lunes, 15 de septiembre de 2008

La Maldición del petróleo

Urge acabar con la dependencia del petróleo. Pero urge, sobre todo, por el bien, la seguridad y la salud de los países productores.
Porque no hay mayor maldición en nuestros días que la abundancia de crudo en suelo propio. Irak, Irán, Arabia Saudí y Venezuela son elocuentes ejemplos.

El dinero fácil del petróleo impide que estos países acometan las reformas económicas, sociales y políticas que necesitan para su futura supervivencia. Los funestos chorros de hidrocarburos
- alientan el pensamiento mágico,
- estimulan las más irracionales mitologías políticas,
- sostienen en el poder a impresentables populistas,
- tienden a confundir el arte de la economía con una tómbola de barrio
y,
- por si tenían poco con lo de casa, actúan como un imán para la codicia ajena.
Los galeones cargados de oro que desembarcaron su fortuna fácil en la España de los siglos XVI y XVII fueron una maldición para nuestro país, que se dio a un providencialismo mágico y se embarcó en proyectos tan grandiosos como descabellados, en vez de aprender las virtudes del trabajo, de la empresa y del prosaico capitalismo, como hacían nuestros vecinos.
Aunque peor es el oro negro de nuestros días, que carece de la mística de El Dorado. Es maldición en estado puro.
Y si a la condena del crudo le añadimos la circunstancia de contar con un imponente vecino a quien endilgarle todas las responsabilidades de nuestros males, el infortunio es completo. Es el caso de Venezuela, donde Chávez despilfarra los chorros de dinero fácil en peleas de gallos, amistades con dictadores y líderes carismáticos que le salen por un ojo de la cara, en aventuras sin pies ni cabeza y en arbitristas programas sociales más inspirados en el reparto de la pobreza que en la distribución de la riqueza. Sin el funesto petróleo, Chávez no habría pasado de ser un leve accidente de la historia.
Pero la maldición de Venezuela es que cada día le toca el gordo de la lotería y cada día se las ingenia para despilfarrar su fortuna.
La maldición del petróleo hunde a Venezuela, Irán y Arabia Saudí en políticas reaccionarias, arbitristas, escleróticas y refractarias a la más humilde reforma.

ALBERTO SOTILLO - "ABC" - Madrid - 15-9-2008

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