martes, 16 de septiembre de 2008

Autoritarismos y populismos

La historia no llegó a su fin tras la caída del muro de Berlín. La tesis de Fukuyama ha sido un estrepitoso error, como también lo ha sido en menor medida el choque de civilizaciones de Huntington. Ni la una ni la otra.
El mundo y la diplomacia vuelven de nuevo al realismo, del que probablemente nunca han salido del todo.


Solo los necios se dejan engañar. Los falsos sueños se han evaporado. Se libran en el escenario internacional dos grandes batallas,
- una real y
- otra entre mediática y coreográfica.
No, contrariamente a lo que tanto se resalta en las últimas semanas, no hay ni puede haber una vuelta a la guerra fría.
- Ni las condiciones,
- ni los momentos,
- ni tampoco las circunstancias
son siquiera próximas.
La gran amenaza son
- los autoritarismos,
- los despotismos,
- los sistemas dictatoriales-feudales
que todavía campan entre histriónicos personajes de toda índole y todo escrúpulo amoral. Y quizás es Europa la que más siente esa amenaza.
Pero no, Rusia no es hoy aquella amenaza. Lo saben realmente quienes quieren saberlo y especulan el resto. Todo forma parte de esa coreografía necesaria por parte de unos líderes que pretenden trazar de nuevo sus sueños seudoimperiales y revisar el mundo postsoviético tras el derrumbe de un sistema tan nefasto como inhumano.
El circo mediático orquestado a raíz de la agresión a Georgia ha dejado a las claras
- la desunión,
- la ceguera y
- la falta de liderazgo
de la Unión Europea.
Rusia grita, necesita hacerlo, necesita mostrar a los suyos que vuelven por derroteros que nunca llegarán. Es la estrategia del distraimiento interno, de una sociedad que no cree en sus posibilidades y donde la democracia es vulnerada y vituperada.
Estados Unidos sabe que su amenaza
- no es Moscú sino que todavía está en Oriente Medio y
- que luego vendrá por Asia, sobre todo China, no solo en lo económico, también en lo militar y tecnológico.
- La India espera también su momento.
La retórica entre belicista y alarmista, imprudente en todo caso, a que estamos asistiendo por parte de los dos candidatos presidenciales y sus números dos, no es más que eso, demagogia.
Rusia sabe hasta dónde puede llegar,
- trata de controlar sus intereses estratégicos y
- aplastar la vitalidad de países antaño bajo su bota,
- pero medirá el ir más allá, entre otras cosas porque el bienestar y el nivel de vida de los propios rusos es muy deficitario.
Y en medio de este fragor disoluto y espasmódico irrumpe el dictador venezolano. Los rusos se prestan rápido al juego y preparan para el espectáculo dos cazabombarderos nucleares que aterrizan con luz y taquígrafos en el Caribe venezolano.
Un juego que ya hicieron en Cuba hace decenios y ahora vuelven a repetir en un cálculo medido y desairado.
Estados Unidos aguanta y por el momento no mueve ficha. Es el envés de Osetia y Abjasia, el patio trasero que ahora se exterioriza en América Latina, tan lejana de los ecos de Monroe y su doctrina como próxima al estallido social.
Las venas desangradas de América no son más que el autoritarismo. Baste una objetiva mirada para ver la situación de
- Cuba,
- Nicaragua,
- Venezuela,
- Bolivia,
- Ecuador y a mucha distancia en lo social y político
- una Argentina que sigue padeciendo los males de una calamitosa clase política, y que coquetea con devaneos populistas.
El populismo es hoy
- una nueva forma de autoritarismo
- disfrazada de una falsa progresía de izquierdas
- que nada aporta ni soluciona a la ciudadanía, al contrario,
- estimula las tensiones sociales y
- ahonda las gravísimas diferencias entre unos y otros.

Abel B. Veiga Copo - "La Voz de Galicia" - Santiago de Compostela - 16-Sep-2008

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