- las parejas divorciadas
por culpa delargas discusiones a la vuelta de jornadas laborales interminables,constituyen un precio demasiado alto.
Que todos, hombres y mujeres, hemos cambiado tranquilidad y estabilidad por éxito... y que tal vez no merecía pena.
Me pregunto si estamos a tiempo de corregir algo. No de volver a lo de la pata quebrada, que no tiene sentido, pero sí de regresar todos a la construcción de hogares sólidos y amables, donde
- padres y madres se ocupende los hijos de forma continuada,
- sea posible hacer el amor más amenudo y
- el trabajo «de fuera» vuelva a ser exclusivamente lo que debe ser: una forma honrada de mantener a la familia.
Cristina López Schlichting - http://www.larazon.es/ - 6-Oct-2005

No hay comentarios: